Pensar en red II

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En la publicación pasada quedamos en que una de las dimensiones del pensar en red consistía en dejarse interpelar. Siguiendo el análisis de la experiencia personal, me doy cuenta de la cantidad de veces en que frente a un asunto específico, ya sea porque tenemos que tomar una decisión o queremos comprender algo, nos movemos hacia otras personas o fuentes de información que nos ayuden a ampliar nuestro horizonte desde el cual vemos y pensamos ese algo específico.

Esta búsqueda intencionada es otra de las dimensiones del pensar en red, y es en esta dimensión en la que el tamaño y calidad de la red con la que contamos se correlaciona con la calidad del saber del que somos capaces. Hay cosas que no sabemos porque nuestras conexiones no tienen acceso a ese saber. Así pues, pensar en red de manera intencionada consiste en la construcción permanente del sujeto en red. Ello implica el cultivo de un conjunto de saberes relacionados con la construcción del sentido al navegar entre la abundancia a una velocidad que impide percibir lo que sucede. Por eso, con la red y en red, pensar y aprender es un entramado de posibilidades que recorremos según nuestros gustos, pasiones o necesidades; la vida, y no la escuela, es el escenario del aprendizaje. El mundo en la red y no nuestra solitaria oficina, el entorno para pensar.

Pensar en red

El día de ayer, a través de la página de ExplorArTIC, Edgar Altamirano preguntaba ¿Qué es pensar en red? Pregunta que me parece ha estado rondándonos a varios durante nuestra participación y conversación en el segundo bloque de estudio, correspondiente al conectivismo.

Esto me lo he preguntado con frecuencia y no acabo de tener una respuesta que me parezca completa; sin embargo, la pregunta me parece clave y veo que un recorrido inicial  a lo largo de mi experiencia personal me da una primera clave, y un camino por andar.  En ese recorrido me encuentro con una gran cantidad de conversaciones en las que tengo un asunto o tema que no acaba de redondearse. Es entonces cuando una conversación en la que me topo con alguien que me devuelve lo que estoy pensando, y me doy cuenta de que esa devolución ya contienen otra carga diferente a la que tenía cuando yo lo exponía. Es, me parece, la carga de la historia personal de cada quien pero especificada en un momento preciso de nuestras historias. Esta devolución me mueve hacia otras formulaciones y hace posible un primer redondeo de la idea; mismo que después se vuelve a descuadrar, porque es la historia misma de las ideas. Algo similar me han platicado que les sucede a otras personas. Yo asumo que es una forma común de pensar con otros, es decir, de pensar en red. En estos casos, la carga de las historias de cada quien añade algo diferente a lo pensado y, con la voluntad de hacerlo (y a veces con cierto método), pensamos diferente o añadimos elementos no vistos (y en ocasiones que no podríamos ni siquiera ver) a nuestro objeto pensado.

Así pues, es probable que pensar en red consista en dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones; que sea querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda (es al menos una dimensión de la acción pensar en red). Con la información que encontrarnos en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto se incrementan de manera inconmensurable; quizás este sea el punto central de la transformación que logra la participación en la red: nuestra capacidad para pensar es incrementada según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos.