Un futuro antiguo

La experiencia educativa en un campus presencial tiene dos componentes: la pedagógica y la relacional, dice Taylor Walsh en su reciente libro “Unlocking the Gates: How and Why Leading Universities are Opening Up Access to their Courses” (ver http://www.ithaka.org/ithaka-s-r/research/unlockingthegates/UNLOCKING%20the%20GATES%20-%20text-only.pdf para una versión “sólo texto” gratuita (la lectura es una recomendación de los organizadores de la semana 20 de #Change11: Rich DeMillo, Preetha Ram, Mike McCracken, Hua Ai y Ashwin Ram; miembros de Georgia Tech’s Center for 21st Century Universities (c21u.gatech.edu), Xerox PARC, and OpenStudy. La versión impresa es publicada por la universidad e Princeton. La experiencia relacional da cuenta de como la universidad no sólo se define por sus procesos de formación; sino, también por el conjunto de experiencias en el campus que colaboran en la creación de conocimiento, conocimiento de sí mismo, creación de grupos y comunidades y construcción de una idea de sociedad. Este aspecto de la experiencia educativa no lo toca en su libro. La unidad básica de la experiencia pedagógica es el curso, donde el alumno tiene contacto con actividades de aprendizaje, alguien que sabe, compañeros aprendiendo, infraestructura y trabajo individual y cooperativo.

Welsh estudia cuatro casos de universidades que han decidido abrir sus contenidos. Se encuentra con que el deseo de las universidades de por compartir sus contenidos, tradicionalmente reservados a un número limitado de estudiantes, representa una elogiable contribución a la sociedad. A través de los proyectos de cursos en línea, algunas de las más reconocida universidades han expuesto su capital intelectual de manera sin precedentes, entre ellos está el proyecto del MIT al poner los contenidos de todos sus cursos en línea para su libre acceso. Esta oferta sólo incluye una parte de la experiencia pedagógica, no incluye el conjunto de interacciones con otros que implica un proceso formativo en el campus y, claro, tampoco incluye la obtención del grado. Para Welsh:

… estas instituciones han colocado de manera cuidadosa un balance entre el altruismo y los intereses propios y, en algunas ocasiones, según podemos ver, han ganado otros beneficios relacionados con operaciones básicas, aunque no sustantivas al proceso educativo, durante la experiencia; por ejemplo, la creación de otra manera de posicionarse.

Lo que observamos en estos movimientos, son pasos cuidadosos para, al abrir el camino con tiento al mundo virtual, in imaginando la universidad del futuro. Un futuro que aún no podemos definir, pero que sabemos que implica un modelo diferente a como tradicionalmente se han pensado a sí mismas las universidades; probablemente, un modelo en donde la experiencia pedagógica y la relacional se entrecruzan de maneras apenas imaginadas en el campus, que reúnen a otros actores y construyen otros valores.

Los móviles de estos cuidadosos proyectos tienen que ver, probablemente, con dos aspectos que definen una gran cantidad de decisiones y actuaciones de las instituciones educativas. por un lado su misión educativa, donde se establece el sentido de la entidad en función de la consolidación, creación o invención de formas de vivir y convivir; por el otro lado, las condiciones de sustentabilidad de la institución, necesaria para llevar a cabo la propuesta formativa. Así pues, en estas incursiones al mundo de la virtualidad, que en el ámbito de la educación va empujando hacia la apertura (software, contenidos, grupos, medios), la certificación profesional del saber considerará otras dimensiones más allá de la determinación de una institución educativa.

En este escenario me parece adecuado que las universidades inicien por participar de manera abierta sus saberes y reflexiones sobre las propuestas educativas que ayudan a construir un mundo específico (y en lo personal me anoto en la propuesta Zapatista por la construcción de un mundo donde quepan otros mundos); es decir, me parece que el escenario de la Globalización nos mueve a una especie de desinstitucionalización en favor de la invención de nuevas y mejores formas de convivencia, que no es otra cosa que el sentido más antiguo de la universidad.

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