¿Cuantas identidades en la red?

Bonnie Stewart ha dedicado algunos años al estudio de la identidad digital, a la que comprende como el sí mismo que se constituye en un “ir siendo” por las posibilidades (affordances) – estructuras y normas específicas- de los medios sociales y por lo que Danah Boyd llama “enredamiento público” (networked public). En sus estudios encuentra seis modos identitarios que se producen en la red: seis seres o “sí mismos” que actúan de manera simultánea en la red, una vez que somos habitantes de la misma.

El ser performativo. El ser enredado está vinculado en un conjunto de relaciones individuales uno-a-uno múltiples y complejas con otros en un siempre cambiante estar en lo público. Es performativo en tanto que se constituye a sí mismo dentro de lo público a través de sus prácticas y gestos.

el ser performativo experimenta tanto la reducción de jerarquías en el espacio y el estatus (el acceso) y lo que la teoría de redes enuncia como que los nodos mayores atraen más la atención y el vínculo.

El ser performativo en redes públicas tiende a ser consciente de su multiplicidad y de su naturaleza performativa.

El ser articulado o cuantificado. En las redes sociales, nuestros contactos son visibles y articulados, y nuestras acciones y contribuciones son cuantificadas. Esto hace del acto de “seguir” a otra persona algo público y perfomativo; así como una marca en los parámetros personales. el estado y la escala son dos variables comúnmente mensurables.

El ser participativo. No es sólo el móvil y conectado que nunca está fuera de las comunicaciones de la red, sino el que es capaz de engancharse y cotribuir en un click a la presentación de sí mismo frente a otros. Esto sucede, en parte, debido a la naturaleza de productor-consumidor “prosumer” del enredamiento público.

El ser asíncrono. puesto de manera simple, se trata de aquel que sabe cuando no quiere estar conectado, el que no soporta que le hablen por teléfono… i no está solo. Las prácticas digitales de la socialidad y el enredamiento público se mueve de manera incremental hacia una comunicación mediada de manera asincrónica, más que la irruptiva.

El ser polisocial o el de la realidad aumentada. De manera contraria a la identidad académica de los noventa, que tendía a enfatizar la fluidez de la identidad desacoplada del género y del cuerpo sinificado -recordemos aquella ya clásica caricatura que decía “en Internet, nadie sabe que soy un perro”- el concepto de enredamiento público ha llevado a un nivel de enorme confusión la noción de realidad. El trabajo de Stewart enmarca la identidad digital no como un sí mismo virtual, sino como un sujeto particular traído a ser por sus interacciones móviles en un mundo de bits y extendido dentro del mundo de los átomos. Mis redes y relaciones -mis identidades- existen dentro de realidades inmersas y multidimensionales de las interacciones humanas contemporáneas.

El ser neoliberal o “branded”. Las plataformas de redes sociales están incrementando los espacios neoliberales en los que somos exhortados a monetizar y “encontrar nuestro nicho”. Stewart argumenta que en estos espacios no importa la manera en que elegimos ejecutar (performativo) nuestra identidad, terminaremos siendo marca nosotros mismos.

Shelly Budgeon inicia su provocador texto titulado “Identidad como un evento incorporado” con el relato de Emilia: “…Quisiera tener tres cuerpos intercambiables…” para hablar de la compleja relación entre el cuerpo y la identidad. El punto de partida de su estudio consiste en la argumentación de Guiddens sobre la relación entre el cuerpo y el sí mismo: el cuerpo como intrínseco al proyecto reflexivo de la identidad del sí mismo. La autora propone que el cuerpo no es simplemente ni un fundamento natural de la identidad, ni una superficie plana en la que se inscriben los sistemas de significación; sino que sujeto y objeto, como tales son irreductibles; así pues, el cuerpo no es visto como objeto, sino como evento.

El cuerpo en el mundo digital parece desvanecerse en un flujo de energía; lo que hace más fácil comprender la identidad como un evento incorporado, un acontecimiento que sucede en un tiempo transcurriendo y que construye relaciones entre el sujeto siendo y todo lo otro más que rodea y conecta lo sucedido. En buena medida, las identidades digitales se van construyendo en relación con motores y cuantificaciones que como bien dice Stewart, contienen una fuerza neoliberal que nos llevan a terminar siendo marca, algo con lo que en la conversación que varios sostuvimos, estuvimos no en desacuerdo sino en desagusto; sin saber aún cómo hacerle para evitarlo.

Murmullos en la red

Durante las últimas semanas me he topado con la pregunta acerca de la conveniencia de crear un blog propio y el sentido de hacerlo. Las conversaciones y discusiones al respecto me recuerdan aquel anciano que quería cruzar la Avenida Tlalpan en la Ciudad de México, cosa prácticamente imposible. Cuando un reportero le pregunta que por qué no utiliza el puente peatonal, el anciano responde “cada quien su idea de cada quien”. Lo mismo aplica con respecto del blog en tanto que es personal.

Si una persona escribe o encuentra gozo al escribir o descubre cosas al hacerlo o es una necesidad, entonces sí, que abra su blog y que escriba. Para mí, escribir es un camino para comenzar a comprender las cosas; también esquematizar, dibujar o diagramar. No importa si no lo hago bien, es un ejercicio necesario para comprender. Escribir en el blog le añade la posibilidad de contactar con otro interesado en lo mismo y con quien puedo conversar y construir esa u otra comprensión de la cosa objeto de la escritura; en este sentido, escribir en el blog es una manera de pedir ayuda sobre lo que en este momento intento comprender. En este caso, por ejemplo, es si el blog de verdad tiene sentido para todos o no.

En mis clases, aquellas que son a distancia, les pido a los alumnos que creen su blog. Al hacerlo me parece que (lo afirmo con prudencia en tanto que no lo he conversado con ellos) se instalan durante el curso varias conversaciones; la de los blog son las conversaciones que organizan los propios alumnos según sus intereses. Yo tengo la mía propia en mi blog (y no tiene que ver con el curso), y otra más en la página del curso (en el foro instalado para eso). Pero también están las otras conversaciones dentro de los foros que se van creando ya sea en la página del curso, ya en alguna red social; donde Twitter es la reina para estas cosas, según mi parecer.

Las conversaciones en los blog, aunque muchos de ellos nacen de la propuesta de un curso, modifican, casi de inmediato su relación con ese origen y crean su propia conversación/entorno. Así, cada blog va generando un murmullo más en la red, si aguzamos el oído podríamos escuchar parte de ese murmullo en su codificación en el teclado; la otra parte del murmullo no se oye, está inscrito, de manera codificada, en la red, permanece y se acumula a un intento humano por comprender las cosas en las que andamos; cada vez más complejas, cada vez más difíciles de entender.

Martin Wheeler escribe en “Blogging with Freire” una interesante reflexión sobre el modo en que el cree que Freire hablaría de los murmullos en el mundo de los blog. La traducción se puede extender a toda conversación en la red.