Conversaciones en el ágora

El viernes pasado, 27 de junio, tuvimos una conversación del ágora (en este lugar se colocará la lista de participantes) en el ITESO con varios profesores. En las reuniones anteriores del ágora tuvimos la presentación de profesores y alumnos sobre su modo de entender la vida en la red, la red misma y el aprendizaje en red. Durante estas presentaciones apareció una gran diversidad de perspectivas. No puedo estar de acuerdo con todas; sin embargo, la mera diversidad es una buena ayuda para reflexionar y tomar postura. Algunos de los que estuvimos en esas reuniones (los viajeros frecuentes, dice Gabriela) elaboramos algún objeto (texto, esquema, imagen, etc.) sobre las tensiones que parece haber en esas presentaciones y que convendría conversar, discutir y, quizás, acordar. La conversación tuvo como referente este trabajo previo. En lo que sigue pongo algunos de lo temas que aparecieron durante la conversación y que he reconstruido junto con Liliana y Nilda.

1. En red y en la red. El aprendizaje en red no es una novedad, incluso la vida en red. Si quisiéramos hablar del aprendizaje en red de la manera más breve posible, propondría colocar como sus constitutivos la comunicación y la acción. Dos dos cosas que no suceden en aislamiento. La comunicación siempre implica a otro(s) y el hacer siempre es con las cosas. En algún momento, algún grupo decide algo que nos coloca, a las generaciones futuras, en un ambiente que tiene sus posibilidades y contiene sus restricciones. Vicente Leñero escribió en 1999 la novela “La vida que se va”, me gustó mucho. Tiene la historia múltiple de una persona; es decir, la vida que hubiera sido según los encuentros y decisiones que hubiera tenido a lo largo de su existencia. Es una novela que habla del modo en que lo otros y los otros nos hacen lo que vamos siendo y cómo eso que vamos siendo reconfigura el contexto; siempre haciendo con las cosas y comunicandonos. Es la vida en red, y es donde comprendemos el aprendizaje en red, dicho con la brevedad que contiene equívocos para imaginar detalles.

La red Internet trae configuraciones de mundo diferentes. Una de ellas es la abundancia: de información, de flujos, de conexiones; junto con el gran incremento de la velocidad de las cosas y la facilidad para expresar nuestras cosas en múltiples narrativas. Todo esto junto hace que el nodo central y centralizador que era el profesor, en tanto que poseedor único de un saber, deje de serlo. El acceso a la información sobre las cosas que nos importan tiene ya otros caminos expeditos y que nos llevan a las fuentes originales. De cada uno de nosotros, profesores y alumnos, sigue siendo valiosa la experiencia sedimentada y reflexionada.

2. Ayudar a que otros puedan ir siendo lo que quieren. Un tema frecuente al hablar de educación tiene que ver con la evaluación. Al pensar sobre este tema me doy cuenta de que tenemos un constructo cultural que nos lleva a creer que nuestro saber vale cuando otro dice que ya sabemos, un otro que alguna institución ha dicho, por nombrarlo profesor, que sabe del tema. Este constructo, me parece, es una derivación de la institucionalización de lo educativo; es decir, que mientras las personas se acercaban al ágora (o sus similares a lo largo de la historia) con un interés por aprender, la evaluación no tenía sentido. Esta se instala con cierto sentido al definir como sociedad aquello que todos deben aprender.

La institución educativa y los que en ella participamos, mucho se ha hablado de esto, podemos imaginar otros procesos mediante los cuales cada quien pueda identificar sus gustos, intereses y pasiones, y discernir las acciones que conviene llevar a cabo para aprender lo que quiere; así como ayudar a construir la capacidad para discernir lo que sé y lo que me hace falta para llegar a donde quiero llegar, sabiendo que los caminos que se recorren normalmente no tienen fin.  BUeno, pues la Red Internet amplía de manera antes no imaginada las posibilidades de aprender cualquier cosa, y esto me hace pensar que es buen momento para reforzar la idea de diseñar escenarios educativos para ayudar a las personas a ir siendo lo que quieren. Desde esta perspectiva, “aprender a aprender y aprender a aprender en la red” siendo una competencia fundamental, se funden en una sola realidad cotidiana donde la expresión del y reflexión sobre, el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA o PLE por sus siglas en inglés) cobra gran importancia en tanto que se constituye en la referencia clave para el aprendizaje continuo a lo largo de toda la vida.
Tratamos otros temas. Estos me parecieron muy relevantes. El ágora sigue en conversación y traeré algunas otras cosas.

Diseño de situaciones de aprendizaje en red y en la red (primavera 2014)

Hace cinco semanas iniciamos la experiencia para el Diseño de Situaciones de Aprendizaje en Red y en la Red (DARR). Es una experiencia en la que iniciamos una búsqueda sobre el aprendizaje en red y en la red que nos ayude a imaginarnos mediaciones para el aprendizaje en el futuro próximo. La experiencia la iniciamos con tres “marcos” mínimos de referencia: el primero contiene algunas propuestas experimentales en la red, hechas en cualquier lugar del mundo, que nos ayudan a imaginar cursos de acción iniciales (toda la información se encuentra en la página del sitio). En el segundo trabajamos la noción del aprendizaje según la metáfora de la acumulación, la participación y la creación del conocimiento. En este último, incluimos el tema de las conexiones para el aprendizaje. El tercer marco parte de la idea de “aprender en red” que hemos ido trabajando con las ideas de varias personas con quienes estamos en deuda por lo que han hecho y pensado.

Cada quien hace una propuesta para trabajar con sus alumnos. Conversamos sobre estas propuestas, ya sea en las sesiones sincrónicas que tenemos semanalmente o en un grupo en Facebook que abrimos para este propósito y al que cualquier otra persona puede entrar y conversar.

Las propuestas son muy interesantes y, a través de las conversaciones que hemos tenido, cada quien las ha ido puliendo. Al mismo tiempo, estas propuestas, ya sea por lo conversado, ya por lo que sucede al ponerla en práctica, nos ha ayudado a describir el lugar en el que estamos y un camino inicial y tentativo de por dónde convendría seguir experimentando.

Los invito a conocer estas propuestas. En el sitio de DARR se encuentran todas las ligas necesarias para conocer todo lo que hemos hecho aquí, y que ha sido compartido por cada participante. Son muchas las pregunta que nos hemos hecho en este viaje: ¿qué significa descentrar la red que se establece entre los participantes del aprendizaje? ¿Es necesario responder a todos, todo lo que dicen? ¿cómo atender ahora las interpretaciones erróneas de los alumnos? ¿qué hacemos con tanta información? ¿qué cosas son las que tengo que hacer para dejar el control de lo que sucede? ¿cuántas herramientas saben nuestros alumnos? ¿qué pasa si les pido que hagan algo que no sé si lo sepan hacer? ¿cómo podemos tejer una red de relaciones? ¿como animar los intereses de mis alumnos? ¿qué y cómo evaluar?

Claro que ninguna de estas preguntas tiene una respuesta definitiva, hemos hecho aproximaciones, muchas de estas aproximaciones nos han gustado, el recorrido está en el sitio de DARR. Lo que sí podemos afirmar con gran entusiasmo es que los recorridos de nuestros alumnos frente a estas propuestas nos han sorprendido gratamente. Toman el control de lo suyo y lo llevan a buen término como si eso fuera a lo que estamos acostumbrados. Estamos agradecidos con ellos. Entre las preguntas, lo conversado y lo hecho por los alumnos, aparece un entramado con miles de detalles, en un trabajo muy laborioso, de alguna manera compartido, colectivo y anónimo, de gran fuerza constructiva; que me recuerda el Santuario de Atotonilco en Guanajuato:
Santuario de Atotonilco Guanajuato
El sitio de DARR: http://darr.academia.iteso.mx/

 

Algunos hallazgos de formación

El lunes pasado, 26 de agosto, en el marco del Congreso Iberoamericano de Aprendizaje Mediado por Tecnología, CIAMTE 2013, presentamos tres breves textos, cada uno de ellos relacionado con una de las rutas de formación que ofrece el Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO. La primera se tituló “Experiencia de formación de profesores universitarios para habitar la red” y trata sobre el camino que recorre un profesor, en realidad cualquier persona, para habitar la red y el significado de hacerlo. Aquí les dejo la grabación que hice, con algunos problemillas:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=02Ukf89T0go&w=480&h=360]

La segunda trató de la experiencia Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea (TRAL), organizada por un equipo de personas que nos reunimos a conversar hasta que llegamos a esta propuesta basada en un diseño original de Diego Leal Fonseca, quien coordinó al equipo moderador y la experiencia misma de TRAL. En la presentación de este trabajo participamos a nombre de todo el equipo, Luz Pearson, Paola Dellepiane y yo, La grabación de esta presentación la hicimos en un Hangout de G+ que Luz coordinó de excelente manera:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=3nB9kO4nBYc&w=480&h=360]

El tercer texto se titula “Creación de escenarios para el aprendizaje en red”, una experiencia de formación en la que se convoca a los participantes a imaginar posibilidades de creación del conocimiento en la red y en red. La grabación de esta presentación no contiene la primera parte que es la descripción de la propuesta (esa se puede ver en http://ruta3darr.weebly.com/, pero sí tiene los primeros hallazgos que nos encontramos y que me parecen valiosos:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=YKaVJB7Qky4&w=480&h=360]

 

Producción de contenidos y acceso libre

Mineral de Pozos
De lunes a miércoles de ésta semana (24-26 de junio) estuvimos en un interesante seminario que coordinó Miquel de Moragas sobre políticas Culturales y políticas de Comunicación y organizado por el Programa de Investigación del Departamento de Estudios Socio Culturales del ITESO. El propósito fue analizar la evolución de estas políticas frente a la convergencia digital y la mundialización. El seminario tuvo tres partes, una por día.

Con el presupuesto de que toda política de comunicación debiera ser también una política cultural y viceversa, la primera parte se centró en las características de estas políticas y de su evolución. En la década de los 70-80 nacen las políticas nacionales de comunicación. Este dato es importante en tanto que, a pesar de que la televisión ya tenía poco más de 20 años de haberse desarrollado, estas décadas, 70 y 80, marcan el primer avance en el uso de Internet, y su expansión empieza en la década de los 90 con el uso de los “navegadores WWW” y los buscadores, de entre los cuales sabemos que se consolidó Google.

En esta misma década, la UNESCO lleva a cabo la Convención sobre la diversidad de las experiencias culturales y en la Agenda Digital Europea se inscribe la Estrategia europea para el desarrollo e implantación de las tecnologías de información y la comunicación. El cambio durante estos años en las políticas estriba en trasladar el énfasis de la emisión de contenidos a la producción de estos. La lógica que sustenta este cambio es que con la red Internet suceden varias cosas antes inéditas.

La primera es que la red, a diferencia de los medios anteriores, hace posible hacer circular un contenido desde prácticamente cualquier lugar del mundo. La segunda es que esto hace que las instituciones culturales se conviertan, ellas mismas por el mero hecho de ser productoras de contenidos, en medios de comunicación, y esto transforma de manera radical el escenario mundial de la comunicación y, por lo tanto, de las políticas culturales y de comunicación.

La segunda parte del seminario incluyó un recorrido por las corrientes teóricas que han incidido en las políticas de comunicación y cultura: un recorte interesante y claro que inicia en Webster y Matelart, pasa por Benjamin oponiéndose a Adorno y la Escuela de Franckfurt; siguiendo a Ricoeur, De Certeau y Gramsci, al igual que a Bordieu y Freire, aceptando cierta influencia de Toffler con su Tercera Ola. Con Negroponte como el representante más descarado del nuevo neoliberalismo digital y Castells retomando en los estudios sociológicos de la red la tradición del análisis de lo urbano, con lo que nos tuvo atentos durante las décadas de los 60-70, y Martín Barbero como la mirada latinoamericana sobre estos temas.

La tercera parte fue una especie de diálogo entre Castells y Martín Barbero y relectura de sus textos a la luz de esta perspectiva, donde a Castells lo muestra como “MacLuhaniano”, sin citarlo una sola vez y recalca, sin abundar, en los cambios que Castells ve a raíz de la Internet: los espacios de flujos y los tiempos simultáneos que dotan a los nodos altamente conectado de un gran poder para transformar las mentes de las personas; y aquí, la novedad en Castells parece ser la inclusión del ámbito neurocientífico y psicológico en la configuración de la sociedad. De Martín Barbero, con quien se siente más afín, muestra tres cosas: 1) que cambia los puntos de vista de las teorías dominantes al des-hacerse de la fascinación científica del funcionalismo, de la inercia dogmática de la escolástica marxista y del estructuralismo semiótico francés; 2) que establece nuevas y creativas relaciones entre comunicación y cultura, y 3) que aporta a estos estudios la experiencia cultural, política y vital de los pueblos latinoamericanos.

Cierra el seminario afirmando que la globalización pone en juego la circulación de productos en un contexto de descentralización que concentra poder económico y una desterritorialización que “parece” hibridar las culturas.

Al final de estos tres momentos, y agradecido con Miguel de Moragas por lo que compartió, pero también extrañando la problematización de otro conjunto de problemas en boga relacionados con la red, la producción de contenidos y el acceso a la información, como los movimientos surgidos recientemente en Turquía y Brasil, el caso de Wikileaks y la reciente esfumada de Snowden o el temible PRISMA. Difícil tratar todo esto en tan poco tiempo.

Me quedo con la pregunta, quizás ya la propuesta sobre el modo de plantear políticas sobre las diversas infraestructuras de acceso a la información. Se habla de las carreteras de la información (o se hablaba) pero se asumen como carreteras privadas y de peaje; ¿cómo formular una política para que las carreteras y los nodos que conectan se pongan a disposición de todos? Por otra parte, están los grandes conductores de los flujos que transitan por la red: Google, Facebook, Twitter y otros más; y me pregunto ¿cómo podríamos formular una política que los hiciera bienes públicos? Unos donde cada quien puede decidir las claves con las que accede o busca información. Se trataría de una propuesta que va más allá del ámbito de la nación-estado en tanto que estos gigantes son de orden mundial, ¿vale la pena? Si sí,  ¿cómo hacerlo?

el Ágora del ITESO

El miércoles pasado, 22 de mayo, iniciamos el Ágora con una excelente conferencia de Diego Leal donde reflexionó sobre la posibilidad de incorporar en los procesos de formación esquemas y escenarios de acción dispuestos para fomentar la equidad, la democracia y así, promover la autonomía de cada persona en su propio proceso de aprender. El primer paso para ello sería imaginar procesos educativos en redes distribuidas y no en redes centralizadas, como es común proceder en educación. Aquella idea de Wheller sobre la pedagogía de la abundancia cobra sentido en el discurso de Diego Leal, porque no es simplemente un asunto de acceso a la información, sino de la construcción de otra ciudadanía; y esto es así, porque Internet nos confronta con otras formas de comprender y actuar la organización y modifica radicalmente nuestra noción del tiempo, Castells habla de tiempos simultáneos. No se trata de que de ahora en adelante no exista ninguna práctica centralizada, sino de que éstas tengan un sentido claro y específico orientado a construir estados deseados.

Hay ya muchas experiencias en la red que intentan abrir la información a todo mundo en la lógica de redes distribuidas; Entre las que menciona están Open Course, del MIT, la Open Learning Iniciative, de Carnegie Mellon University, la University of People,  la Peer 2 Peer University o los famosos MOOC (Masive Online Open Courses) de iniciativas como Udacity, Coursea o Edx; iniciativas que aún están en plataformas que pueden cerrarse y por eso aún vulnerables. Otra experiencia de ésta índole es Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea (#TRAL). Algunos participantes de TRAL estuvieron presentes en la conferencia a través de la emisión en línea de la misma y Twitter, entre ellos Natacha, Daniell, Edgar, Abril y Sergio, muchas gracias por acompañarnos.

La conferencia de Diego me fue evocando muchas reflexiones y preguntas. Una de ellas tiene que ver con el modo de estar o ser “enredados” con las cosas y con los otros, un enredamiento que va más allá de todo lo que parezca orden; quizás un enmarañamiento. Vamos, somos las cosas de las que hablamos, y las personas y colectivos con las que conversamos y convivimos; pero también con las cosas que traemos “colgando” o “enmarañadas” sin darnos cuenta, como la borona de hilo que se queda o “enmaraña” en el pantalón. Cada persona y cada cosa con su propia historia. Cada persona y cada cosa que no puede ser sin esa historia. Nuestra historia con cada artefacto tecnológico que hemos usado con sentido o con otra persona. La cosa que no puede ser sin la existencia de otras cosas… en fin, la vida en un mundo en donde cada uno y cada cosa dependemos unas de otras, donde ya no nos podemos imaginar más que enmarañados, e “intencionalmente” enredados; y quizás este sea el mensaje más contundente con el que me quedo: es preciso que cada uno de nosotros decidamos estar de una manera específica e intencionada en la red, porque de otra forma, las cosas y las personas, al enmarañárnos, pueden llegar a decidir nuestra vida por nosotros mismos. De aquí mi énfasis al final de la charla posterior a la conferencia: decidámonos a habitar la red, sólo entonces hablaremos de ella, sólo entonces imaginaremos posibilidades y diseñaremos escenarios para la acción, ya sea la educativa o de cualquier otra índole.

Después de la conferencia pasamos a las mesas para compartir las experiencias educativas experimentales que llevamos a cabo durante el semestre. La primera mesa rondó sobre la idea de habitar la red, el formato fue de presentación de las experiencias (10 minutos por persona) y conversación sobre las experiencias compartidas. Presentaron Alberto Minakata, Lorena Verde, Marisol Mota, Sandra Alvarado, Alfonso López y Salvador Ayala. Liliana, en su blog, hace una muy buena síntesis de lo conversado estas dos horas. Entre otras cosas se habló de las muchas maneras de habitar la red, que habitar la red implica un cercano y familiar hacer con las cosas de ese mundo, un hacer que poco a poco se vuelve cotidiano o, por lo menos, de un uso con regular frecuencia y con sentido. Que habitar la red tiene que ver con la construcción de conversaciones con nuevas conexiones, a través de los medios que ésta ofrece; así como, la ampliación de los contextos de actividad en la lógica de la ampliación (o extensión) de la persona que cada uno quiere ser y va siendo. Que las prácticas de formación abiertas son una oportunidad para el que aprende, por eso se convierten en una responsabilidad de índole ético: toda clausura cierra oportunidades y por eso es contrario al espíritu del crecimiento personal que implica toda formación. La apertura implica la posibilidad de comprender las cosas desde diversas perspectivas, con múltiples significados, lo que puede, en un momento dado, poner en cuestión las creencias más hondas de la persona… y eso, puede ayudar a crecer.

El jueves por la mañana, Gabriela Solano, nos platicó sobre lo que se ha encontrado desde el curso “Manejo de Información y Datos Numéricos”, curso que se ofrece en el ITESO para todos los alumnos. En su plática, Gabriela nos dijo que es importante que la relación con la información y el conocimiento sea trascendente. Analiza el desempeño de los alumnos desde la perspectiva del consumo y afirma que éste es una relación que no conocemos y que modifica nuestro acercamiento como sujetos. Es entonces cuando anota, me parece que con pertinencia, que coexistimos con las lógica del mercado, y por eso, es relevante pensar desde lo que el alumno quiere ser y no sólo desde los meros resultados. Así pues, y es aquí donde se me vienen reflexiones y preguntas… una de las tareas fundamentales consiste en un permanente “reinventar al sujeto”, reinventar al alumno para visibilizar sus conexiones y poder imaginar los posibles acercamientos a su contexto.

También descubrimos que esta mirada nos obliga a pensar en flujos en donde aparecen en los alumnos y profesores consumos similares, donde el fenómeno red multiplica su experiencia; así pues, una de las condiciones de la formación estriba en la oferta de accesos para ampliar miradas y posibilidades; a esto le llama pensar en red y es el ethos del profesor red.

Es pues, preciso un empeño serio, quizás desde los desarrollos de los estudios de las redes, un empeño por conocer sus tejidos y redes y evitar prescribir relaciones o conexiones para poder convocar por la vía de la creación de textos, contextos y pretextos. es decir, no sólo mirar losescenarioso desde la perspectiva del consumo, sino desde la creación, lo que nos lleva  al diseño de escenarios para la acción y el encuentro.

Después de la conferencia de Gabriela nos reunimos en una nueva mesa para trabajar el tema de la docencia en red. Presentaron sus experiencias Lourdes Centeno, Ana Isabel Gónzález, José Miguel Tomasena, Bernardo Cotero, Asela Burgos y Andrés Ruiz. Es interesante observar como las presentaciones dan cuenta de un espectro que va del uso de herramientas, ciertamente con un sentido explícito y diferenciado a los escenarios para la creación de conocimiento. De esto hablamos cuando experimentamos en la red; por eso podemos afirmar que nada está dicho al respecto y vale la pena experimentar. Durante las presentaciones nos damos cuenta de que el estatuto del saber en el mundo está definido como “en proceso”, y por eso se vuelve más importante que nunca preguntarnos qué aprender y cómo hacerlo.

Por la tarde, la tercera y última mesa la dedicamos al tema de la gestión en red con las presentaciones de las experiencias de Alejandra garcía bado, Carlos Aguirre y Cristina González junto con Marisia Sanjuán. Aparece la necesidad, no sólo conveniencia, de la creación de recursos y escenarios para el aprendizaje en red de manera colectiva. la red ofrece por sí misma una estructura de colaboración que es preciso operar para imaginar las posibilidades de la educación en el futuro.

En algunos momentos hubo microtalleres y exposiciones. Esas no las refiero aquí por la dificultad de su registro debido a la simultaneidad de los mismos.

El cierre del ágora la hicimos expresando cada  uno de los presentes su “audiotuit”, se puede escuchar aquí: http://twitcam.livestream.com/en6hr.

 

Para tejer

Estos días, después de un tiempo en que me pregunté lo mismo, vuelvo a cuestionarme sobre el significado de tejer; sobre todo ahora en el contexto de TRAL, donde queremos tejer redes de y para el aprendizaje. Estos cuestionamientos me han recordado a mi abuela, simplemente porque fue una gran tejedora, lo hacía por gusto. entre mis recuerdos la veo tejiendo o leyendo; como si en eso se le hubiera ido la vida. Aún conservo un par de cobijas y este jorongo que me regaló.



Nunca me habló sobre qué es tejer y en qué consiste. La observé haciéndolo, intentó enseñarme. No fue vano el intento, pero sí efímero. Nunca llegué a hacer una sola pieza, simplemente porque nunca ejercité lo suficiente. Ahora puedo afirmar que para tejer se requiere de mucha ejercitación, y que este mucho hacer y hacer con los hilos y la aguja nos va perfilando un modo preciso de ser cada uno de nosotros. Aunque tejamos lo mismo nunca tejemos igual; cada quien tiene su propio estilo de tejer. Por eso, podemos llegar a decir de alguna pieza “este es el tejido de fulana o fulano”. En la ejercitación vamos delineando nuestra propia prestancia, nuestro modo propio de hacer. Esto se lo aprendí a mi abuela y lo ví reflejado en las reflexiones de Ortega y Gasset, Ingold, Marías y Heidegger. Tejer redes de y para el aprendizaje también requiere de ejercitación, una en donde el arte de la conversación es fundamental; y aunque conversemos sobre lo mismo, no lo hacemos igual.

 

Pero la ejercitación al tejer, aunque empieza con aprender ciertas puntadas, cobra su sentido más amplio cuando se hace para crear algo. Podemos decir que estamos tejiendo cuando tenemos en mente para qué tejemos y qué es lo que resultará de esto. en ocasiones, sabemos también para quién estamos tejiendo. Sabemos que lo que imaginamos como producto final del tejido nunca es lo que resulta, pero aún así, “la cosa proyectada”, es decir, la pieza que imaginamos, sus formas, texturas y relaciones, organiza todas nuestras acciones de tejido. Sin un algo específico como producto el tejer se vuelve un mero hacer que termina en la acción misma; es decir, que no tiene trascendencia más allá de lo hecho: hacer y deshacer son acciones complementarias. Cuando hay un propósito o producto, el hacer se vuelve tejer, cobra sentido y significación; entonces podemos enunciar esa frase que dice mucho más de lo que creemos: “vale la pena hacerlo”. Tejer redes de y para el aprendizaje tiene sentido cuando sabemos el rumbo y el producto de lo que estamos conversando y tejiendo. Las personas con las que me encuentro en un tejido de esta índole tienen una voz y “vale la pena” pronunciarse frente a la voz del otro para reconocer el mundo y reconocernos a nosotros mismos.

 

Un buen día, mi abuela comenzó a practicar nuevas formas de tejer. Formas que incluyen el modo de sentarse, de tomar las agujas, de pasar el hilo por pora parte de la mano y no por la otra, y otro montón de cosas que no pude registrar y por eso se me escaparon, pero que exceden a lo que creemos el mero acto de tejer. Formas que dan cuenta de que cada acción se da en un ambiente enriquecido por un conjunto inimaginable de relaciones. Hoy en día dicen que eso es innovar, es decir “mejorar el proceso”. A mi me parece que hay algo de razón en esto que se dice; sin embargo, me gusta más pensar que es el camino en que cada uno descubre su modo propio de hacer con las cosas; es lo que cada quien da a los demás. En el tejido de las redes de y para el aprendizaje, esto se refiere al modo propio de construir un objeto en la conversación con otros; también una forma específica de mirar las cosas, cada quien tiene la suya, y la recibimos como regalo. Por eso, por ser regalo, parafraseando a Strathern, lo único que se espera es un intercambio. Este es el valor de compartir lo propio.

 

Con el tiempo y de alguna manera en un momento en que podemos decir que mi abuela ya era una gran tejedora, creó cosas nuevas. Ya venía inventando desde hacía tiempo. Al igual que en lo s inicios del tejido, supongo, se trataba de ensayar, ejercitar, hacer y volver a hacer hasta lograr primero, crear-imaginar la forma nueva y después el objeto con una forma parecida. Y con esta nueva forma, creó un nuevo mundo, sí, de ese tamaño, estoy seguro, porque el mundo lo viví de manera diferente con alguna de sus piezas. Así también, al tejer redes de y para el aprendizaje, aprenderemos nuevas conversaciones y formas de conversar y, con ello, podemos crear nuevos mundos. En este sentido, TRAL es una creación donde el mundo se ve diferente para los que participamos en ella; un mundo donde los medios para conversar son variados, diversos y, muchos de ellos, nuevos para nosotros. Podremos crear nuevas miradas sobre el mundo y sus objetos, unas que nos ayuden a promover más humanidad, más libertad, más gusto por la vida; al menos eso espero.


Así pues, ejercitar, proyectar, mejorar e inventar son rasgos propios del tejido de la redes de y para el aprendizaje. Son rasgos que, cuando los hemos incorporado, hecho nuestros y practicados de manera cotidiana, podemos convocar a otros y modelar el modo de hacerlo; sabiendo siempre que cad quien hace su camino.

Aprender en red y en la red

           Hace un par de meses, escribí un breve texto sobre el aprendizaje en red y en la red para el equipo del Centro de Aprendizaje en Red del ITESO (que por cierto me doy cuenta que no tenemos aún nuestro sitio web). El texto lo coloqué en un documento compartido y durante este tiempo lo hemos ido modificando, los del equipo del CAR y otros buenos amigos que nos han ayudado con sus colaboraciones. Sabemos que el documento que ha quedado aún está en proceso; sin embargo vimos conveniente comenzar a trabajar con la perspectiva que en él se muestra. Lo reproduzco a continuación:

Aprender en red y en la red

           Aprendizaje en red es un significado emergente. Alude a la reflexión generada cuando caemos en la cuenta de la interacción que tenemos con otras personas mediante el uso material y simbólico de las posibilidades creadas por la existencia de una conjunción, articulada de manera peculiar, de datos, relaciones, intercambios, señales y los elementos materiales que los sirven de vehículo. El presente documento se propone describir y definir algunos de los conceptos que el grupo de académicos del Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO utiliza para pensar, aplicar y dialogar acerca de la dimensión educativa que está en la entraña de ese significado emergente. El propósito de escribir es exponernos para dialogar, profundizar, enriquecer y modificar los supuestos y desarrollos iniciales aquí comunicados. No es un documento académico a la manera ortodoxa sino un escrito inacabado y en construcción colectiva cuyo carácter, por lo mismo, pide completarse y superarse con la ayuda sustantiva de los lectores.

Habitar

           La vida humana se entiende en la convivencia. La vida de cada uno de nosotros, nuestro mapa del mundo personal, se va haciendo en la interacción con lo otro: personas y cosas; cada encuentro (interacción, relación, distinción, etcétera) va rehaciendo este mapa; por eso, cada uno de nosotros somos en y con los otros, en y con lo otro.

           En estos encuentros vamos descubriendo aquello que creemos “más nuestro”: nuestros gustos, aquello que nos interesa, que nos mueve, a lo que nos dedicamos, lo que profesamos. Esta dedicación nos hace uno con el objeto y nos distingue; es decir, en esta dedicación vamos siendo nosotros mismos: somos lo que cuidamos, lo que cultivamos. Eso que se produce en el cuidado es aquello propio de nosotros mismos, lo que nos distingue. En el cuidado de las cosas del mundo y de nosotros mismos vamos construyendo ese entramado del mundo personal, a lo largo de la vida vamos “tejiendo” ese mapa, ese entramado; y de esta manera creamos un hábitat, una morada, un hogar, un mundo que nos resulta familiar.

           Habitar, dice Heidegger (1951), es cuidar. Por habitar, pues nos referimos al conjunto de actividades, relaciones, conexiones y procesos a través de los cuales las cosas adquieren un significado familiar, y son reconocibles en las actuaciones cotidianas como algo familiar; son también ese conjunto de actuaciones cotidianas a través de las cuales somos reconocidos. Habitar consiste en la permanente construcción de la prestancia que nos hace ser, a la vez, un yo y un nosotros.

Habitar la red

           El habitar humano se realiza entre dos habitáculos: El espacio o dimensión de lugar, el dónde se habita o se intenta construir la prestancia; y el tiempo o dimensión del cuándo habitar. Ambas dimensiones están relacionadas pues el dónde siempre se comprende desde el cuándo: ¿En cuál(es) momento(s) estoy habitando ese dónde? Y viceversa, pues el cuándo siempre requiere una ubicación. ¿Dónde estoy en este momento o momentos, habitando?  Esta relación de ambas dimensiones está afectada por lo, hasta hoy, irrepetible o irreversible del tiempo. El tiempo en esencia pasa y no vuelve a pasar.

           Son las configuraciones de espacio y tiempo que construimos o creamos al habitar y (al interactuar, interrelacionarnos, intercambiar) al ir decidiendo ser lo que vamos siendo, eso  que hace habitable el habitar. Son configuraciones cambiantes por la edad, la época, la cultura, la acción y la organización social. También y de manera impactante esas configuraciones cambian por los inventos de la creación humana, por el lenguaje, herramientas y artefactos creados para la comunicación. Es el caso, para nuestro tema, de la invención de la red internet, que implanta nuevas configuraciones sobre nuestra, acostumbrada hasta entonces, noción de espacio y, en consecuencia, de tiempo. Los cambios son muchos. Por ejemplo: El modo de  buscar información, la creación de la propia identidad en la red, la amplificación de lo dicho por cada quien, la copresencia,  la producción y difusión de lo propio en diversos formatos, la configuración mediática de la agenda, la movilidad y la ubicuidad.

           Frente a estos cambios, es impresionante la actualidad de lo dicho por Heidegger hace 60 años:

“La auténtica penuria del habitar reside en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar; de que tienen que aprender primero a habitar. Pero, ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mismos, llevar el hábitat a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar[1].”

Aprender

            La verdad con la que actuamos y organizamos nuestro hacer es una construcción colectiva. El conocimiento requiere de una comunidad que lo valide y se pueda replicar por cualquier persona. El conocimiento es un fenómeno emergente de la red de humanos y no humanos habitantes del mundo. El conocimiento no está en la mente de las personas ni en lugares estancos del mundo, sino en los flujos, las conexiones y, en general, en el conjunto de relaciones que constituyen las diversas redes del mundo.

            Aprender, como el proceso de generación de la capacidad humana para comprender e incidir en nuestra realidad siempre ha ocurrido en red, con otros. No hay aprendizaje que no sea en red. Aprender implica una capacidad humana con la cual nos enfrentamos a la realidad. Los eventos que componen el aprendizaje o acto resultado de aprender aun es un misterio. No obstante, el conocimiento del aprendizaje ha logrado establecer algunas notas constitutivas, sin todavía ser capaz de dar cuenta de todos los matices del proceso implicado en la constitución de tales notas.

Las personas aprendemos cuando experimentamos. Reconocemos sensaciones, les damos nombre, las distinguimos, reconocemos lo que producen, etc.  Por ejemplo, tenemos la sensación interna a la cual nombramos hambre. Comemos, bebemos, nos sentimos satisfechos pues la sensación interna de hambre desaparece, y reconocemos que comer y beber nos produce una sensación que llamamos placidez; al fin, reconocemos que ciertos alimentos y bebidas nos satisfacen mejor el hambre o nos producen mayor placer. Así, aprendemos cuáles alimentos y bebidas vamos a preferir y por qué. Aprendemos a comer.

También aprendemos, y quizá con mayor profundidad, en la interacción con otras personas, pues las experiencias de otros y lo aprendido por esos otros, nos puede suscitar lo mismo que las experiencias propias.

El aprendizaje más complejo sucede cuando conocemos, cuando hacemos acto la intención de acceder al conocimiento, ese que se ha producido y validado por el conjunto de relaciones de los humanos entre sí y con su hábitat. El aprendizaje resulta en la capacidad de aplicar el conocimiento, traducirlo en un saber hacer reflexivo  y transferible a las diferentes situaciones de la vida.

Aprender en la red Internet

Entre otras estructuras de red, hay una llamada “sin escala” que se caracteriza por un pequeño número de entidades o nodos con numerosas conexiones y un gran número de entidades o nodos con un número mucho menor de conexiones. Son redes donde hay unos pocos nodos altamente conectados y una mayoría de nodos apenas conectados. Esto genera un desbalance en cuanto a la influencia que estos nodos altamente conectados pueden ejercer en la construcción de la verdad. La sociedad red es de esta índole; es decir, que existen unas pocas entidades corporativas de comunicación con una enorme capacidad para hacer llegar a la mayoría ciertos contenidos que pueden definir, para todo un grupo social, una verdad o saber construido.

           Manuel Castells, en una presentación[2] de su libro Comunicación y Poder, dice:


“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación…

En el libro citado asegura “Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social[3].”

            Frente a este escenario, sin duda nuevo por la magnitud e influencia de los “nodos superconectados” el aprendizaje de cualquier cosa, el aprendizaje en red, requiere de procesos que inicien con la incorporación, de manera intencionada, de la diversidad de opiniones y fuentes de información, con el ánimo de facilitar “el empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades [superconectadas][4]”. A través de la inclusión intencionada de la diversidad será posible la construcción de la autonomía de cada una de las personas-nodo que participan en la red; siempre y cuando estas personas actúen en libertad.

            El empoderamiento individual aunado con la libertad hacen posible pensar en red; es decir, hacen posible dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones. Es una búsqueda que implica querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda. Con la información existente en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto crecen de manera inconmensurable. Nuestra capacidad para pensar y aprender en red se incrementa según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos: interacción, apertura. No basta ese aparentemente pasivo “dejarse interpelar”, es necesario también un movimiento intencionado hacia otras personas o fuentes de información que nos ayuden a ampliar nuestro horizonte desde el cual vemos y pensamos ese algo específico. Esta búsqueda intencionada es otra de las dimensiones del pensar y aprender en red, y es en esta dimensión en la que el tamaño y calidad de la red con la que contamos se correlaciona con la calidad del saber del que somos capaces. Hay cosas que no sabemos porque nuestras conexiones no tienen acceso a ese saber. Así pues, pensar y aprender en red de manera intencionada consiste en la construcción permanente del sujeto en red, es decir, de su verdad

            Esta construcción permanente del sujeto en red contiene el aprendizaje a lo largo de la vida según sus intereses y gustos. Un aprendizaje que se asocia con la red Internet donde la abundancia parece ser su característica principal: abundancia de información, de personas, de herramientas, de artefactos, etcétera. Una abundancia que modifica la velocidad de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La abundancia y la velocidad pueden abrumarnos de tal manera que ya no sea posible percibir lo que sucede ya sea porque sucede con una rapidez mayor a nuestra capacidad de percepción (como los trucos del mago) o por no poderlos distinguir entre las muchas otras cosas de las que nos hacemos. Creemos, pues, que conviene tener asideros para navegar en medio de esa abundancia que se mueve y nos mueve a enorme velocidad. El artilugio conceptual que nos sirve de asidero en esta inmensidad creciente es el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA)[5], artilugio  que contiene:

    • Los temas que son de mi interés, que me han movido o me mueven.
    • Los problemas que en este momento tengo frente a mí y que me tienen ocupado.
    • Las tecnologías que empleo para aprender o trabajar con esos temas o problemas. Tecnologías en su sentido amplio: mecánicas, eléctricas, electrónicas, conceptuales, procedimentales, etcétera.
    • Las personas con las que mantengo alguna conversación sobre uno de esos temas, aunque sea “de vez en cuando”.
    • Las personas a las que “sigo”, es decir, a las que leo aunque no tengo contacto con ellas.
    • Los textos y otras fuentes de información que son relevantes para mí.
    • Los lugares (geoespaciales e informáticos) en los que me encuentro con esas personas (ambos tipos, que leo y con las que converso).

El APA así definido (con cierto grado de abstracción en tanto que sería un trabajo enorme detallar sus características), nos da una idea del modo en que aprendemos y, sobre todo, nos da la posibilidad de navegar en la red según nuestros propios intereses, en cada momento; implica además, una identidad clara respecto de nuestros propios gustos e intereses, y conforma de algún modo la representación de nuestra identidad en red.

Aprender en red en la red

            Para aprender a aprender en red en la red es necesario comenzar por conocer la misma red Internet: conocer sus  operaciones, herramientas, mediaciones, conexiones posibilidades y ataduras para llegar a habitarla, es decir, para hacerla nuestra y dejar que nos reconfigure.  Para habitar la red es necesario participar en ella de manera cotidiana, reconocernos en los cambios que ha formulado para el mundo de hoy y en ella aprender.

           Cuatro criterios nos permiten asegurar que este aprender en red sea lo más adecuado: autonomía, diversidad, interacción y apertura (Downes, 2005). Estos cuatro criterios pueden operarse sólo si la participación en la red se hace con familiaridad; es decir, si se habita la red en un continuo. Para ello, creemos que hay algunas operaciones básicas (que en cada momento podrán estar relacionada con ciertas herramientas): construir la identidad propia, conectarse y dialogar, gestionar la información, comunicar lo propio y hacerlo público, crear diversas narrativas y por diversos medios, producir con otros, producir a partir de lo de otros, cuidar la privacidad propia y la de otros, y actuar de manera reflexiva.

           Habitar la red es ahora una práctica cotidiana que influye en el crecimiento personal. Requiere una experiencia de participación con los criterios ya mencionados de autonomía, diversidad, interacción y apertura.

  

Documento elaborado en el Centro de Aprendizaje en Red del ITESO

Enero de 2013


[1] Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar.  Conferencia. Disponible en línea en http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

[2] Castells, Manuel (2010). Presentación de su libro Comunicación y Poder, en https://www.youtube.com/watch?v=Z2PmCEPE5iI

[3] Castells, Manuel (2009, p. 29). Comunicación y poder. Alianza Editorial. España.

[4] Downes, Stephen (2005). Introducción al conocimiento conectivo. http://es.scribd.com/doc/80792249/Stephen-Downes-Una-Introduccion-Al-Conocimiento-Conectivo

[5] También se le llama Entorno Personal de Aprendizaje (EPA) o PLE, por sus siglas en inglés. Probablemente una mejor denominación es la de Red de Aprendizaje Personal, aunque RAP ya es muy conocido y escuchado.