Seguimos conociendo las conexiones (3)

La primera parte

La segunda parte

La confianza, dice Luhman, es un mecanismo de reducción de la complejidad de las cosas que nos rodean; Luis Villoro unos años antes, decía que “si bien, la creencia  cierta basta para orientar nuestras acciones en el mundo, sólo si tenemos una garantía segura de que nuestra acción corresponde a la realidad podemos confiar que la creencia no fallará; sólo entonces tenemos conocimiento”, y más adelante, “Conocer es pues poder orientar en forma acertada y segura la acción”. Las razones por las que creemos en algo es básicamente, porque otros, en quienes confiamos, también creen en ello; porque hay una creencia que se asume como verdad histórica porque ha sido aceptada por una comunidad; y esta es la razón por la cual también cabe siempre el escepticismo. Downes se pregunta en qué basamos el conocimiento público, y en un intento de respuesta, hace ver dos cosas, la primera es que recurrimos a lo que Villoro llamaría la creencia en el sujeto epistémico para considerar algo como válido; probablemente verdadero; es decir, si “los que saben” dicen que esto es así, entonces los demás aceptamos que eso es así, y eso será así hasta que se demuestre lo contrario y sea aceptado por esa comunidad. Aquí aparece la segunda clave de la respuesta: para algunos conocimientos no basta con que los aprueben “los que saben”, sino que cualquier persona sea capaz de observar que eso es así, ya sea por observación directa o réplica de experimentos. Para Villoro, el primer tipo del que habla Downes es creencia; el segundo es propiamente hablando conocimiento: “Para conocer algo es preciso tener o haber tenido una experiencia personal y directa, haber estado en contacto, estar “familiarizado” con ello… Porque conocer no consiste en un sólo acto, sino en muchas experiencias variadas, capaces de ser integradas en una unidad; por ello el conocimiento puede ser más o menos complejo, más o menos rico.” En ambos casos, el conocimiento, cualquiera que este sea, es un fenómeno de red, y siempre lo ha sido, en tanto que surge del acuerdo con el otro y orienta la acción.

Esta misma estructura de generación del conocimiento hace que “nada garantice la verdad” (Downes). Holton tiene muchos ejemplos de grupos de investigación aferrados a sus verdades, surgidas de sus creencias, que se mueven en otra dirección cuando, después de mucho tiempo, otros grupos “confiables” encuentran otras explicaciones a lo mismo que ellos han investigado y descubierto. Aceptamos como la verdad del momento aquello en lo que los conocedores confiables, la comunidad epistémica, están de acuerdo.   Pero en una sociedad red, tecnológicamente conectada, cada un de nosotros somos parte de la red. Downes afirma que “así como una red sin conexiones no tiene capacidad de generar conocimiento, una red completamente conectada no tiene defensa contra el precipitarse a conclusiones”; es decir, que en una sociedad red requerimos de mecanismos para, por una parte, poder identificar los flujos de creencias que corren en sentidos contrarios para lograr perspectivas incluyentes y amplias, la diversidad es pues una condición del proceso de pensar y aprender en red; además, la instalación de mecanismos que no hagan de las red otras “instituciones de secuestro” (Foucault) al filtrar las informaciones que el análisis numérico de nuestros comportamientos en la red hacen suponer que nos conviene; es entonces cuando la autonomía se hace parte también del proceso de pensar y aprender en red.

Al hablar de la estructura de red, Downes menciona la red libre de escala, y la define: “una red libre de escala se caracteriza por un pequeño número de entidades con numerosas conexiones y un gran número de entidades con un número mucho menor de conexiones. Vale la pena señalar que este tipo de redes están muy bien conectadas – en una red libre de escala una pieza de información puede llegar a toda una red muy rápidamente”; en una red donde hay pocos nodos altamente conectados, se da un desbalance en las posibilidades para enfrentar a los contrarios. Manuel Castells, en 2001 decía de la red que “Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social”, y ocho (o nueve) años después, en la presentación de su libro Comunicación y Poder  afirmaba:

“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… el Estado es el “Default System”… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación… es la batalla por liberar nuestras mentes…” Castells, 2009.

Esta Internet, es pues, una red libre de escala, donde unas cuantas entidades contienen las conexiones de todas las personas en la red y una mayoría tenemos unas cuantas conexiones. Un ejemplo sencillo es la encuesta que aplicamos en el ITESO a los alumnos de los profesores que participan en el curso “EnREDarse para Aprender” en la que todos manifiestan ingresar a internet ya sea a través del buscador de Google o de Facebook. Frente a esto, Downes termina su numeral “r”, sobre !estructuras de red” diciendo que “la promoción de la diversidad, a través del empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades muy bien conectadas, es esencialmente una forma de crear conjuntos de ojos adicionales dentro de la red”. Es, pues, una forma más de hacer el énfasis en cuidar la diversidad y la autonomía de las personas como condición para pensar y aprender en red; es decir, que en este proceso de aprender en red es importante saber distinguir la distancia entre cada uno de nosotros y la red misma. Una distancia que nos permitirá cuestionar aquello que se ha instalado como cierto, acordado por todos o casi todos, en un camino personal que implica hacerse uno mismo de lo suyo para poder estar con los otros; para, a través del pensar y aprender en red caminar hacia la sabiduría. El sabio, dice Villoro, “no es el que aplica teorías, sino enseñanzas sacadas de experiencias vividas… sabios son los que han buscado la verdad o la felicidad por sí mismos, al través de un largo camino personal… sabio es el que distingue en cada caso los signos de la perfección”.

Conociendo las conexiones (2)

Sin título

En esta dirección está la primera parte de este texto; aunque se puede leer de manera independiente.

Seguimos en la lectura del texto de Downes, escrito en 2006 y titulado Introducción al conocimiento conectivo, los numerales k y siguientes, donde habla ya del conocimiento social y público. Es interesante ver cómo la lectura de este documento nos va llevando a la conclusión (en ningún lado lo afirma así) de que todo lo que sabemos lo sabemos porque está en las conexiones; vamos, lo sabemos porque se sabe ya; así pues, todo lo que sabemos es un saber público, es un saber de todos.

En páginas anteriores hablaba del saber que se presenta como un fenómeno emergente en la conexión. Después de la lectura de estos numerales, voy concluyendo que ese saber tiene diversas formas, y que son formas que nos ayudan a imaginar lo que significa pensar en red, y, probablemente, lo que significa aprender en red (ver numerales “o” y siguientes):

Una de ellas es aquella en la que reconocemos un ingrediente nuevo en nuestro modo de mirar o comprender el mundo o una de sus partes y que surge de la conversación con otra personas (también puede surgir por el mero hecho de estarla escuchando con cierta atención). Este nuevo modo de mirar las cosas no es necesariamente un modo hecho explícito por la otra personas, sino que es el producto del encuentro; es un saber que fue “suscitado” en el encuentro; ese es el saber de la conexión, que se manifiesta como un fenómeno emergente. en la red, estos encuentros, que pueden ser con personas o con fuentes de información, ambas antes inaccesibles, posibilita un a ampliación a lo que podemos pensar y saber junto con los otros. Quizás, es algo ya inevitable.

Otra forma de conexión de esta índole es aquella que se refiere, ya lo dijo con mucha claridad Downes, a los saberes que no pueden ya residir en un sólo individuo; por ejemplo, el saber propio del desarrollo y operación de los sistemas tecnológicos actuales, que a su vez requieren de otros sistemas tecnológicos previos para funcionar. Son sistemas tecnológicos que pueden desarrollarse gracias al concurso de muchas personas y otro montón de cosas alrededor de ellas. El saber que está en estos desarrollos no está en ninguna persona sino en el enorme entramado de conexiones que hacen posible la operación de ese sistema tecnológico.

A estos saberes es a lo que Pierre Levy llama, me parece, la Inteligencia colectiva. No es sólo el saber de todos entendido como la acumulación de los saberes individuales de todas las personas del mundo; sino al saber que existe en ese entramado de conexiones y que no es un saber que se pueda objetivar en ninguno de nosotros; sino en desarrollos tecnológicos cada vez más complejos, sistemas a los que Serres se refiere como objetos-mundo, en su libro Hominiscience, en tanto que son del tamaño del mundo.

Hay otro fenómeno emergente, creo que más conocido por nosotros, que consiste en el saber que surge del trabajo sobre unos datos pero con el apoyo de alguna herramienta; por ejemplo, la geoubicación de datos sobre enfermedades que, al hacerlo de esta manera, podemos descubrir con facilidad los orígenes de la enfermedad o las tendencias de propagación de la misma. en ocasiones, el mero y simple ordenamiento de datos o la elaboración de categorías de varios discursos son una excelente ayuda para comprender algún fenómeno. Hay herramientas sin las cuales no se podría lograr dicha comprensión, ejemplos de esto encontramos en las simulaciones. Donde ese saber, producto de la conexión con la herramienta es un saber emergente, al que Gavriel Solomon llamó la Inteligencia Distribuida.

Estos son, pues, los modos en que se nos aparece el “conocimiento conectivo” del que habla Downes y que nos ayuda a comprender el tamaño y alcance de la red Internet en nuestras vidas, en tanto que son conocimientos que sólo se aprenden y aprehenden de esta manera, en donde l red es un dispositivo fundamental en tanto que mediadora de conexiones.

Conociendo las conexiones

En el grupo de ExplorArTiC, coordinado por Diego Leal, hemos estado revisando un documento que Stephen Downs escribió en 2006, titulado Introducción al conocimiento conectivo, donde expone su idea sobre este tema. El texto está escrito en numerales; y me hubiera gustado que estuviera escrito según la propuesta de George Landow, quien en sus estudios sobre la narrativa en el “hipertexto” o la “hipermedialidad” afirma que una escritura propia de la red sería escribir en pequeños trozos que fungirían como lemas, y en donde sus conexiones construyen un conjunto de unidades relacionadas, superpuestas, encadenadas, agrupadas;  en fin, me hubiera gustado este esfuerzo porque me parece que es precisamente de lo que habla Downes al hablar del conocimiento conectivo.

Downs busca afirmar que el conocimiento conectivo es un conocimiento diferente al  conocimiento cualitativo y al cuantitativo. Asumo que habla de conocimiento científico. Si eso es cierto, entonces habría que imaginar el método de indagación de este conocimiento que se fundaría en el estudio de las redes.

El conocimiento conectivo, dice, es un fenómeno emergente que resulta de la conexión; y ofrece el ejemplo del efecto dominó, donde el fenómeno emergente depende de las conexiones entre las fichas de dominó; pero también del punto de vista del observador; es decir, que la emergencia es una mera interpretación, como todo lo que sabemos acerca del mundo.

A partir del numeral “k”, titulado “conocimiento social” explica más a qué se refiere cuando habla de conocimiento conectivo. Habla del conocimiento social como un compuesto de historias vividas que dan cuenta del modo de ser de las cosas; es decir, que dan cuenta, si es posible, de los invariantes del mundo: si se siembra en temporal, al cabo de un tiempo habrá cosecha; junto con convenciones sociales del momento, el dinamismo temporal y local (o glocal) de las cosas: y en ese entonces, la cosecha tendrá este costo. Su lectura me evocó los estudios sobre la ingeniería concurrente desarrollada en Alemania, y que habla de proyectos de desarrollo de innovaciones e invenciones que requieren del concurso de un sinnúmero de actores, países, saberes, procesos y maquinarias (hoy en día, prácticamente todos los desarrollos de esta índole implican este tipo de esfuerzos); son proyectos cuyos productos sólo son posibles por la articulación de varios sistemas tecnológicos y saberes ya sea que estén colocados en una persona o en un artefacto previamente desarrollado.

Cuando una persona es capaz de asimilar y enmarcar en una nueva visión del mundo este conocimiento público que se requiere y fluye para la producción de estos desarrollos, es cuando reconocemos al experto. De la misma manera lo es el erudito, dice Downs, cuando ha incorporado el saber cultural de su tiempo. el texto aun no termina…