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Esta semana comenzamos, en ExplorArTIC, la conversación sobre el conectivismo. George Siemens escribió en 2005 “Conectivismo: Una teoría de aprendizaje para la era digital” que Diego Leal tradujo al español.

En este texto, Siemens define el aprendizaje de la siguiente manera:

“El aprendizaje es un proceso que ocurre al interior de ambientes difusos de elementos centrales cambiantes -que no están por completo bajo control del individuo. El aprendizaje (definido como conocimiento aplicable) puede residir fuera de nosotros (al interior de una organización o base de datos), está enfocado en conectar conjuntos de información especializada, y las conexiones que nos permiten aprender más tienen mayor importancia que nuestro estado actual de conocimiento.”

Y en la definición aparecen coas interesantes. Lo primero es que lo define como un proceso, no como un producto. Luego que ocurre en ambientes, es decir, que no es algo que resida en necesariamente en el individuo. Es decir, que de alguna manera es una definición de aprendizaje adecuada para un estado necesitado de dar respuesta a un entorno; más aún, de un individuo en ese estado. Me resulta interesante en tanto que eso sucede, pero no acabo de saber si eso es aprender en su sentido original, ese de aprehender. Pongo un ejemplo:

El día de ayer, Diego nos envió una representación de la participación del grupo en Twitter, una gráfica muy interesante y atractiva. Inmediatamente seleccioné (cuántos no lo hicieron) el botón “make your own” para trabajarlo con un grupo de profesores que estamos en un curso cuyo propósito es aprender a aprender en la red y por ese camino “habitar la red”.

Al seleccionar el botón “llegué” a una página escrita por el autor, Martin Hawksey, de todo el mecanismo “mashup” para hacer este gráfico. Lo hice y se lo mandé a las personas con quienes hago equipo en el ITESO, todos estamos a cargo de estos procesos de formación llamados enREDarse para Aprender. Rápidamente, Liliana me contestó que les enseñara a hacer esto, ella también había visto el gráfico que envió Diego. Mi respuesta fue la siguiente:

Lo primero es afirmar que no sé cómo se hace; es decir, tengo una idea (podría decir que buena y amplia) sobre lo que este señor, Martin Hawksey, hace para lograr esta representación; de hecho, en una de las partes del procedimiento que describe está el código del programa que hizo. Lo interesante es que sabiendo Java y sabiendo algo de programación, no lo podría hacer en este momento. Ahora bien, si sigo al pie de la letra sus pasos el resultado es el grafo publicado. Me parece que a esto se refiere Siemens cuando habla del aprendizaje en los artefactos tecnológicos (a este aprendizaje que cito más arriba); y me pregunto si hay allí un aprendizaje o si es un saber al que accedo. No me acabo de convencer de que por poder hacer la gráfica y enviarla a los demás, yo sepa ya algo, me refiero a algo más allá de seguir con precisión un procedimiento que, además está bien descrito. ¿Qué es entonces, el aprendizaje de la conexión, el aprendizaje en la conexión? ¿Realmente existe? Mhh, no lo sé, es una pregunta que cargo desde el año pasado. En lo que dice Siemens hay muchas cosas que me resuenan pero no puedo decir que ya aprendí a hacer los gráficos; aunque sí puedo decir que los puedo hacer porque está ya toda la tecnología para hacerlos. No es que lo haya aprendido, sino que lo puedo hacer gracias a que es un saber de la humanidad, además, a que ha sido ya sistematizado en un aplicación específica por una persona y, por último, porque la ha dispuesto para el uso de cualquier persona. A esto es a lo que Levy llama la Inteligencia Colectiva. Lo que puedo hacer gracias a la inteligencia colectiva me da un tipo de aprendizaje, es el aprendizaje necesario para acceder a un modo de hacer. Este aprendizaje es el que se incrementa con las conexiones (gracias Diego y ExplorArTC). Además, hay otro aprendizaje que requiere de un esfuerzo individual o colectivo, según sea el caso, para poder yo crear otra forma que pondré a disposición de todos. Sin la construcción conjunta podríamos llegar, ahora me parece verlo mejor, a esa Sociedad de la Ignorancia sobre la que conversábamos hace días.

Aprender en la no escuela

Wagrain, una ciudad turística en las frondosidades de los Alpes austríacos, vive a ritmo lento”, así empieza Carlo honoré el segundo capítulo de su libro “Elogio de la lentitud”; más adelante nos relata que cada año se reúnen en este lugar personas de distintos lugares para celebrar el movimiento por la lentitud. Un eslogan que apareció en una de esas conferencias decía “se comienza cuando es el momento adecuado” y en ocasiones, antes de iniciar algún encuentro deciden salir para “volver a pasear a la tortuga”. Este movimiento se pronuncia por un mundo que se resista a las demandas de rapidez de nuestros días, es un concepto que emerge en Europa y que empieza por valorar la comida de preparado o cocción lenta, así como el diseño lento. Asumen que la lentitud es el modo de lograr una vida sustentable como futuro deseable.

Para Geetha Narayanan (#change11), es una pedagogía que implica darle al alumno el tiempo para absorber, hacer introspección, contemplar, argumentar, rebatir y gozar una idea o experiencia, un problema o reto. Narayanan se ha dedicado a establecer nuevos modelos para instituciones educativas.  En la Conferencia Mundial de Sydney en 2006 afirmó que la reforma educativa en todo el mundo es imposible si la queremos imaginar y llevar a cabo a través de cambios de primer orden, es decir, cambios a través de reorganización o reestructuración de los componentes donde el centro está en la eficacia o los cambios en cualquier nivel que ponen el centro en la eficiencia. No nos queda otra alternativa, dijo, que hacer una reforma a través del diseño: diseñar un nuevo sistema que soporte y apoye la transformación personal y social, en esto consiste el aprendizaje del siglo XXI. Eso es lo que busca con el “Project Vision”.

Se trata de crear escuelas, o más bien no-escuelas, pequeñas en donde la relación entre profesores y alumnos no exceda al de 1:10. Estas no-escuelas contiene cuatro componentes:

Los centros de aprendizaje. la comunidad es representada como un espacio en términos de las interacciones y experiencias, y como un lugar en términos del centro de aprendizaje. Es una construcción modesta dentro del barrio. El segundo elemento está compuesto por “nodos” de aprendizaje, lugares especializados: talleres, medios, diseño, manualidades y tecnología, ciencia, museo comunitario. Unos donados por terceros, otros ofrecidos por el gobierno. El tercer componente se compone de las afueras (las expediciones urbanas y al campo) donde los estudiantes tienen la oportunidad de caminar, escalar y vivir otros retos físicos y emocionales. Se usan también para silenciar. El último de los componentes es el que sirve para enredarse y hacer comunidad… son espacios para la colaboración donde se alternan actividades en la red mundial y en la comunidad.

La pedagogía, en lugar de ser centrada en el estudiante y dirigida por el profesor, es negociada con el estudiante y enmarcada por el profesor. El proceso de aprendizaje está basado en proyectos y diseño y en su centro está la belleza y el ritmo, la estética y la ética. Se trata de aprender por y a través del diseño, usando las artes como modo para ver, mirar y contar.

La propuesta de Narayanan pareciera no tener cabida en una sistema formal de educación, por eso afirma que la reforma es imposible; sin embargo, se trabaja en la escuela Mallya aditi desde hace 25 años. Por otra parte, pareciera difícil la combinación entre la propuesta de aprendizaje lento y el uso de las tecnologías de información y comunicación. Para ello, Narayanan aclara que “ser fluente en tecnología es una necesidad”; dejarse llevar por las demandas de la premura y el incremento de la velocidad  en la percepción de las cosas implica un determinismo tecnológico que no ayuda en la construcción de los humano como tal.

Aprender en la abundancia

Martin Weller presentó en #Change11 parte de su propuesta planteada en su libro “The Digital Scholar: How Technology is Transforming Scholarly Practice. Bloomsbury Academic. En algunos de sus capítulos revisa las transformaciones a la práctica del maestro que ha generado la convergencia de los tres elementos clave de las TIC: digital, enredado y abierto.

En el octavo capítulo trata el tema relacionado con la abundancia de contenidos, como una de las consecuencias que ha significado el uso intensivo, global y móvil de las tecnologías de información y comunicación. Una abundancia que se observa en las prácticas de los alumnos y una buena cantidad de profesores.  El acceso a un documento se logra de una manera mucho más sencilla y fácil que en décadas anteriores. Aunque no toda la información el libre, parece haber caminos que hacen posible licencias de propiedad intelectual que abren la puerta al acceso gratuito de la información, aunque aún nos falta mucho por recorrer en este ámbito.

En este contexto, es necesario plantearnos, Weller lo hace, la conveniencia de una “pedagogía de la abundancia”, es decir, imaginar una propuesta formativa que parte del hecho de la abundancia y variedad de contenidos, así como las multiplicidad de medios en que se representa.

En los planteamientos sobre comunidades de práctica (Wrenger, 1991), aprendizaje basado en problemas (Barrows y Tamblyn, 1980), constructivismo (Ionasen, 1991) y conectivismo (Siemens, 2005) podemos encontrar fundamentos para imaginar modos para trabajar con la abundancia de contenidos en un proceso formativo.

En todas esta formas que imaginemos, me parece que veremos que una de las competencias más importantes a desarrollar, para aprender en un contexto de abundancia, es la capacidad de distinguir y discernir sobre la información con la que nos vamos topando para decidir cuál es la adecuada para lo que estamos buscando; así como la capacidad para buscar y localizar la información que requerimos, determinada nuestras propias limitaciones: no podemos ni siquiera “ver” todo lo que se nos presenta.

Por otra parte, y creo que es lo más importante, consiste en imaginar los caminos para que dentro de esa abundancia podamos detenernos para rumiar de manera parsimoniosa y gozosa las cosas con las que al hacerlo, nos enriquecemos y vamos creciendo. Vale la pena recordar a San Ignacio: “ no el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente ”. En las propuestas educativas que he tenido oportunidad de conocer, y que he imaginado, veo que aunado a la participación en los medios sociales activos en la red, es imprescindible el lugar desde el que cada uno de los estudiantes y profesores se expresa: el blog; en tanto que implica un esfuerzo de organización de las ideas, de lo aprendido; y de reflexión sobre ello.