Segundo congreso comunitario Resistencias y Alternativas: culturas, prácticas y territorios como escenarios colectivos de autonomía.

Los días 4 a 8 de octubre de 2018 se llevó a cabo el Encuentro sobre Prácticas, Territorios y Culturas en Creel, Sierra Tarahumara, organizado por la asociación Construyendo Mundos Alternativos Ronco Robles (COMUNARR), formada por SINÉ, Ibero CDMX e ITESO. Al encuentro fueron un poco más de 200 personas de varias ciudades y comunidades del país.

El encuentro fue pensado para conversar e intercambiar experiencias. Dedicamos medio día a cada tema que inició con una breve provocación con preguntas sobre el tema para después reunirnos en grupos para hablar de nuestras experiencias y luego hacer una puesta en común sobre lo conversado. Los cambios de tema fueron acompañados de convivencias con música y teatro.

Gustavo Esteva, a través de un video que nos envió, propuso, como marco del encuentro, pensar las alternativas como otros caminos, diferentes al tradicional, cuyas características son: 1) un camino donde no nos dominemos unos a otros, donde reconocemos la jerarquía del que sabe hacer sin que eso le adjudique poder, desmantelar las jerarquías, 2) adoptar el principio de autosuficiencia, es decir, imaginar caminos para vivir con lo que tenemos sin buscar tener más o mejor y 3) en búsqueda de la autonomía donde las reglas las decidimos nosotros mismos, normas para ser autónomos. No se trata de vivir aislados, sino de vivir con lo nuestro.

La práctica y sus lógicas

El trabajo sobre la práctica y sus lógicas consistió en hablar de prácticas concretas y decir qué es lo que nos sucede en esas prácticas, qué emociones nos asisten, qué contradicciones vemos y sentimos, qué esperanzas y caminos por recorrer, y hacerlo junto con los demás, aceptando críticamente lo que los demás ven para poder imaginar cosas diferentes. Entre otras muchas cosas, en nuestra mesa se habló de la dificultad para que en un grupo podamos vivir sin jerarquías, no estamos acostumbrados a eso y no sabemos cómo hacerlo, de la necesidad de construir relaciones de confianza y de la riqueza que nos ofrece la diversidad, sustancial para pensar diferente. Alguien nos platicó del sentido que cobra la danza cuando va conociendo los significados de cada argumento de esta, o del gozo de ir armando algo con los caminos que van proponiendo todos los implicados y quitarse la angustia de querer definir todo. Y vivir lo que podemos aprender unos de otros. Para alguien más, fue importante preguntarnos por las relaciones de amistad que creamos en nuestros espacios de acción, como una forma para recuperar nuestras instituciones. Es emocionante ver a los niños cuando hacen lo que quieren, se emocionan y profundizan, sería bueno cuestionar los modos tradicionales para “aprender”. Ha sido emocionante, decía alguien más, darme cuenta de las diferencias culturales en mis alumnos y ver que las necesidades no son las mismas, lo que me reta a hacer de otra manera las cosas. Es emocionante ver a un grupo trabajando sin necesitar un “guía” que dicte el rumbo.

Hablamos de los ambientes educativos en los que nos movemos donde detectamos rupturas varias, de las jerarquías, prescripciones y finalidades y, reconocemos la distancia que hay entre el trabajo en las instituciones educativas y en el trabajo comunitario. La empatía y escuchar al otroa está en el centro de los procesos que queremos, creando relaciones de confianza y amistad, conmovernos para imaginar caminos de crianza mutua, semilleros, comparticiones y construir algo en donde nosotros decidamos nuestro modo propio de hacer las cosas.

Territorios y sus prácticas

Las provocaciones para el tema del territorio empezaron por imaginamos nuestros lugares para preguntarnos ¿qué de lo que hay en ese lugar me pertenece? Si nuestra experiencia no se hace en función de los lugares, objetos y relaciones, si nuestra idea de territorio es sin tierra, entonces estamos sin experiencia histórica. Si nuestro territorio es convivir, entonces se extiende y no tiene límites. Si uno no es capaz de hacer la historia con su experiencia, la historia dominante se lo come. Algunos filósofos europeos hablan de la casa común, pero cuando los pueblos indígenas le llaman madre tierra, la relación cambia.

En nuestra mesa hablamos de la dificultad de hablar de territorios en las ciudades, la idea remite a los diversos lugares donde hemos ido haciendo la vida, el territorio como el mapa de relaciones del mundo colectivo, donde se entremezclan trayectorias de vida. El territorio es, entonces, movimiento y se amplía según estas relaciones. Paulita, mujer wixarica, nos decía que tiene dos territorios, uno imaginario y otro cerrado. Antes de que llegaran los españoles, nuestra cosmovisión marcaba hasta los hoy estados de Durango, San Luis, Zacatecas y Jalisco. Los españoles los dividieron. Antes era compartido entre Nayerite y Wixaritari, íbamos juntos a San Luis. En los cantos se siguen mencionando los lugares sagrados y seguimos peleando porque nos permitan ir a ellos, este es imaginario porque surge de nuestra historia. Todo dentro de nuestro territorio está vivo, existen plantas, manantiales y cerros sagrados, sigue siendo nuestro, aunque pertenezcan a otros estados. Es donde producimos nuestro alimento. El maíz es nuestra madre y hay trabajo colectivo y fiestas. Por su parte, Beto, mixe, nos compartió que desde chico aprendemos que el espacio y tierra es donde estamos todos. La madre tierra, pertenecemos a ella. Todos los seres son vivos. La territorialidad, con divisiones, es algo que no acabamos de entender. El territorio es todo lo que lo sostiene. Es importante estar abiertos al reconocimiento de otras maneras de entender el mundo, por ejemplo, para otros, la madre naturaleza es el mar, es extraño. El territorio no lo puedes vender, vuelve Paulita, porque no lo hiciste, la artesanía sí. La asamblea es el punto de partida territorial para definir el destino de la comunidad. Recordamos a Bartomeu Melia cuando habla de los diversos territorios. El seno materno, el apyca, la piel, el lenguaje, la tierra.

Cultura y prácticas

Entre las provocaciones para pensar el tema se dijo. La cultura engloba todo lo que hacemos, el territorio, relaciones y posibilidades de existir. El propósito es reflexionar sobre cómo nuestra práctica influye en un entramado de prácticas culturales. Pensemos la cultura como resistencia, como una serie de prácticas y conocimientos que se ponen en acción en un contexto específico. Todos estamos vinculados en un espacio intercultural. Hemos aprendido a celebrar esta interculturalidad, existen diferentes formas de actuar, pensar y hacer. La cultura puede ser vista como resistencia cuando la pensamos como el fortalecimiento de esta. La educación como esa práctica fundamental para lograr el respeto a esa diversidad en la que vivimos. Entender que cuando estamos en nuestros ámbitos, queremos que las cosas cambien. ¿Qué queremos que permanezca en la escuela y que queremos que termine? ¿Cómo puede la cultura ser un detonante de resistencia para la autonomía?

Por otro lado, reconozcamos que todos nos enriquecemos con el contacto con la diversidad. Podemos sacar provecho de contextos de diversidad, pero, todo puede cambiar y podemos llegar a sentirnos más que los otros, parece qué hay lugares donde se crean jerarquías, donde los consideramos como algo más importante. No nos damos cuenta de la manera en que actúan las relaciones de poder. Preguntémonos si ¿en nuestra práctica, hacemos el trabajo de mirar las relaciones de poder que surgen y el modo en que actuamos desde nuestros prejuicios? ¿En algún momento hicimos menos a alguien o quisimos imponer nuestros valores por la posición de poder que tengo? Al reflexionar sobre estas dos dimensiones vamos descubriendo esa doble dimensión que está permanentemente actuando en nosotros, por un lado los esfuerzos colectivos de resistencia para la construcción de otros mundos y con miras a la autosuficiencia y, por el otro, prácticas introyectadas que manifiestan el ejercicio del poder que no deseamos. Por eso creemos importante el empeño por la construcción de tejidos con cariño, amistad, empatía, conociendo y reconociendo la historia ye intentando romper las jerarquías que implican poder de dominación.

La convivencia

Al final del segundo día hicimos el tianguis de saberes y prácticas donde cada grupo, comunidad, colectivo o institución llevó algo suyo para compartir. Vimos como hace e hicimos grabados prensados en una máquina para hacer tortillas, reconocimos el proyecto de la Red de Centros Educativos comunitarios e Interculturales Wixárica y Na’ayeri, Nos invitaron a expresar nuestra visión de las problemáticas, indignaciones e imaginar los caminos por recorrer, conocimos los esfuerzos de la Escuela de Antropología e Historia en la Sierra Tarahumara, conocimos varias artesanías de los tarahumaras y de la comunidad ñhoñho, y aprendimos a hacer algunas de ellas, nos sentamos a la mesa para conversar sobre lo que somos comiendo y bebiendo, y comimos y bebimos, nos invitaron a hacer ejercicios escolar que van más allá del aula y de las prescripciones oficiales, conversamos, sobre lo que hacen, con el grupo de Jóvenes Indígenas Urbanos de Guadalajara, agradecimos la comprensión de las cooperativas como lugares de encuentro, más allá de las relaciones económicas que se pudieran establecer, escuchamos los programas de radio que hacen en San Juan de Ocotán, en la radio infantil comunitaria y vimos a unas tejedoras hacer su magia creando maravillas.

 

Una palabra más

La estructura del encuentro me pareció un gran acierto en tanto que pudimos escuchar la palabra de todos los asistentes, un apalabra mediad por las provocaciones iniciales y dichas desde la experiencia cotidiana para después intentar alguna conceptualización que nos permitiera “ver” más allá, el saber que se construye desde estas experiencias es fundamental para imaginar futuros.

La idea del territorio es crucial, desde ella se hace la historia y mapa del mundo de las relaciones con los otros y con las cosas que hacen la vida. Entre los que participamos en el encuentro vimos varias nociones de territorio, lo que me recordó un texto de Bartomeu Meliá donde habla de “territorios e identidades” desde su experiencia con los guaraníes: el seno materno, el “apyca” (el banco donde sientan al niño para darle nombre), la piel, el lenguaje y la tierra donde todo esto sucede. El territorio imaginario, nos decía Paulita, que se extiende por lugares y cosas que están más allá de las estructuras de propiedad impuestas, donde todos lo que existe son seres vivos en permanente interacción que logra la armonía del mundo. Me sigue rondando la pregunta acerca del modo en que podemos ir construyendo nuestros territorios en las urbes y encuentro pistas en esta noción del territorio imaginario. En esta idea del territorio imaginario caben los encuentros con la diversidad que, para ser enriquecedores es necesario estar atentos para identificar aquello que organiza y sustenta nuestras prácticas de manera que podamos favorecer todas aquellas nos encaminan a la construcción de nuevos mundos más comunitarios, armónicos, solidarios y expresivos. La compartición de saberes y prácticas es parte de este encuentro en la diversidad, aprendamos a hacer juntos el mundo que queremos en el territorio imaginario en expansión permanente.

Raúl Zibechi escribe esto sobre el encuentro.

 

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