Seguimos de viaje

El proyecto “La segunda edad contemporánea” editó hace unos tres años el texto La sociedad de la ignorancia, escrito por Antoni Brey, Daniel Innerarity y Gonçal Mayos; un documento interesante, provocador y bien escrito donde se cuestiona si la red Internet nos lleva realmente a la sociedad del conocimiento o, como  ellos propone, a la sociedad de la ignorancia. le agradezco a Diego Leal compartirlo a través de #ExploARTIC.

En la introducción, Eudald Carbonell nos explica que se trata de discutir sobre la complejidad que implica el advenimiento de la red de redes; una complejidad que “no se puede gestionar” sino “… trabajar para poder manejar la incertidumbre planteando escenarios hipotéticos y aplicando modelos que, en cualquier caso, deberán contrastarse empíricamente”.

En la primera parte del texto, la escrita por Brey y titulada La sociedad de la ignorancia” se asume que vivimos una sociedad solipsista en donde la “elección de los jóvenes no es más que el reflejo de las prioridades de la sociedad”, una primera afirmación que cuestiono dados los movimientos recientes, como el #yosoy132 mexicano. Es cierto, se podría decir que los movimientos, al menos esa es nuestra experiencia, son efímeros y pasionales; sin embargo, eso sólo muestra lo reciente de dichos movimientos; que poco a poco tomarán forma, cauce y sedimento en propuestas más organizadas. Lo cierto es que nacen confrontando las convenciones establecidas. No sé si esto sea suficiente para hablar de manera diferente acerca de las elecciones de los jóvenes; lo cierto es que el planteamiento del texto sigue siendo provocador e interesante; sobre todo cuando, independientemente de lo dicho, la “Sociedad del Conocimiento, dice, no es más que una nueva etapa de un sistema capitalista de libre mercado que aspira a poder seguir creciendo gracias a la incorporación del cuarto factor de producción, el conocimiento…” Esto lo constatamos en la insistencia para que cada uno de nosotros esté presente en la red (y todas las nuevas plataformas para analizar la “posición de influencia” que se tiene en la red) y la justificación al aprendizaje a lo largo de la vida en función del aspecto laboral como el único que organiza la vida. Por esto Brey propone hablar de la “Sociedad de los Saberes Productivos”.

La red Internet, en su dinámica exponencial de acceso al conocimiento produce lo que se ha denominado “infoxicación” que se traduce, dice Brey, en “una dificultad creciente para discriminar lo importante de lo superfluo…” que nos puede llevar a a una renuncia al conocimiento.. una creciente ignorancia pues. En cuanto a sus características de “comunicación permanente en red… un excelente potenciador de todo tipo de actividades relacionales”,  va creando un entorno artificial en el que, como dice Zizek, los contenidos comunicados confunden la participación con lo prosaico. Así pues, la experiencia en la red se vuelve cada vez más atractiva y dedicamos más tiempo a ella.

Estos dos elementos, dice Brey, la acumulación exponencial de información y las propiedades específicas relacionales de acceso a la información va alentando la creación de campos de saber particulares y desconectados cuyas referencias convencionales crean sociedades cerradas con verdades acotadas con pretensión de universalidad.

Las ideas presentadas en el texto de Brey nos invitan a pensar en las maneras más adecuadas para habitar la red, para que la velocidad que la misma le imprime a las cosas que suceden no nos lleve irremediablemente por el camino diseñado por el azar de la información. Creo, pero a la vez me pregunto, que el Entorno Personal de Aprendizaje es el artefacto que nos permite darle un ritmo a nuestro modo de habitar la red, distinguiendo las conexiones que nos interesan y permitiéndonos administrar la información que recibimos en función de un propósito específico al que estamos dispuestos a dedicarle tiempo y reflexión. Me pregunto cuáles otros artefactos y estrategias ayudan a hacer de esta “habitación” una verdadera sociedad del conocimiento y no un elogio de la ignorancia.

La época red

Hace unos meses iniciamos un curso taller que llamamos enREDarse para aprender. La propuesta es el producto de un buen tiempo de estudio y reflexión sobre Internet, el futuro de la educación universitaria y otros temas. En este curso les pedimos a los profesores participantes que aplicaran una encuesta a sus alumnos para imaginar, desde la respuesta de ellos, las posibilidades de trabajar con ellos a través de la red.

Un profesor, al ver los resultados creó la imagen de la red como “la más sabia y la más soez”; otra maestra decía que se alegraba de ver que tenían búsquedas similares; otra de ellas se sentía compelida a entrar a la ciudad-red. Entre los datos que arrojó la encuesta hay dos que me parecen determinantes: el primero es que prácticamente todos los alumnos que respondieron dicen aprender cosas que valen la pena en internet, sea de manera formal o informal, el segundo afirma que Google es la puerta de entrada a la ciudad red, que por cierto, parece ciudad amurallada pero se anuncia de acceso libre. A mí me pareció una invitación de los alumnos para habitar la red; es decir, una invitación para conocer los artefactos de la red y emplearlos de manera cotidiana para intentar comprender el modo en que cambian las cosas en las conexiones que hacen posible la red de redes. Este video de Ana Tiyoux es un ejemplo de las narrativas que se experimentan con los medios de la red y otros artefactos digitales de producción audiovisual.

En el 2005, Mark Federman, investigador de la Instituto Ontario para Estudios de Educación de la Universidad de Toronto, escribió un interesante artículo donde ve una época en la tradición oral del poeta cantante y otra en la de la alfabetización y su consecuente práctica de la lectura.

La alfabetización separó a quién conocía (el conocedor) de aquello que iba a ser conocido, introdujo una representación intermedia en forma de palabras y un autor que afirmaba su autoridad con respecto a esa representación, entre el conocedor y lo conocido.

Federman recuerda que otros que lo han estudiado, dicen que el cambio de época se lleva unos 300 años, y pone en el telégrafo de Morse la marca de inicio temporal de una nueva época relacionada con la electricidad; época que deja atrás la alfabetización (la obsolescencia de la alfabetización, le llama), la Galaxia Gutemberg dice McLuhan.

Como ejemplo que describe en qué consiste este cambio, Federman menciona a alguien que va a comprar una lavadora de Sears.com (el mismo ejemplo lo viví respecto de la compra de un carro Stepway de la Renault y mis consultas a los comentarios de argentinos que habían comprado uno). Ahora, en la red, buscamos qué dice la gente sobre el producto que vamos a comprar; y lo que dice esa gente, a la que no conocemos, es más confiable que la información que nos proporciona el productor o el comercializador, en caso de que sean diferentes. Con este ejemplo asegura que “la autoridad del autor experto está disminuyendo junto con el valor de ese conocimiento de esa autoridad y sus intermediarios; es “la sabiduría de las multitudes” de James Surowiecki.

Decía que en la encuesta, los alumnos nos hacían ver que la puerta de entrada a al red es el buscador de Google, que hace 17 años no era otra cosa que un proyecto de  investigación en Stanford. Google, con sus más de 500 criterios de búsqueda asociados a su algoritmos sugiere que “el significado y el valor surgen de los comportamientos y las reacciones colectivas de una cultura a las cosas que los individuos hallan significativas, útiles y dignas de confianza a medida que cada miembro de esa cultura aplica su propio juicio”.

En su artículo, cita a Allen Foster quien desarrolló un modelo emergente de búsqueda interdisciplinaria de información, tarea “concurrente, continua, acumulativa y cíclica” que surgen de tres marcos conceptuales: 1) apertura (amplitud del campo: palabras clave, encadenamiento de ideas que llevan a lo desconocido), 2) orientación (definición y límites del problema), y 3) consolidación (asimilación e integración de información).

Se trata pues, de modelos no lineales de adquisición de información y de construcción de conjeturas en contextos multidimensionales y polisémicos que hacen determinante que el investigador se ubique “dentro del contexto y como contexto de la investigación”; asumiendo que hay ya una conectividad ubicua (todos, instantáneamente y en múltiples los sentidos); así como una proximidad omnipresente (sentirse inmediatamente próximo a otros y a la información).

En este mundo, donde los alumnos aprenden cosas que valen la pena, sean formales o informales, y donde la puerta de entrada en Google, “es un mundo de relaciones y conexiones.. de procesos enredados y complejos… en el que la mayor habilidad consiste en crear sentido y descubrir significado emergente entre contextos que están continuamente en procesos de cambio”. Y sigue Federman “es un mundo en el que la verdad, y por lo tanto la autoridad, nunca es estática, nunca absoluta, y no siempre es verdadera”. Este es el mundo al que los alumnos nos invitan a habitar.