Memoria digital del Simposium de Educación 2015

El equipo de Fronteras Educativas @FEducativas elaboró esta memoria digital sobre el Simposium de Educación:

 

Estamos elaborando algunos pequeños cuadros de análisis de lo escuchado y vivido en este encuentro. Lo pondré aquí en cuanto lo tengamos.

Inauguración al Simposium de Educación

Ayer iniciamos el Simposium de Educación del ITESO. es organizado por el Departamento de Educación desde hace 22 años. En la inauguración leí este texto que tiene el porpósrito de explicar el sentido de las conversaciones que nos llevaron a este simposio y que continuaremos a raíz de lo que concluyamos estos tres días:

Bienvenidos todos al Simposiun de Educación 2015. Este año tenemos por tema “aprender a vivir bien y vivir bien para aprender”. La idea múltiple del Buen Vivir amerindio es la influencia más cercana a este tema. Lo hemos propuesto porque en el ITESO nos parece urgente hacer un cuestionamiento crítico y profundo a nuestros sistemas y procesos educativos en todos sus niveles, de frente a las ideas de convivencia posible y deseable.

Hace unos días, durante el Seminario sobre Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista llevado a cabo en Chiapas, los expositores nos explicaron de varias maneras el modo en que el capital y el sistema mundial articula y confecciona un mundo donde lo único que importa de un ser humano es la eficiencia de su posible producción. Holloway habló de “la posibilidad de decir, Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas.”

En 2009, Gustavo Esteva, a quien le agradezco su presencia y colaboración en este Simposium, escribió una metáfora que intenta captar este “chao, capital”. La metáfora es: “estamos todos en un barco, en medio de la tormenta perfecta. En el cuarto de máquinas disputan intensamente políticos, científicos, dirigentes sociales, funcionarios, partidos políticos… Todos tienen ideas sobre cómo enfrentar la dificultad. Tan ocupados están en su debate que no perciben que el barco se hunde. Pero la gente, en la cubierta, se da cuenta claramente. Algunos, con sesgo individualista, saltan del barco y se ahogan. Los demás se organizan y en pequeños grupos construyen botes y balsas, y empiezan a alejarse del barco. Surgen pronto mecanismos para articular los empeños, hasta que descubren que están en medio del archipiélago de la convivialidad… Observan, a la distancia, cómo sus supuestos ‘dirigentes’ se hunden junto con el barco.”

Ricardo “El Ronco” Robles, edificante jesuita que vivió en La Tarahumara, escribió hace algunos años sobre un encuentro que tuvo en Bolivia, y en el que un expositor indígena dijo: “hay que vivir bien, no vivir mejor”. En su texto, reflexionando sobre esa idea, escribió los siguiente: “Desde esta concepción de la vida total, vivir en comunidad es la única manera verdaderamente humana para hacerlo, porque todos necesitamos de todos, la vida de los todos es la misma, las carencias o el hambre de otro son un suicidio mío, si las permito o provoco. La ayuda mutua y la ayuda al Dios son la misma, sólo así recreamos la vida. En la comunidad, el individualismo no tiene sentido. Nadie tiene su vida aparte aunque así lo piense o lo imagine. Todos somos una complejísima red de relaciones sin las cuales morimos. Se plantea así la disyuntiva entre convivir y competir. Se compite para vivir individualmente mejor, se convive para vivir comunitariamente bien.”

En este Simposium nos acompaña Ana María Larrea, quien nos recuerda que “la dimensión social del Buen Vivir en la Constitución ecuatoriana busca la universalización de los servicios sociales de calidad, para garantizar y hacer efectivos los derechos. De este modo, se deja atrás la concepción de educación, salud o seguridad social como mercancías”, y añade que “en Ecuador, el proyecto del Buen Vivir hace que se reconozcan por primera vez en la historia los derechos de la naturaleza”.

En un curso de la Maestría en Educación con un grupo que se formó en la Sierra Tarahumara, Guillermo Palma, quien canceló su visita porque Toñita, su mujer, estaba delicada de salud (y en su lugar tendremos a Carlos González, querido amigo y también miembro del CNI), Memo, pues, nos platicaba que, desde la cosmovisión rarámuri, la armonía de la tierra sucede cuando logramos que el otro esté contento y en paz. Unos años antes, trabajábamos en el diseño del Bachillerato Intercultural Tatei Yurienaka Iyarieya de Tatei Kie en la Sierra Wixarica. Al intentar diseñar el curso “Administración de los Recursos Naturales”, el grupo wixarika nos dijo que no era posible porque eso que llamábamos recursos, en realidad eran “esencias de la tierra”, y no se administran, se cuidan. Así pues, esta idea de mundo revelada por rarámuris y Wixaritari es lo que cobró carácter constitucional en Ecuador.

Es un gusto tener con nosotros a Silvia Rivera Cusicanqui quien, en una muy intensa conversación con Boaventura de Sousa Santos, nos explica que el “Suma qamaña jaqam palaña” significa “vivir bien, quiere decir, hablar como gente y caminar como gente, y, hablar como gente significa: 1) escuchar antes de hablar 2) decir cosas que sabes y no hablar de lo que no sabes y 3) refrendar tus palabras con tus actos.”

Bartomeu Meliá, jesuita desde 1949, quien nos visita por segunda ocasión y con quien seguimos admirándonos, nos cuenta que, “En la cosmovisión guaraní, la tierra habitada por los humanos es concebida como tekohá, lugar de vida y convivencia con todos los seres que en ella hay. Ñandé rekohá es el lugar donde somos lo que somos, es el lugar de nuestro modo de ser y de nuestra cultura. La palabra tekohá contiene una visión holística, es decir, significa y produce al mismo tiempo relaciones económicas, sociales, políticas, ecológicas y religiosas, de tal manera que «sin tekohá no hay tekó » (sin lugar del ser no hay modo de ser). El guaraní necesita la tierra con toda su vida dentro, para poder vivir su cultura y para ser guaraní”.

Creemos que bien vale la pena el esfuerzo por aprender a habitar la tierra para la convivencia, aprender a “hablar como gente y caminar como gente”, aprender que la vida es inmanente a la madre tierra, descubrir el gusto por la alegría del otro; en fin, aprender a decir juntos “Chao, capital, vamos a crear otras maneras de vivir”… Y, este es el sentido con el que iniciamos este simposium de Educación.