Enredados

Hace tiempo que en las presentaciones y textos que reviso y escucho sobre redes me encuentro con un gráfico donde aparecen nodos y conexiones entre ellos. Y a partir de estos dos elementos se pueden graficar varios tipos de redes: la red totalmente distribuida, la centralizada y todas las demás que podamos imaginar. Las imágenes me han llamado la atención en tanto que representan un diagrama donde los nodos aparecen equidistantes (o casi) con conexiones que en el grado extremos varían su grosor. Redes simétricas y ordenadas…

Imagen tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/Peer-to-peer

 

Y me parece que son representaciones que pueden ayudar en la explicación de alguna propiedad, pero que se alejan demasiado de lo que es una red de humanos y cosas.

Con estas cosas dándome vueltas en la cabeza me topé con el último libro de Ian Hodder, titulado Entangled, Enredados… y habla de un enredamiento que sucede de manera un tanto caótica, no siempre esperada, mucho menos planeada. Un enredamiento que en ocasiones podría parecerse más a un enmarañamiento, ese que produce la morona en el pantalón, o uno que ni siqueira es deseado pero que ha sido impuesto por el poder de otros; en fin, un enredamiento que es producto del hacer con las cosas y que a lo largo del tiempo produce estados enredados irreversibles. Para mostrarlo pone en en enredamiento la dimensión temporal, clave en todo su planteamiento en tanto que los enredamientos dependen de la temporalidad de las cosas.

Ian Hodder es el coordinador de las excavaciones en Çatalhöyük, una ciudad del neolítico situada en Anatolia, Turquía. sin duda, esta experiencia es la que le permite ver la importancia de la dimensión temporal en los enredamientos. Una ciudad donde, dice Hodder, se apacentaron el primer ganado, donde se sembraron y molieron los primeros granos, definieron un modo de vida que pervive. Volveré, yo creo, sobre este libro que me ha gustado mucho; por ahora, me interesa apunta que la perspectiva de Hodder hace posible imaginar las redes y los enredamientos en los que estamos inmersos; unos de los que no podremos ya salir. Redes donde los nodos no pueden aparecen equidistantes, donde la construcción de significados, en las prácticas cotidianas, hacen otros nuevos enredamientos. Unos enredamientos que al mismo tiempo que posibilitan, restringen, son enredamientos con cosas que al mismo tiempo que nos permiten hacer algo nuevo o de manera diferente, también nos restringen en tanto que tenemos que hacer según las condiciones que imponen las mismas cosas.

El libro:

Hodder, I. (2012). Entangled: An Archaeology of the Relationships between Humans and Things (p. 264). Wiley-Blackwell.

 

el Ágora del ITESO

El miércoles pasado, 22 de mayo, iniciamos el Ágora con una excelente conferencia de Diego Leal donde reflexionó sobre la posibilidad de incorporar en los procesos de formación esquemas y escenarios de acción dispuestos para fomentar la equidad, la democracia y así, promover la autonomía de cada persona en su propio proceso de aprender. El primer paso para ello sería imaginar procesos educativos en redes distribuidas y no en redes centralizadas, como es común proceder en educación. Aquella idea de Wheller sobre la pedagogía de la abundancia cobra sentido en el discurso de Diego Leal, porque no es simplemente un asunto de acceso a la información, sino de la construcción de otra ciudadanía; y esto es así, porque Internet nos confronta con otras formas de comprender y actuar la organización y modifica radicalmente nuestra noción del tiempo, Castells habla de tiempos simultáneos. No se trata de que de ahora en adelante no exista ninguna práctica centralizada, sino de que éstas tengan un sentido claro y específico orientado a construir estados deseados.

Hay ya muchas experiencias en la red que intentan abrir la información a todo mundo en la lógica de redes distribuidas; Entre las que menciona están Open Course, del MIT, la Open Learning Iniciative, de Carnegie Mellon University, la University of People,  la Peer 2 Peer University o los famosos MOOC (Masive Online Open Courses) de iniciativas como Udacity, Coursea o Edx; iniciativas que aún están en plataformas que pueden cerrarse y por eso aún vulnerables. Otra experiencia de ésta índole es Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea (#TRAL). Algunos participantes de TRAL estuvieron presentes en la conferencia a través de la emisión en línea de la misma y Twitter, entre ellos Natacha, Daniell, Edgar, Abril y Sergio, muchas gracias por acompañarnos.

La conferencia de Diego me fue evocando muchas reflexiones y preguntas. Una de ellas tiene que ver con el modo de estar o ser “enredados” con las cosas y con los otros, un enredamiento que va más allá de todo lo que parezca orden; quizás un enmarañamiento. Vamos, somos las cosas de las que hablamos, y las personas y colectivos con las que conversamos y convivimos; pero también con las cosas que traemos “colgando” o “enmarañadas” sin darnos cuenta, como la borona de hilo que se queda o “enmaraña” en el pantalón. Cada persona y cada cosa con su propia historia. Cada persona y cada cosa que no puede ser sin esa historia. Nuestra historia con cada artefacto tecnológico que hemos usado con sentido o con otra persona. La cosa que no puede ser sin la existencia de otras cosas… en fin, la vida en un mundo en donde cada uno y cada cosa dependemos unas de otras, donde ya no nos podemos imaginar más que enmarañados, e “intencionalmente” enredados; y quizás este sea el mensaje más contundente con el que me quedo: es preciso que cada uno de nosotros decidamos estar de una manera específica e intencionada en la red, porque de otra forma, las cosas y las personas, al enmarañárnos, pueden llegar a decidir nuestra vida por nosotros mismos. De aquí mi énfasis al final de la charla posterior a la conferencia: decidámonos a habitar la red, sólo entonces hablaremos de ella, sólo entonces imaginaremos posibilidades y diseñaremos escenarios para la acción, ya sea la educativa o de cualquier otra índole.

Después de la conferencia pasamos a las mesas para compartir las experiencias educativas experimentales que llevamos a cabo durante el semestre. La primera mesa rondó sobre la idea de habitar la red, el formato fue de presentación de las experiencias (10 minutos por persona) y conversación sobre las experiencias compartidas. Presentaron Alberto Minakata, Lorena Verde, Marisol Mota, Sandra Alvarado, Alfonso López y Salvador Ayala. Liliana, en su blog, hace una muy buena síntesis de lo conversado estas dos horas. Entre otras cosas se habló de las muchas maneras de habitar la red, que habitar la red implica un cercano y familiar hacer con las cosas de ese mundo, un hacer que poco a poco se vuelve cotidiano o, por lo menos, de un uso con regular frecuencia y con sentido. Que habitar la red tiene que ver con la construcción de conversaciones con nuevas conexiones, a través de los medios que ésta ofrece; así como, la ampliación de los contextos de actividad en la lógica de la ampliación (o extensión) de la persona que cada uno quiere ser y va siendo. Que las prácticas de formación abiertas son una oportunidad para el que aprende, por eso se convierten en una responsabilidad de índole ético: toda clausura cierra oportunidades y por eso es contrario al espíritu del crecimiento personal que implica toda formación. La apertura implica la posibilidad de comprender las cosas desde diversas perspectivas, con múltiples significados, lo que puede, en un momento dado, poner en cuestión las creencias más hondas de la persona… y eso, puede ayudar a crecer.

El jueves por la mañana, Gabriela Solano, nos platicó sobre lo que se ha encontrado desde el curso “Manejo de Información y Datos Numéricos”, curso que se ofrece en el ITESO para todos los alumnos. En su plática, Gabriela nos dijo que es importante que la relación con la información y el conocimiento sea trascendente. Analiza el desempeño de los alumnos desde la perspectiva del consumo y afirma que éste es una relación que no conocemos y que modifica nuestro acercamiento como sujetos. Es entonces cuando anota, me parece que con pertinencia, que coexistimos con las lógica del mercado, y por eso, es relevante pensar desde lo que el alumno quiere ser y no sólo desde los meros resultados. Así pues, y es aquí donde se me vienen reflexiones y preguntas… una de las tareas fundamentales consiste en un permanente “reinventar al sujeto”, reinventar al alumno para visibilizar sus conexiones y poder imaginar los posibles acercamientos a su contexto.

También descubrimos que esta mirada nos obliga a pensar en flujos en donde aparecen en los alumnos y profesores consumos similares, donde el fenómeno red multiplica su experiencia; así pues, una de las condiciones de la formación estriba en la oferta de accesos para ampliar miradas y posibilidades; a esto le llama pensar en red y es el ethos del profesor red.

Es pues, preciso un empeño serio, quizás desde los desarrollos de los estudios de las redes, un empeño por conocer sus tejidos y redes y evitar prescribir relaciones o conexiones para poder convocar por la vía de la creación de textos, contextos y pretextos. es decir, no sólo mirar losescenarioso desde la perspectiva del consumo, sino desde la creación, lo que nos lleva  al diseño de escenarios para la acción y el encuentro.

Después de la conferencia de Gabriela nos reunimos en una nueva mesa para trabajar el tema de la docencia en red. Presentaron sus experiencias Lourdes Centeno, Ana Isabel Gónzález, José Miguel Tomasena, Bernardo Cotero, Asela Burgos y Andrés Ruiz. Es interesante observar como las presentaciones dan cuenta de un espectro que va del uso de herramientas, ciertamente con un sentido explícito y diferenciado a los escenarios para la creación de conocimiento. De esto hablamos cuando experimentamos en la red; por eso podemos afirmar que nada está dicho al respecto y vale la pena experimentar. Durante las presentaciones nos damos cuenta de que el estatuto del saber en el mundo está definido como “en proceso”, y por eso se vuelve más importante que nunca preguntarnos qué aprender y cómo hacerlo.

Por la tarde, la tercera y última mesa la dedicamos al tema de la gestión en red con las presentaciones de las experiencias de Alejandra garcía bado, Carlos Aguirre y Cristina González junto con Marisia Sanjuán. Aparece la necesidad, no sólo conveniencia, de la creación de recursos y escenarios para el aprendizaje en red de manera colectiva. la red ofrece por sí misma una estructura de colaboración que es preciso operar para imaginar las posibilidades de la educación en el futuro.

En algunos momentos hubo microtalleres y exposiciones. Esas no las refiero aquí por la dificultad de su registro debido a la simultaneidad de los mismos.

El cierre del ágora la hicimos expresando cada  uno de los presentes su “audiotuit”, se puede escuchar aquí: http://twitcam.livestream.com/en6hr.

 

¿Qué hacemos con esto? Sincrónicas de nivel 6

El viernes 10 de mayo tuvimos la primera edición de la sesión sincrónica que retoma el nivel 5 y lanza el 6, desde la ampliación de nuestras redes hacia un qué sigue lleno de posibilidades. La coordinó Diego Leal. El sábado 11 tuvimos la segunda edición de esta reunión, misma que coordinamos Daniel Jiménez, Luz Pearson y yo.

La primera parte de la reunión consistió en declarar los hallazgos más importantes de cada quien y conversar sobre ellos. entre estos estuvieron descubrir que es posible dar dirección y sentido a nuestra red, así como identificar la enorme importancia de los vínculos creados a lo largo de la experiencia de TRAL. Nos fuimos dando cuenta de que en TRAL tenemos múltiples tejidos entre los que se encuentran las conexiones con los artefactos que median nuestras comunicaciones, las interacciones con las personas, el entrelazamiento afectivo, el descubrimiento de lo que el otro me muestra sobre el mundo con su mirada, a veces, independientemente del contexto.

Ha sido determinante el modo en que los afectos entrelazan un montón de cosas; como si no fuera posible el aprendizaje sin los afectos, y esto aún a sabiendas de que no bastan ni lo agotan, pero que son imprescindibles, nos dice Marlen Estela. Vemos que en TRAL hay muchas miradas, mismas que nos hacen descubrirnos a nosotros mismos, TRAL como ese espejo que nos rodea, dice Esther; que nos hace vernos en la mirada de los otros porque no hay otra forma de vernos a nosotros mismos: miradas que construyen relaciones, palabras que estructuran la relación, relaciones que dan identidad: mirada y palabra. Diversidad e integración, dice Natacha. Y, en medio de todo esto, sabiendo que la abundancia y la velocidad son determinantes, recordar el valor de la contemplación para descubrir lo profundo de las cosas y poder gozarlas, nos lo enseñço San Ignacio ¿no?. Una contemplación que nos hace reconocer, junto con Serres, que esta es ya otra humanidad y que es preciso imaginar los nuevos caminos de humanización.


Imagen de ambas sesiones

El siguiente paso consistió en experimentar con una idea de Diego, una más. Analizar TRAL desde la perspectiva propuesta por Wenger, Smith y White en su libro “Digital Habitats”. Una perspectiva que da cuenta del tipo de comunidad que se es, pero también del que se queire ser. Y, en ese análisis, descubrir cuáles son los elementos propios de esa comunidad. el análisis, además de divertido, fue potente y profundo. Fueron apareciendo muchas preguntas sobre aquello en lo que se ha constituido TRAL y sobre aquello en lo que nos ha transformado.

Descubrimos que hay un caminar juntos, sin duda, aunque el paso y el modo sea diferente en cada quien, porque cada quien tiene su paso y no se puede acelerar, incluso, no conviene, porque en ese caminar lo que está en juego no es la acumulación, sino la transformación, el cambio de mirada, es un asunto de cultivo y sedimentación.

Por otra parte, nos preguntábamos si el análisis que habíamos hecho era realmente de TRAL, si podríamos constituirnos en representantes de todo TRAL, y lo que descubrimos fue que cada uno de nosotros es importante para la construcción de TRAL, incluso en nuestras ausencias, que cada historia de cada persona tendrá que ser contada para reconocer a toda la humanidad. Que, entonces, cada uno es un representante de todo TRAL, y ninguno reproduce el arquetipo, porque este no existe. Entonces ¿Qué es TRAL? ¿es verdad que es una comunidad y que no tiene proyectos? ¿Cómo puede ser eso posible? Y, al cabo de varias vueltas sobre el tema descubrimos que TRAL es un ejercicio conversacional. Y es así, porque sabemos que desde las conversaciones surge siempre la reinvención de la personas, las identidades reconfiguradas, los acuerdos y los compromisos de acción que dan pie a las posibilidades de futuro, a esto se anotó Lorelí. Jorge nos hizo ver el modo en que este tipo de tejidos puede cambiarnos la mirada del mundo y Verónica se sumó al gusto de hacer juntos y la necesidad de construir confianza para poder llevarlo a cabo.

Excelentes sesiones que abren el camino para imaginar lo que podemos hacer con esto, lo que sigue…


Esta es la foto del viernes. La del sábado está aquí.

 

Un buen regalo

La tercera actividad del nivel 5 de TRAL propone “ir a buscar”… ir a tejer, como si fuéramos “de compras”. Desde hace ya algunos años salgo a caminar por los jardines de mi universidad (son jardines bellísimos), algunas de esas veces lo hago en busca de una idea, sé que se esconden en cualquier lado y no es fácil encontrarlas, es necesario estar atentos. Así pues, ahora voy al jardín botánico de #TRAL, reseñaré algo de lo que me ha gustado.

Una primera cosa que noto en este recorrido es que aún cuando cada quien va a su paso, en general hay un gusto declarado por la participación en TRAL, así como un empeño interesante en tejer redes de aprendizaje.

Juana Lovera nos recuerda que “todos nos conectamos y somos extensiones de otras personas, formamos redes de manera consciente o  de manera involuntaria, donde  las nuevas redes sociales forman parte de una realidad en los ambientes virtuales”. Me alegro de encontrar esto y añado una creencia  que he ido construyendo desde hace tiempo, y es que todo lo que sabemos y decimos lo hacemos porque hay cosas y personas; sin ellas no tendríamos de qué hablar ni algo en qué imaginar. Somos, pues, extensiones de lo demás, construcciones con lo demás e identidades relacionadas con lo demás que logran cierta distinción y por eso nos reconocemos diferentes.

Claudia Guerrrero lo afirma pero con un propósito más específico… habiendo una producción de índole personal, vale la pena intentar la creación de comunidades de práctica, consolidar esa producción que somos nosotros. Es entonces cuando Luis Rafael Armario (@lramario, a quien tenía perdido y me alegró volver a encontrar), borda sobre la idea ”de proponer una estrategia de trabajo que pudiera  complementar la que nos hace Claudia para constituir una suerte de “Coro de Intereses en TRAL”, una vez apreciados, y hecha la selección en los foros, los intereses particulares (temas/líneas de reflexión/de investigación…) de los compañeros con quienes nos gustaría “descentralizar” la red TRAL para lo cual podríamos igualmente hacer  uso de la  herramienta voice thread, o de cualquier otra con alcances parecidos”.

Como contraparte a este abordaje, y como un complemento desde la realidad vivida, Verónica Perrone (@verodog) afirma que “Vivir en una burbuja es muy cómodo pero a la larga limitante. Sobretodo cuando se quieren instalar cambios, más o menos contundentes, es muy bueno saber si se cuenta con el apoyo de quienes lo tienen que llevar a cabo…”, y más adelante afirma con fuerza (misma que después amortigua en un comentario), que “el sistema no piensa en red…”, cosa que me hizo recordar un contundente poema de Octavio Paz:

“No lo que pudo ser es lo que fue

y lo que fue ya no existe”

Y me resonó la expresión “el sistema no piensa en red”… y se me vienen muchas otras preguntas y afirmaciones que tendré que encontrar la manera de organizarlas. No sé si piense en red, sé que piensa en poder, como si fuera lo propio de un sistema: poder ser, poder hacer… ¿en qué se diferencia un sistema de una red? ¿en el propósito, en los límites? Quizás sea mejor pensar en las formas posibles para mover los sistemas y no intentar apalancarse en ellos como el único modo de iniciar el movimiento. Realmente, no lo sé, pero es probable que en una propuesta educativa que anime hacia el ejercicio de la libertad sea un camino. Quizás por eso, Gustavo García Lutz:  (@ggarcialutz) decidio platicarnos de otra persona que “cuando le preguntaban… que papel atribuía a los docentes hoy, él decía “deben ser artesanos del diálogo. ¿Artesanos? Si, como buenos artesanos conocemos, o si no es así sería bueno que lo hiciéramos, la materia prima con la que trabajamos”, y recordé que un buen amigo decía que cuando platicamos repetimos las mismas cosas para que no se nos olviden, porque si se nos olvidan perdemos una buena parte de nosotros mismos. Y estoy de acuerdo, en tanto que de lo que hablamos es de nuestra historia, una y otra vez. Por eso, me parece pertinente eso de ser artesanos del diálogo. Es algo fundamental. A esto añado que los profesores diseñamos (y, sí, sigue siendo un asunto de diseño) escenarios para la acción sobre la que conversamos, dialogamos.

Juana, Claudia, Luis Rafael, Verónica y Gustavo, les agradezco mucho esta extraña conversación que me invita a repensar mis propias prácticas educativas en aras de la construcción de un mundo conectado para mayor bien de todos.

Sincrónica de TRAL: articulación de realidades

El viernes pasado, 26 de abril, tuvimos una sesión sincrónica más de la experiencia Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea, #TRAL. Esta ocasión el experimento fue más arriesgado, ya que la sesión coincidió con la visita de Diego Leal a aquellos rumbos y se organizaron para que hubiera en un sólo paquete una reunión presencial en el Colegio Las Cumbres. a la sesión asistimos unas treinta personas a distancia y otras 20 o 25 presentes en el Colegio.

Como ya se ha hecho costumbre, estas sesiones las dedicamos a conversar sobre lo vivido durante la semana mientras TRALeamos. Los pequeños grupos de conversación y el chat nos permite enlazarnos de diversas maneras. La pizarra de cada grupo acaba por ser el lugar donde se coloca el guión de lo que queremos comunicar a los demás. Descubro que al compartir la conversación del grupo con los demás, más que una puesta en común, lo que se logra se ampliar la conversación a todo el grupo y comprender de manera formal lo compartido en el grupo. esto segundo sucede al escuchar a uno de los compañeros elaborar una especie de síntesis de lo conversado.

Este viernes convivimos en realidades híbridas: un grupo de los reunidos presencialmente, a través de una computadora común se reunía con un grupo a distancia donde cada uno de estos últimos se conectaba desde su lugar y con sus medios. Algunos sin cámara, otros sin esta ni micrófono. Todos con la posibilidad de escucharnos y escribir en el chat y la pizarra.

En esta experiencia de conversación en realidades articuladas estuvimos, en nuestro grupo, a distancia Claudia, Jesús y Alejandra Cipitelli, los tres sin cámara ni micrófono; en el Buenos Aires, y reunidos en un aula en el Colegio, estaban Luz Pearson, Lenny Ambrosini, Mariana Massigoge, Sandra Rodríguez y Carolina. La pregunta que organizaría nuestra conversación esos 20 o 30 minutos sería ¿a quién me encontré en TRAl esta semana? Pregunta que por razones obvias, fue rebasada por las múltiples realidades en las que el encuentro era el dato fundamental. Así pues, lo que siguió fue preguntarnos por nosotros mismos y nuestros proyectos, interesarnos en compartir formas específicas de hacer tal o cual cosa e imaginar posibles acciones y modos para hacer juntos y experimentar en torno de lo que nos llevó a esta experiencia de Tejer redes de Aprendizaje en Línea.

En esta conversación, al igual que en las lecturas de las muchas historias que se narran en TRAL llegamos a varias cosas a manera de coclusión: que no es difícil encontrar la propia voz en la voz de los otros, descubrir preguntas similares que en ocasiones son formuladas de manera más clara. Que el encuentro mutuamente interesado nos hace imaginar posibilidades de colaboración que se concretan en la medida en que se despliegan los proyectos propios. Que las diferencias entre un contacto a distancia y las conversaciones presenciales se diluyen en cierto grado al emplear tecnologías que permiten la convergencia de varios medios de comunicación.

Agradecido con esta experiencia de la que he aprendido mucho y que gocé enormemente, mando un abrazo al equipo del Colegio Las Cumbres y a los presentes en esta conversación, aunque sin micrófono: Claudia, Jesús y Alejandra.

Para tejer

Estos días, después de un tiempo en que me pregunté lo mismo, vuelvo a cuestionarme sobre el significado de tejer; sobre todo ahora en el contexto de TRAL, donde queremos tejer redes de y para el aprendizaje. Estos cuestionamientos me han recordado a mi abuela, simplemente porque fue una gran tejedora, lo hacía por gusto. entre mis recuerdos la veo tejiendo o leyendo; como si en eso se le hubiera ido la vida. Aún conservo un par de cobijas y este jorongo que me regaló.



Nunca me habló sobre qué es tejer y en qué consiste. La observé haciéndolo, intentó enseñarme. No fue vano el intento, pero sí efímero. Nunca llegué a hacer una sola pieza, simplemente porque nunca ejercité lo suficiente. Ahora puedo afirmar que para tejer se requiere de mucha ejercitación, y que este mucho hacer y hacer con los hilos y la aguja nos va perfilando un modo preciso de ser cada uno de nosotros. Aunque tejamos lo mismo nunca tejemos igual; cada quien tiene su propio estilo de tejer. Por eso, podemos llegar a decir de alguna pieza “este es el tejido de fulana o fulano”. En la ejercitación vamos delineando nuestra propia prestancia, nuestro modo propio de hacer. Esto se lo aprendí a mi abuela y lo ví reflejado en las reflexiones de Ortega y Gasset, Ingold, Marías y Heidegger. Tejer redes de y para el aprendizaje también requiere de ejercitación, una en donde el arte de la conversación es fundamental; y aunque conversemos sobre lo mismo, no lo hacemos igual.

 

Pero la ejercitación al tejer, aunque empieza con aprender ciertas puntadas, cobra su sentido más amplio cuando se hace para crear algo. Podemos decir que estamos tejiendo cuando tenemos en mente para qué tejemos y qué es lo que resultará de esto. en ocasiones, sabemos también para quién estamos tejiendo. Sabemos que lo que imaginamos como producto final del tejido nunca es lo que resulta, pero aún así, “la cosa proyectada”, es decir, la pieza que imaginamos, sus formas, texturas y relaciones, organiza todas nuestras acciones de tejido. Sin un algo específico como producto el tejer se vuelve un mero hacer que termina en la acción misma; es decir, que no tiene trascendencia más allá de lo hecho: hacer y deshacer son acciones complementarias. Cuando hay un propósito o producto, el hacer se vuelve tejer, cobra sentido y significación; entonces podemos enunciar esa frase que dice mucho más de lo que creemos: “vale la pena hacerlo”. Tejer redes de y para el aprendizaje tiene sentido cuando sabemos el rumbo y el producto de lo que estamos conversando y tejiendo. Las personas con las que me encuentro en un tejido de esta índole tienen una voz y “vale la pena” pronunciarse frente a la voz del otro para reconocer el mundo y reconocernos a nosotros mismos.

 

Un buen día, mi abuela comenzó a practicar nuevas formas de tejer. Formas que incluyen el modo de sentarse, de tomar las agujas, de pasar el hilo por pora parte de la mano y no por la otra, y otro montón de cosas que no pude registrar y por eso se me escaparon, pero que exceden a lo que creemos el mero acto de tejer. Formas que dan cuenta de que cada acción se da en un ambiente enriquecido por un conjunto inimaginable de relaciones. Hoy en día dicen que eso es innovar, es decir “mejorar el proceso”. A mi me parece que hay algo de razón en esto que se dice; sin embargo, me gusta más pensar que es el camino en que cada uno descubre su modo propio de hacer con las cosas; es lo que cada quien da a los demás. En el tejido de las redes de y para el aprendizaje, esto se refiere al modo propio de construir un objeto en la conversación con otros; también una forma específica de mirar las cosas, cada quien tiene la suya, y la recibimos como regalo. Por eso, por ser regalo, parafraseando a Strathern, lo único que se espera es un intercambio. Este es el valor de compartir lo propio.

 

Con el tiempo y de alguna manera en un momento en que podemos decir que mi abuela ya era una gran tejedora, creó cosas nuevas. Ya venía inventando desde hacía tiempo. Al igual que en lo s inicios del tejido, supongo, se trataba de ensayar, ejercitar, hacer y volver a hacer hasta lograr primero, crear-imaginar la forma nueva y después el objeto con una forma parecida. Y con esta nueva forma, creó un nuevo mundo, sí, de ese tamaño, estoy seguro, porque el mundo lo viví de manera diferente con alguna de sus piezas. Así también, al tejer redes de y para el aprendizaje, aprenderemos nuevas conversaciones y formas de conversar y, con ello, podemos crear nuevos mundos. En este sentido, TRAL es una creación donde el mundo se ve diferente para los que participamos en ella; un mundo donde los medios para conversar son variados, diversos y, muchos de ellos, nuevos para nosotros. Podremos crear nuevas miradas sobre el mundo y sus objetos, unas que nos ayuden a promover más humanidad, más libertad, más gusto por la vida; al menos eso espero.


Así pues, ejercitar, proyectar, mejorar e inventar son rasgos propios del tejido de la redes de y para el aprendizaje. Son rasgos que, cuando los hemos incorporado, hecho nuestros y practicados de manera cotidiana, podemos convocar a otros y modelar el modo de hacerlo; sabiendo siempre que cad quien hace su camino.

Revisión de APA’s y otra representación

Durante esta semana nos dedicamos, el TRAL, a hacer explícito nuestro APA o parte de él. La sugerencia de trabajarlo desde los ejes de la percepción, la interacción, la producción y la publicación nos ayuda a quitarle el énfasis a los instrumentos que empleamos como mediadores de esa red. Aunque estos instrumentos o herramientas sean parte de la red; y en algunos momentos, parte sustantiva de mi red, es conveniente quitarle la centralidad para poder dar cuenta de la agencia humana, es decir, de aquello que nos ha movido a crear esa red y que nos mantiene en movimiento para imprimirle mayor dinamismo. el esfuerzo de representación del APA hace surgir el conjunto de redes en las que estamos inmersos; así como el aprendizaje en el que uno está implicado.

Leí una buena cantidad de publicaciones en blog de TRAL. Me gustó y sorprendió la diversidad de representaciones y modo s de hacer. Al fin de la semana me parece encontrar tres cosas sencillas e iniciales que me parecen importantes, quedará pendiente una nueva visita a las publicaciones:

La primera tiene que ver con que el modo de hacer el Ambiente Personal de Aprendizaje, ya sea en función de la herramienta con la que se hace, ya con el énfasis inicial con que se construye. Si se hace directamente en un papel o en algún programa para representar esquemas mentales o en otro para diseñar cuadros completos, nos vamos topando con diferentes nociones y caminos sobre nuestro propio aprendizaje y la constitución de nuestras redes. Por alguna razón que aún no puedo explicar, me parece que la representación hecha con papel y “lápiz” (o pluma o marcadores o crayones) hace más fácil la aparición de personas.

La segunda conclusión es que en una gran cantidad de las publicaciones que estuve leyendo observé que el autor, al reflexionar sobre su APA, descubre que la representación que logró habla de sí mismo: habla de sus intereses, de su modo de aprender, de sus prácticas cotidianas, del conjunto de sus interacciones y de lo que las mediaciones tecnológicas han modificado a sus modos propios de “enredarse”, aprender y tejer con otros.

La tercera cosa es que en todas las publicaciones de los blog que revisé me encontré con que la representación del Ambiente Personal de Aprendizaje hace que la persona se descubra en camino: todas hablan de “lo que me falta por hacer”. En ningún caso, ninguna persona da cuenta de un APA terminado y estático, sino algo que por sí mismo muestra un camino por recorrer. Esto me pareció de particular importancia en tanto que da cuenta del dinamismo que es, en sí mismo, el APA. Es claro que no se trata de un compendio de herramientas; de hecho, tampoco de personas o grupos, sino de una representación del camino que estamos recorriendo cada uno de nosotros.

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Por otra parte, con estas tres cosas en mente, estuve imaginando a lo largo de la semana, distintas maneras de representar un APA con la idea de encontrar algunas formas que ayuden a plasmar el recorrido hecho y por hacer. Un modo, que me pareció muy valioso fue elaborar el APA a partir de las preguntas con las que voy viviendo la vida. Algunas de estas preguntas tienen ya muchos años, son las que me han acompañado todo el tiempo, son las que de alguna manera me definen. Otras de estas preguntas son las que me he formulado recientemente y que definen los años por venir en mi vida académica. Otras más son preguntas específicas que se resuelven en corto tiempo y que ayudan a construir un marco para la pregunta más grande.

Representación de APA según pregunta
Representación de APA según pregunta

Al describir mi APA a partir de estas preguntas, suceden cosas que me parecen interesantes. Lo primero es que, constato lo visto en las publicaciones de esta semana, al hacer la pregunta hay un yo que ya se modificó, algo así como un yo-pregunta. Juntos ese yo-pregunta son diferentes de los dos antes de reunirse; algo así como que no es lo mismo quien hace la pregunta. Además de esto, surgen como por arte de magia, el conjunto de grupos y personas con las que trabajo esas preguntas; son grupos muy diversos y las preguntas las trato de manera diferente con cada grupo. Algunos grupos se muestran como redes clave para lo que estoy aprendiendo. Además de, y posterior a esto, aparece la distinción de aquellos grupos con los que la interacción es sólo mediada tecnológicamente y aquellos con los que hay interacción presencial. Y después me llegó la necesidad de colocar el conjunto de herramientas que están mediando la interacción con cada grupo, ya no lo puse. El ejercicio me gustó y me pareció conveniente compartirlo.

TRAL Escenario para conversar

Tejer consiste en la creación de un entramado a partir del entrelazamiento de aquello con lo que tejemos. Para tejer se requieren siempre, al menos dos cosas: el “hilo”, metáfora de aquello que hace observable el tejido y la “aguja” representación del artefacto que nos ayuda al entrelazamiento. Cada quien sabe cuáles son los tejidos que sabe hacer y que le gusta hacer. En ocasiones el hilo es invisible, dice Exupery, otras veces el artefacto es la propia mano. Podría, en ocasiones, confundirse “hilo y aguja”, por ejemplo cuando ambos son la palabra, o el mismo cuerpo. Todos tejemos, es nuestro modo propio de vivir la vida, sin tejido no hay aprendizaje, tampoco búsqueda. Ahora en TRAL estamos tejiendo redes de aprendizaje, redes de búsqueda.

Si volvemos la mirada un poco hacia atrás veremos los tejidos que hemos hecho. Y veremos que el producto de nuestro tejido está siempre en relación a una red, es decir, a una conjunto de “cosas” (materiales o no) en conexión en torno a algo que podría parecerse al atractor de los sistemas complejos. Esto es así, porque la red siempre es una red de redes y no termina.

Como un fractal, TRAL es una red de redes; pero también es una estrategia para aprender a (o consolidar la práctica de) precisamente, tejer redes para el aprendizaje en línea. Un escenario para la acción comunicativa. Por eso empezamos por hablar de nosotros: Francisco, ingeniero con algunos retazos de educación, dinámica de sistemas, sociología y filosofía. Con un enorme gusto por la cocina, la caminata en el cerro y el mar. Rebeca ya creció, ahora tiene 29 y a punto de terminar su maestría que gozó y sufrió como siempre sucede cuando algo vale la pena, Diego siempre ha tenido cuatro años menos, y ahora termina esa ingeniería de sonido que ha sido su pasión desde que nos acordamos. Porque al hablar de nosotros nos disponemos a la acción comunicativa, nos disponemos a escuchar a los otros.

En esa red de redes que hemos ido tejiendo a lo largo de nuestras vidas nos encontramos a muchas personas que no hemos conocido y que son significativas porque nos han movido lo suficiente para ser otros después de ellos. para mí, sin duda, Exupery, Maalouf y la Lispector, aunque también Baricco, Serna y Sada. Como dejar fuera a León Felipe, y le siguen Gabriel Vázquez, Mendoza, Ammaniti, Arreola, Mendoza, Rulfo, Paz… uff!! mejor no sigo. Pero no sólo novelistas, hay otros muchos más que desde sus reflexiones y hallazgos me han movido. A algunos sí lo he conocido y son colegas cercanos.

Pero hay otros muchos que nos han movido, no por su arte o su ciencia, sino simplemente porque tenemos intereses similares, porque son personas a quienes reconozco como compañeros y compañeras de ruta, que su hacer y su proceder son suficientes para que los considere importantes. Pensando en estas personas es que pienso en TRAL como la gran oportunidad para tejer redes de búsqueda común, de conversación, de encuentro; en fin, de aprendizaje en línea. El hilo parece ser, pues, nuestros propios intereses y el modo en que los expresamos, la aguja quizás sea los diversos caminos que recorremos para estar y ser con el otro.

TRAL, aventura que vale la pena

…nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,

Octavio Paz en Piedra de sol

Ya pronto iniciamos #TRAL, una experiencia que convoca al tejido de redes, en principio de todo tipo, en particular, de redes académicas. Tejer redes es asunto de pescadores. De entre mis recuerdos encuentro a los pescadores del Lago de Chapala, cuando aún estaban por cualquier rivera de ese lago, con sus redes remendando siempre los agujeros por donde, supongo, se les iban los pescados. Y me doy cuenta de que tejer redes no es una cosa que se hace y se ha terminado, sino que es una actividad permanente; sólo así podrá la red seguir teniendo sentido y, por lo tanto, uso y vida.

Me pregunto por qué hay sabores que me gustan tanto, y entre ellos recuerdo el limón con el que aderezo casi todo y que tanto me critican otros, y así otros muchos sabores que he aprendido a saborear en mi familia, con mis amigos, siempre sin darme cuenta de que junto con los otros se configuraban mis sabores preferidos, y no sólo los sabores, sino mi propia forma de degustar.

Esta semana, en uno de mis cursos, les pasé al grupo una canción y les propuse que cada quien compartiera una de su gusto. No han compartido todos, pero lo que han compartido son verdaderas obras de arte que he gozado estas dos tardes pasadas y, una vez más, me doy cuenta de que mis gustos se mueven junto con el grupo con el que estoy en relación. No significa que cambien las cosas que me gustan, sino que se amplía mi sentido y aprendo a degustar muchas otras cosas.

Algo similar sucede con lo que creo saber. Me doy cuenta de que lo que aprendo sucede porque otros me ayudan a verlo en cierta perspectiva que me hace imaginar otro mundo. Y voy entendiendo que sin esos “otros todos que nosotros somos” no seríamos, no podríamos ser. En la constitución de nuestras personas (de nuestras caras) hay siempre un nosotros.

TRAL es una invitación a seguir tejiendo las redes junto con otros prójimos cuya proximidad no siempre es geográfica, pero que es posible gracias a los adelantos tecnológicos. Tejer redes que no sólo reconfiguran nuestras caras sino nuestra convivencia, nuestros anhelos y modos de comprender el mundo según diversas perspectivas. De aquí que las redes que queremos tejer se organicen en diferentes planos, incluyendo el profesional.

Por esto es que esta invitación-aventura llamada #TRAL me emociona. Bienvenidos a ella.

Aprender en red y en la red

           Hace un par de meses, escribí un breve texto sobre el aprendizaje en red y en la red para el equipo del Centro de Aprendizaje en Red del ITESO (que por cierto me doy cuenta que no tenemos aún nuestro sitio web). El texto lo coloqué en un documento compartido y durante este tiempo lo hemos ido modificando, los del equipo del CAR y otros buenos amigos que nos han ayudado con sus colaboraciones. Sabemos que el documento que ha quedado aún está en proceso; sin embargo vimos conveniente comenzar a trabajar con la perspectiva que en él se muestra. Lo reproduzco a continuación:

Aprender en red y en la red

           Aprendizaje en red es un significado emergente. Alude a la reflexión generada cuando caemos en la cuenta de la interacción que tenemos con otras personas mediante el uso material y simbólico de las posibilidades creadas por la existencia de una conjunción, articulada de manera peculiar, de datos, relaciones, intercambios, señales y los elementos materiales que los sirven de vehículo. El presente documento se propone describir y definir algunos de los conceptos que el grupo de académicos del Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO utiliza para pensar, aplicar y dialogar acerca de la dimensión educativa que está en la entraña de ese significado emergente. El propósito de escribir es exponernos para dialogar, profundizar, enriquecer y modificar los supuestos y desarrollos iniciales aquí comunicados. No es un documento académico a la manera ortodoxa sino un escrito inacabado y en construcción colectiva cuyo carácter, por lo mismo, pide completarse y superarse con la ayuda sustantiva de los lectores.

Habitar

           La vida humana se entiende en la convivencia. La vida de cada uno de nosotros, nuestro mapa del mundo personal, se va haciendo en la interacción con lo otro: personas y cosas; cada encuentro (interacción, relación, distinción, etcétera) va rehaciendo este mapa; por eso, cada uno de nosotros somos en y con los otros, en y con lo otro.

           En estos encuentros vamos descubriendo aquello que creemos “más nuestro”: nuestros gustos, aquello que nos interesa, que nos mueve, a lo que nos dedicamos, lo que profesamos. Esta dedicación nos hace uno con el objeto y nos distingue; es decir, en esta dedicación vamos siendo nosotros mismos: somos lo que cuidamos, lo que cultivamos. Eso que se produce en el cuidado es aquello propio de nosotros mismos, lo que nos distingue. En el cuidado de las cosas del mundo y de nosotros mismos vamos construyendo ese entramado del mundo personal, a lo largo de la vida vamos “tejiendo” ese mapa, ese entramado; y de esta manera creamos un hábitat, una morada, un hogar, un mundo que nos resulta familiar.

           Habitar, dice Heidegger (1951), es cuidar. Por habitar, pues nos referimos al conjunto de actividades, relaciones, conexiones y procesos a través de los cuales las cosas adquieren un significado familiar, y son reconocibles en las actuaciones cotidianas como algo familiar; son también ese conjunto de actuaciones cotidianas a través de las cuales somos reconocidos. Habitar consiste en la permanente construcción de la prestancia que nos hace ser, a la vez, un yo y un nosotros.

Habitar la red

           El habitar humano se realiza entre dos habitáculos: El espacio o dimensión de lugar, el dónde se habita o se intenta construir la prestancia; y el tiempo o dimensión del cuándo habitar. Ambas dimensiones están relacionadas pues el dónde siempre se comprende desde el cuándo: ¿En cuál(es) momento(s) estoy habitando ese dónde? Y viceversa, pues el cuándo siempre requiere una ubicación. ¿Dónde estoy en este momento o momentos, habitando?  Esta relación de ambas dimensiones está afectada por lo, hasta hoy, irrepetible o irreversible del tiempo. El tiempo en esencia pasa y no vuelve a pasar.

           Son las configuraciones de espacio y tiempo que construimos o creamos al habitar y (al interactuar, interrelacionarnos, intercambiar) al ir decidiendo ser lo que vamos siendo, eso  que hace habitable el habitar. Son configuraciones cambiantes por la edad, la época, la cultura, la acción y la organización social. También y de manera impactante esas configuraciones cambian por los inventos de la creación humana, por el lenguaje, herramientas y artefactos creados para la comunicación. Es el caso, para nuestro tema, de la invención de la red internet, que implanta nuevas configuraciones sobre nuestra, acostumbrada hasta entonces, noción de espacio y, en consecuencia, de tiempo. Los cambios son muchos. Por ejemplo: El modo de  buscar información, la creación de la propia identidad en la red, la amplificación de lo dicho por cada quien, la copresencia,  la producción y difusión de lo propio en diversos formatos, la configuración mediática de la agenda, la movilidad y la ubicuidad.

           Frente a estos cambios, es impresionante la actualidad de lo dicho por Heidegger hace 60 años:

“La auténtica penuria del habitar reside en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar; de que tienen que aprender primero a habitar. Pero, ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mismos, llevar el hábitat a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar[1].”

Aprender

            La verdad con la que actuamos y organizamos nuestro hacer es una construcción colectiva. El conocimiento requiere de una comunidad que lo valide y se pueda replicar por cualquier persona. El conocimiento es un fenómeno emergente de la red de humanos y no humanos habitantes del mundo. El conocimiento no está en la mente de las personas ni en lugares estancos del mundo, sino en los flujos, las conexiones y, en general, en el conjunto de relaciones que constituyen las diversas redes del mundo.

            Aprender, como el proceso de generación de la capacidad humana para comprender e incidir en nuestra realidad siempre ha ocurrido en red, con otros. No hay aprendizaje que no sea en red. Aprender implica una capacidad humana con la cual nos enfrentamos a la realidad. Los eventos que componen el aprendizaje o acto resultado de aprender aun es un misterio. No obstante, el conocimiento del aprendizaje ha logrado establecer algunas notas constitutivas, sin todavía ser capaz de dar cuenta de todos los matices del proceso implicado en la constitución de tales notas.

Las personas aprendemos cuando experimentamos. Reconocemos sensaciones, les damos nombre, las distinguimos, reconocemos lo que producen, etc.  Por ejemplo, tenemos la sensación interna a la cual nombramos hambre. Comemos, bebemos, nos sentimos satisfechos pues la sensación interna de hambre desaparece, y reconocemos que comer y beber nos produce una sensación que llamamos placidez; al fin, reconocemos que ciertos alimentos y bebidas nos satisfacen mejor el hambre o nos producen mayor placer. Así, aprendemos cuáles alimentos y bebidas vamos a preferir y por qué. Aprendemos a comer.

También aprendemos, y quizá con mayor profundidad, en la interacción con otras personas, pues las experiencias de otros y lo aprendido por esos otros, nos puede suscitar lo mismo que las experiencias propias.

El aprendizaje más complejo sucede cuando conocemos, cuando hacemos acto la intención de acceder al conocimiento, ese que se ha producido y validado por el conjunto de relaciones de los humanos entre sí y con su hábitat. El aprendizaje resulta en la capacidad de aplicar el conocimiento, traducirlo en un saber hacer reflexivo  y transferible a las diferentes situaciones de la vida.

Aprender en la red Internet

Entre otras estructuras de red, hay una llamada “sin escala” que se caracteriza por un pequeño número de entidades o nodos con numerosas conexiones y un gran número de entidades o nodos con un número mucho menor de conexiones. Son redes donde hay unos pocos nodos altamente conectados y una mayoría de nodos apenas conectados. Esto genera un desbalance en cuanto a la influencia que estos nodos altamente conectados pueden ejercer en la construcción de la verdad. La sociedad red es de esta índole; es decir, que existen unas pocas entidades corporativas de comunicación con una enorme capacidad para hacer llegar a la mayoría ciertos contenidos que pueden definir, para todo un grupo social, una verdad o saber construido.

           Manuel Castells, en una presentación[2] de su libro Comunicación y Poder, dice:


“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación…

En el libro citado asegura “Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social[3].”

            Frente a este escenario, sin duda nuevo por la magnitud e influencia de los “nodos superconectados” el aprendizaje de cualquier cosa, el aprendizaje en red, requiere de procesos que inicien con la incorporación, de manera intencionada, de la diversidad de opiniones y fuentes de información, con el ánimo de facilitar “el empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades [superconectadas][4]”. A través de la inclusión intencionada de la diversidad será posible la construcción de la autonomía de cada una de las personas-nodo que participan en la red; siempre y cuando estas personas actúen en libertad.

            El empoderamiento individual aunado con la libertad hacen posible pensar en red; es decir, hacen posible dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones. Es una búsqueda que implica querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda. Con la información existente en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto crecen de manera inconmensurable. Nuestra capacidad para pensar y aprender en red se incrementa según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos: interacción, apertura. No basta ese aparentemente pasivo “dejarse interpelar”, es necesario también un movimiento intencionado hacia otras personas o fuentes de información que nos ayuden a ampliar nuestro horizonte desde el cual vemos y pensamos ese algo específico. Esta búsqueda intencionada es otra de las dimensiones del pensar y aprender en red, y es en esta dimensión en la que el tamaño y calidad de la red con la que contamos se correlaciona con la calidad del saber del que somos capaces. Hay cosas que no sabemos porque nuestras conexiones no tienen acceso a ese saber. Así pues, pensar y aprender en red de manera intencionada consiste en la construcción permanente del sujeto en red, es decir, de su verdad

            Esta construcción permanente del sujeto en red contiene el aprendizaje a lo largo de la vida según sus intereses y gustos. Un aprendizaje que se asocia con la red Internet donde la abundancia parece ser su característica principal: abundancia de información, de personas, de herramientas, de artefactos, etcétera. Una abundancia que modifica la velocidad de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La abundancia y la velocidad pueden abrumarnos de tal manera que ya no sea posible percibir lo que sucede ya sea porque sucede con una rapidez mayor a nuestra capacidad de percepción (como los trucos del mago) o por no poderlos distinguir entre las muchas otras cosas de las que nos hacemos. Creemos, pues, que conviene tener asideros para navegar en medio de esa abundancia que se mueve y nos mueve a enorme velocidad. El artilugio conceptual que nos sirve de asidero en esta inmensidad creciente es el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA)[5], artilugio  que contiene:

    • Los temas que son de mi interés, que me han movido o me mueven.
    • Los problemas que en este momento tengo frente a mí y que me tienen ocupado.
    • Las tecnologías que empleo para aprender o trabajar con esos temas o problemas. Tecnologías en su sentido amplio: mecánicas, eléctricas, electrónicas, conceptuales, procedimentales, etcétera.
    • Las personas con las que mantengo alguna conversación sobre uno de esos temas, aunque sea “de vez en cuando”.
    • Las personas a las que “sigo”, es decir, a las que leo aunque no tengo contacto con ellas.
    • Los textos y otras fuentes de información que son relevantes para mí.
    • Los lugares (geoespaciales e informáticos) en los que me encuentro con esas personas (ambos tipos, que leo y con las que converso).

El APA así definido (con cierto grado de abstracción en tanto que sería un trabajo enorme detallar sus características), nos da una idea del modo en que aprendemos y, sobre todo, nos da la posibilidad de navegar en la red según nuestros propios intereses, en cada momento; implica además, una identidad clara respecto de nuestros propios gustos e intereses, y conforma de algún modo la representación de nuestra identidad en red.

Aprender en red en la red

            Para aprender a aprender en red en la red es necesario comenzar por conocer la misma red Internet: conocer sus  operaciones, herramientas, mediaciones, conexiones posibilidades y ataduras para llegar a habitarla, es decir, para hacerla nuestra y dejar que nos reconfigure.  Para habitar la red es necesario participar en ella de manera cotidiana, reconocernos en los cambios que ha formulado para el mundo de hoy y en ella aprender.

           Cuatro criterios nos permiten asegurar que este aprender en red sea lo más adecuado: autonomía, diversidad, interacción y apertura (Downes, 2005). Estos cuatro criterios pueden operarse sólo si la participación en la red se hace con familiaridad; es decir, si se habita la red en un continuo. Para ello, creemos que hay algunas operaciones básicas (que en cada momento podrán estar relacionada con ciertas herramientas): construir la identidad propia, conectarse y dialogar, gestionar la información, comunicar lo propio y hacerlo público, crear diversas narrativas y por diversos medios, producir con otros, producir a partir de lo de otros, cuidar la privacidad propia y la de otros, y actuar de manera reflexiva.

           Habitar la red es ahora una práctica cotidiana que influye en el crecimiento personal. Requiere una experiencia de participación con los criterios ya mencionados de autonomía, diversidad, interacción y apertura.

  

Documento elaborado en el Centro de Aprendizaje en Red del ITESO

Enero de 2013


[1] Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar.  Conferencia. Disponible en línea en http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

[2] Castells, Manuel (2010). Presentación de su libro Comunicación y Poder, en https://www.youtube.com/watch?v=Z2PmCEPE5iI

[3] Castells, Manuel (2009, p. 29). Comunicación y poder. Alianza Editorial. España.

[4] Downes, Stephen (2005). Introducción al conocimiento conectivo. http://es.scribd.com/doc/80792249/Stephen-Downes-Una-Introduccion-Al-Conocimiento-Conectivo

[5] También se le llama Entorno Personal de Aprendizaje (EPA) o PLE, por sus siglas en inglés. Probablemente una mejor denominación es la de Red de Aprendizaje Personal, aunque RAP ya es muy conocido y escuchado.