Aprendizaje Invisible

Aprendizaje invisible

Cristóbal Cobo y John Moravec acaban de escribir un libro titulado Aprendizaje Invisible que contiene una propuesta interesante que es producto de un diálogo previo entre varias personas y que se plantea como una conversación a seguir: http://www.aprendizajeinvisible.com. En esta primera parte hago una síntesis comentada de la propuesta en general, explicada en los primeros capítulos del libro.

Empiezan por mostrar la necesidad de una mejora en la educación “que resulte a su vez inclusiva”, y este es un asunto determinante no sólo a lo largo de la obra, sino como condición para la calidad educativa. Es interesante ver como desde dentro de las instituciones universitarias vamos constatando que con las tecnologías actuales es posible imaginar otra universidad (probablemente otra educación) que combine los procesos de formación de un profesionista con los aprendizajes derivados de otro montón de experiencias. Todo esto, en un contexto de comunicación abierto, horizontal y deseablemente gratuito, y con formas de certificación novedosas. Por esto, se proponen explorar algunos ciclos de transformación relevantes en la ecología educativa.

El aprendizaje invisible lo definen como una propuesta conceptual que surge del análisis de los procesos de aprendizaje experimentados en los usos de las TIC, las transformaciones de los diversos tipos de educación y lo que ellos llaman metaespacios intermedios. El aprendizaje invisible es, pues, un arquetipo conceptual sociotécnico que da cuenta de que hay un continuum en lo que se aprende a lo largo de la vida y en las diversas esferas geográficas y de la experiencia; en donde es preciso combinar estas formas de aprender en un contexto de horizontalidad que promocione la autogestión del aprendiz. Las competencias requeridas se centran en la capacidad de creación, invención e innovación para “habitar el mundo”.

El aprendizaje invisible es ese que no observamos, ese que se aprende por estar en una situación determinada, es un aprendizaje exigido por la situación o encontrado por exploración, que se aprende por estar haciendo; en ambos casos es un aprendizaje que podríamos llamar, “enactuado” (Francisco Varela); es decir, ese aprendizaje “que es persona… complejo… de exportar, sistematizar … verbalizar”; así pues, no se trata de una teoría novedosa, sino un intento por comprender el mundo que vivimos y la educación propicia para mejor estado.

Explican los cinco ejes básicos para entender los principios del aprendizaje invisible. El primero es que “las competencias no evidentes resultan invisibles en los entornos formales”, donde el riesgo es no poder observar, y por lo tanto ignorar, las competencias que una persona adquiere “en los contextos digitales”, dicen los autores; me parece que esto sucede con todas las competencias adquiridas en contextos fuera de los sistemas formales de educación; sin embargo, estoy de acuerdo en que el trabajo en los contextos digitales requieren de un conjunto de competencias necesarias para la vida en un mundo saturado de medios. El segundo eje es que “las TIC se hacen invisibles”, es decir, que una persona que desde su nacimiento se encuentra rodeado de medios digitales, las asume como parte de su entorno natural. Lo que me parece más interesante de este eje es que la mayoría de los que estamos laborando en instituciones educativas no tuvimos esa experiencia, por lo que es preciso imaginar el paso de un mundo a otro sin querer imponer la mirada del pasado, pero al mismo tiempo aprender a considerar la necesidad de valorar la historia para proyectar el futuro. La propuesta de los autores consiste en “invisibilizar” las TIC, nada fácil en tanto que a esta, nuestra, generación, nos será imposible hacerlas invisibles en tanto que arribaron al mundo después que nosotros (en mi caso, utilicé la primera calculadora, en lugar de la regla de cálculo, el segundo año de mis estudios de ingeniería; desde entonces mi vida ha sido, entre otras cosas, con TIC).

El tercer eje tiene que ver con que “las competencias adquiridas en entornos informales son invisibles”. Se trata de imaginar formas y procesos para reconocer aquellas competencias que adquiridas de manera informal pueden incorporarse a los procesos formales como un valor para la transferencia de conocimiento; de la misma manera, imaginar cómo proponer situaciones informales o generar conexiones con ellas para el aprendizaje de esas competencias. Por otra parte, el cuarto eje consiste en que “las competencias digitales resultan invisibles”, simplemente porque ocurre cuando “estamos haciendo otras cosas”. Una posible salida a este asunto es la propuesta hecha ya por muchos otros de ayudar al alumno a crear su propio Ambiente Personal de Aprendizaje, de manera que él mismo vaya haciendo las conexiones con los procesos informales de aprendizaje. El quinto eje da cuenta de que “hay ciertas prácticas empleadas en la escuela/universidad que podrían invisibilizarse”. En concreto se refieren a ese conjunto de prácticas que no llevan a la construcción de un saber relevante para la vida del alumno y, por lo tanto, no son significativos; es decir, a aquellas prácticas que no proponen una mirada particular del mundo y una construcción del futuro del mismo.

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