Algunos hallazgos de formación

El lunes pasado, 26 de agosto, en el marco del Congreso Iberoamericano de Aprendizaje Mediado por Tecnología, CIAMTE 2013, presentamos tres breves textos, cada uno de ellos relacionado con una de las rutas de formación que ofrece el Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO. La primera se tituló “Experiencia de formación de profesores universitarios para habitar la red” y trata sobre el camino que recorre un profesor, en realidad cualquier persona, para habitar la red y el significado de hacerlo. Aquí les dejo la grabación que hice, con algunos problemillas:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=02Ukf89T0go&w=480&h=360]

La segunda trató de la experiencia Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea (TRAL), organizada por un equipo de personas que nos reunimos a conversar hasta que llegamos a esta propuesta basada en un diseño original de Diego Leal Fonseca, quien coordinó al equipo moderador y la experiencia misma de TRAL. En la presentación de este trabajo participamos a nombre de todo el equipo, Luz Pearson, Paola Dellepiane y yo, La grabación de esta presentación la hicimos en un Hangout de G+ que Luz coordinó de excelente manera:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=3nB9kO4nBYc&w=480&h=360]

El tercer texto se titula “Creación de escenarios para el aprendizaje en red”, una experiencia de formación en la que se convoca a los participantes a imaginar posibilidades de creación del conocimiento en la red y en red. La grabación de esta presentación no contiene la primera parte que es la descripción de la propuesta (esa se puede ver en http://ruta3darr.weebly.com/, pero sí tiene los primeros hallazgos que nos encontramos y que me parecen valiosos:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=YKaVJB7Qky4&w=480&h=360]

 

Producción de contenidos y acceso libre

Mineral de Pozos
De lunes a miércoles de ésta semana (24-26 de junio) estuvimos en un interesante seminario que coordinó Miquel de Moragas sobre políticas Culturales y políticas de Comunicación y organizado por el Programa de Investigación del Departamento de Estudios Socio Culturales del ITESO. El propósito fue analizar la evolución de estas políticas frente a la convergencia digital y la mundialización. El seminario tuvo tres partes, una por día.

Con el presupuesto de que toda política de comunicación debiera ser también una política cultural y viceversa, la primera parte se centró en las características de estas políticas y de su evolución. En la década de los 70-80 nacen las políticas nacionales de comunicación. Este dato es importante en tanto que, a pesar de que la televisión ya tenía poco más de 20 años de haberse desarrollado, estas décadas, 70 y 80, marcan el primer avance en el uso de Internet, y su expansión empieza en la década de los 90 con el uso de los “navegadores WWW” y los buscadores, de entre los cuales sabemos que se consolidó Google.

En esta misma década, la UNESCO lleva a cabo la Convención sobre la diversidad de las experiencias culturales y en la Agenda Digital Europea se inscribe la Estrategia europea para el desarrollo e implantación de las tecnologías de información y la comunicación. El cambio durante estos años en las políticas estriba en trasladar el énfasis de la emisión de contenidos a la producción de estos. La lógica que sustenta este cambio es que con la red Internet suceden varias cosas antes inéditas.

La primera es que la red, a diferencia de los medios anteriores, hace posible hacer circular un contenido desde prácticamente cualquier lugar del mundo. La segunda es que esto hace que las instituciones culturales se conviertan, ellas mismas por el mero hecho de ser productoras de contenidos, en medios de comunicación, y esto transforma de manera radical el escenario mundial de la comunicación y, por lo tanto, de las políticas culturales y de comunicación.

La segunda parte del seminario incluyó un recorrido por las corrientes teóricas que han incidido en las políticas de comunicación y cultura: un recorte interesante y claro que inicia en Webster y Matelart, pasa por Benjamin oponiéndose a Adorno y la Escuela de Franckfurt; siguiendo a Ricoeur, De Certeau y Gramsci, al igual que a Bordieu y Freire, aceptando cierta influencia de Toffler con su Tercera Ola. Con Negroponte como el representante más descarado del nuevo neoliberalismo digital y Castells retomando en los estudios sociológicos de la red la tradición del análisis de lo urbano, con lo que nos tuvo atentos durante las décadas de los 60-70, y Martín Barbero como la mirada latinoamericana sobre estos temas.

La tercera parte fue una especie de diálogo entre Castells y Martín Barbero y relectura de sus textos a la luz de esta perspectiva, donde a Castells lo muestra como “MacLuhaniano”, sin citarlo una sola vez y recalca, sin abundar, en los cambios que Castells ve a raíz de la Internet: los espacios de flujos y los tiempos simultáneos que dotan a los nodos altamente conectado de un gran poder para transformar las mentes de las personas; y aquí, la novedad en Castells parece ser la inclusión del ámbito neurocientífico y psicológico en la configuración de la sociedad. De Martín Barbero, con quien se siente más afín, muestra tres cosas: 1) que cambia los puntos de vista de las teorías dominantes al des-hacerse de la fascinación científica del funcionalismo, de la inercia dogmática de la escolástica marxista y del estructuralismo semiótico francés; 2) que establece nuevas y creativas relaciones entre comunicación y cultura, y 3) que aporta a estos estudios la experiencia cultural, política y vital de los pueblos latinoamericanos.

Cierra el seminario afirmando que la globalización pone en juego la circulación de productos en un contexto de descentralización que concentra poder económico y una desterritorialización que “parece” hibridar las culturas.

Al final de estos tres momentos, y agradecido con Miguel de Moragas por lo que compartió, pero también extrañando la problematización de otro conjunto de problemas en boga relacionados con la red, la producción de contenidos y el acceso a la información, como los movimientos surgidos recientemente en Turquía y Brasil, el caso de Wikileaks y la reciente esfumada de Snowden o el temible PRISMA. Difícil tratar todo esto en tan poco tiempo.

Me quedo con la pregunta, quizás ya la propuesta sobre el modo de plantear políticas sobre las diversas infraestructuras de acceso a la información. Se habla de las carreteras de la información (o se hablaba) pero se asumen como carreteras privadas y de peaje; ¿cómo formular una política para que las carreteras y los nodos que conectan se pongan a disposición de todos? Por otra parte, están los grandes conductores de los flujos que transitan por la red: Google, Facebook, Twitter y otros más; y me pregunto ¿cómo podríamos formular una política que los hiciera bienes públicos? Unos donde cada quien puede decidir las claves con las que accede o busca información. Se trataría de una propuesta que va más allá del ámbito de la nación-estado en tanto que estos gigantes son de orden mundial, ¿vale la pena? Si sí,  ¿cómo hacerlo?

Para tejer

Estos días, después de un tiempo en que me pregunté lo mismo, vuelvo a cuestionarme sobre el significado de tejer; sobre todo ahora en el contexto de TRAL, donde queremos tejer redes de y para el aprendizaje. Estos cuestionamientos me han recordado a mi abuela, simplemente porque fue una gran tejedora, lo hacía por gusto. entre mis recuerdos la veo tejiendo o leyendo; como si en eso se le hubiera ido la vida. Aún conservo un par de cobijas y este jorongo que me regaló.



Nunca me habló sobre qué es tejer y en qué consiste. La observé haciéndolo, intentó enseñarme. No fue vano el intento, pero sí efímero. Nunca llegué a hacer una sola pieza, simplemente porque nunca ejercité lo suficiente. Ahora puedo afirmar que para tejer se requiere de mucha ejercitación, y que este mucho hacer y hacer con los hilos y la aguja nos va perfilando un modo preciso de ser cada uno de nosotros. Aunque tejamos lo mismo nunca tejemos igual; cada quien tiene su propio estilo de tejer. Por eso, podemos llegar a decir de alguna pieza “este es el tejido de fulana o fulano”. En la ejercitación vamos delineando nuestra propia prestancia, nuestro modo propio de hacer. Esto se lo aprendí a mi abuela y lo ví reflejado en las reflexiones de Ortega y Gasset, Ingold, Marías y Heidegger. Tejer redes de y para el aprendizaje también requiere de ejercitación, una en donde el arte de la conversación es fundamental; y aunque conversemos sobre lo mismo, no lo hacemos igual.

 

Pero la ejercitación al tejer, aunque empieza con aprender ciertas puntadas, cobra su sentido más amplio cuando se hace para crear algo. Podemos decir que estamos tejiendo cuando tenemos en mente para qué tejemos y qué es lo que resultará de esto. en ocasiones, sabemos también para quién estamos tejiendo. Sabemos que lo que imaginamos como producto final del tejido nunca es lo que resulta, pero aún así, “la cosa proyectada”, es decir, la pieza que imaginamos, sus formas, texturas y relaciones, organiza todas nuestras acciones de tejido. Sin un algo específico como producto el tejer se vuelve un mero hacer que termina en la acción misma; es decir, que no tiene trascendencia más allá de lo hecho: hacer y deshacer son acciones complementarias. Cuando hay un propósito o producto, el hacer se vuelve tejer, cobra sentido y significación; entonces podemos enunciar esa frase que dice mucho más de lo que creemos: “vale la pena hacerlo”. Tejer redes de y para el aprendizaje tiene sentido cuando sabemos el rumbo y el producto de lo que estamos conversando y tejiendo. Las personas con las que me encuentro en un tejido de esta índole tienen una voz y “vale la pena” pronunciarse frente a la voz del otro para reconocer el mundo y reconocernos a nosotros mismos.

 

Un buen día, mi abuela comenzó a practicar nuevas formas de tejer. Formas que incluyen el modo de sentarse, de tomar las agujas, de pasar el hilo por pora parte de la mano y no por la otra, y otro montón de cosas que no pude registrar y por eso se me escaparon, pero que exceden a lo que creemos el mero acto de tejer. Formas que dan cuenta de que cada acción se da en un ambiente enriquecido por un conjunto inimaginable de relaciones. Hoy en día dicen que eso es innovar, es decir “mejorar el proceso”. A mi me parece que hay algo de razón en esto que se dice; sin embargo, me gusta más pensar que es el camino en que cada uno descubre su modo propio de hacer con las cosas; es lo que cada quien da a los demás. En el tejido de las redes de y para el aprendizaje, esto se refiere al modo propio de construir un objeto en la conversación con otros; también una forma específica de mirar las cosas, cada quien tiene la suya, y la recibimos como regalo. Por eso, por ser regalo, parafraseando a Strathern, lo único que se espera es un intercambio. Este es el valor de compartir lo propio.

 

Con el tiempo y de alguna manera en un momento en que podemos decir que mi abuela ya era una gran tejedora, creó cosas nuevas. Ya venía inventando desde hacía tiempo. Al igual que en lo s inicios del tejido, supongo, se trataba de ensayar, ejercitar, hacer y volver a hacer hasta lograr primero, crear-imaginar la forma nueva y después el objeto con una forma parecida. Y con esta nueva forma, creó un nuevo mundo, sí, de ese tamaño, estoy seguro, porque el mundo lo viví de manera diferente con alguna de sus piezas. Así también, al tejer redes de y para el aprendizaje, aprenderemos nuevas conversaciones y formas de conversar y, con ello, podemos crear nuevos mundos. En este sentido, TRAL es una creación donde el mundo se ve diferente para los que participamos en ella; un mundo donde los medios para conversar son variados, diversos y, muchos de ellos, nuevos para nosotros. Podremos crear nuevas miradas sobre el mundo y sus objetos, unas que nos ayuden a promover más humanidad, más libertad, más gusto por la vida; al menos eso espero.


Así pues, ejercitar, proyectar, mejorar e inventar son rasgos propios del tejido de la redes de y para el aprendizaje. Son rasgos que, cuando los hemos incorporado, hecho nuestros y practicados de manera cotidiana, podemos convocar a otros y modelar el modo de hacerlo; sabiendo siempre que cad quien hace su camino.

Revisión de APA’s y otra representación

Durante esta semana nos dedicamos, el TRAL, a hacer explícito nuestro APA o parte de él. La sugerencia de trabajarlo desde los ejes de la percepción, la interacción, la producción y la publicación nos ayuda a quitarle el énfasis a los instrumentos que empleamos como mediadores de esa red. Aunque estos instrumentos o herramientas sean parte de la red; y en algunos momentos, parte sustantiva de mi red, es conveniente quitarle la centralidad para poder dar cuenta de la agencia humana, es decir, de aquello que nos ha movido a crear esa red y que nos mantiene en movimiento para imprimirle mayor dinamismo. el esfuerzo de representación del APA hace surgir el conjunto de redes en las que estamos inmersos; así como el aprendizaje en el que uno está implicado.

Leí una buena cantidad de publicaciones en blog de TRAL. Me gustó y sorprendió la diversidad de representaciones y modo s de hacer. Al fin de la semana me parece encontrar tres cosas sencillas e iniciales que me parecen importantes, quedará pendiente una nueva visita a las publicaciones:

La primera tiene que ver con que el modo de hacer el Ambiente Personal de Aprendizaje, ya sea en función de la herramienta con la que se hace, ya con el énfasis inicial con que se construye. Si se hace directamente en un papel o en algún programa para representar esquemas mentales o en otro para diseñar cuadros completos, nos vamos topando con diferentes nociones y caminos sobre nuestro propio aprendizaje y la constitución de nuestras redes. Por alguna razón que aún no puedo explicar, me parece que la representación hecha con papel y “lápiz” (o pluma o marcadores o crayones) hace más fácil la aparición de personas.

La segunda conclusión es que en una gran cantidad de las publicaciones que estuve leyendo observé que el autor, al reflexionar sobre su APA, descubre que la representación que logró habla de sí mismo: habla de sus intereses, de su modo de aprender, de sus prácticas cotidianas, del conjunto de sus interacciones y de lo que las mediaciones tecnológicas han modificado a sus modos propios de “enredarse”, aprender y tejer con otros.

La tercera cosa es que en todas las publicaciones de los blog que revisé me encontré con que la representación del Ambiente Personal de Aprendizaje hace que la persona se descubra en camino: todas hablan de “lo que me falta por hacer”. En ningún caso, ninguna persona da cuenta de un APA terminado y estático, sino algo que por sí mismo muestra un camino por recorrer. Esto me pareció de particular importancia en tanto que da cuenta del dinamismo que es, en sí mismo, el APA. Es claro que no se trata de un compendio de herramientas; de hecho, tampoco de personas o grupos, sino de una representación del camino que estamos recorriendo cada uno de nosotros.

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Por otra parte, con estas tres cosas en mente, estuve imaginando a lo largo de la semana, distintas maneras de representar un APA con la idea de encontrar algunas formas que ayuden a plasmar el recorrido hecho y por hacer. Un modo, que me pareció muy valioso fue elaborar el APA a partir de las preguntas con las que voy viviendo la vida. Algunas de estas preguntas tienen ya muchos años, son las que me han acompañado todo el tiempo, son las que de alguna manera me definen. Otras de estas preguntas son las que me he formulado recientemente y que definen los años por venir en mi vida académica. Otras más son preguntas específicas que se resuelven en corto tiempo y que ayudan a construir un marco para la pregunta más grande.

Representación de APA según pregunta
Representación de APA según pregunta

Al describir mi APA a partir de estas preguntas, suceden cosas que me parecen interesantes. Lo primero es que, constato lo visto en las publicaciones de esta semana, al hacer la pregunta hay un yo que ya se modificó, algo así como un yo-pregunta. Juntos ese yo-pregunta son diferentes de los dos antes de reunirse; algo así como que no es lo mismo quien hace la pregunta. Además de esto, surgen como por arte de magia, el conjunto de grupos y personas con las que trabajo esas preguntas; son grupos muy diversos y las preguntas las trato de manera diferente con cada grupo. Algunos grupos se muestran como redes clave para lo que estoy aprendiendo. Además de, y posterior a esto, aparece la distinción de aquellos grupos con los que la interacción es sólo mediada tecnológicamente y aquellos con los que hay interacción presencial. Y después me llegó la necesidad de colocar el conjunto de herramientas que están mediando la interacción con cada grupo, ya no lo puse. El ejercicio me gustó y me pareció conveniente compartirlo.

Tejiendo el tejido

TRAL

El viernes de la semana pasada, el 1 de marzo y el lunes 18 tuvimos las sesiones de orientación de #TRAL. Fue un inicio emocionante donde la moderación de la sesión del primer día estuvo a cargo de Diego Leal y del segundo día a cargo de Daniel Jiménez; esta última con algunos demonios entrando a l red y haciendo que Daniel saliera, siempre para volver a entrar. En todas las ocasiones que Daniel salió, Diego entró al quite y la coordinación que tuvieron pareció planeada o, dicho de otra manera más fiel a lo sucedido, nos fuimos dando cuenta del valor y fuerza de hacer juntos.

El tema de estas sesiones fue  el mismo (se hicieron dos para ofrecer más posibilidades a los participantes del TRAL), y consistió en reflexionar sobre el sentido de tejer redes de aprendizaje para, así, poder vislumbrar el reto que tenemos por delante; en fin, para poder decir qué es y en qué consiste #TRAL. Durante la segunda sesión estuve colgado de los alambres, es decir, de lleno en el twitter. Lo que sigue es un relato de esta experiencia “twittera”, Un relato para el que extraje frases de Daniel, el moderador, Diego que jugó tiros de tres barandas, Enith, Dielmer, Machi, Eduardo, Ravsirius, Karina, Nestor, Paola y Nancy. Extrañé a Luz (aunque aparece en alguna frase que debió decir). Espero que me de la vida para seguir haciéndolo.

Antes de la sesión hubo “calentamiento”: se anunciaba ¡tuit!  ¡tuit!  ¡tuit! que participaríamos más de 600 personas que imaginamos una posibilidad: aprender en red, vivir la experiencia de propuestas de aprendizaje abiertas, propias y adecuadas al contexto de red, ya para entonces empezaron las publicaciones en los blog y el “camión mezclador” comenzó a aglutinar las diversas perspectivas con vocación de futuras conversaciones enriquecedoras, principio del tejido de la red. Los cantos de pájaro hicieron “su agosto”, anunciaron el gusto de compartir y la inminencia de la sesión, esto segundo con vehemencia. #TRAL ya contiene para entonces inicios de tejido, inicios de red.

La sesión dio inicio y apareció la foto del moderador y el gusto de participar en una experiencia vivificadora que reúne tantas personas de 19 países con ánimo de compartir experiencias de aprendizaje y tejer redes.

Y, entonces, llega una pregunta difícil… sí, aquella por lo que el aprendizaje es. Realmente no lo sabemos, pero arriesgamos aproximaciones, en todas ellas hay una connotación de cambio y de transformación, el aprendizaje implica otro modo de ver las cosas del mundo y, por lo tanto, en el aprendizaje está la creación de otro mundo, me recuerda el fabuloso libro de Clarice Lispector: Aprendizaje o el libro de los placeres. Más adelante descubrimos que no basta con el cambio de mirada, aprender contiene también un nuevo saber hacer y hacerlo en varios contextos. Es caminar, implica movimiento y construcción: reflexión de experiencias significativas.

Y la red, ¿cómo se hace? Nos aventuramos: una red se hace de conexiones de personas y de objetos, es un entramado sociotécnico, un entrelazamiento de historias; así pues, una red se hace de conversaciones y actuaciones varias. y, por eso, es necesario dedicarle tiempo con el ánimo puesto en la construcción de confianza entre las personas, lo que hará posible perfilar intereses y el cultivo de aquello que se comparte, que es gusto común. Por todo esto, pues, la tarea de #TRAL empieza por interactuar con otros hasta descubrir otros sentidos de la proximidad, otros modos de ser cercanos, lo que resultará en la construcción de una red que es rede de redes.

En todo esto hay nuevas prácticas y nuevos hábitos, uno de ellos creemos que consiste en la explicitación del Ambiente Personal de Aprendizaje. El APA lo entendemos como la base que sustentará el tejido, desde donde uno empieza a caminar, llegando a donde uno quiera, definiendo el tipo de tejido quiere hacer, porque también en las redes humanas hay diversos tipos de tejido.

En #TRAL es importante darnos cuenta de los modos en que hacemos visibles nuestros aprendizajes. No es difícil ver que este hacerlos visibles contiene una expresión de uno mismo. en la red, logramos muy distintas narrativas en diversos medios. En Internet empleamos diversas plataformas para crear y difundir estas narrativas, y nos preguntamos si hay una expresión más adecuada que otra según el contexto?

ASí pues, #TRAL busca ayudar a visibilizar el aprendizaje y contribuir al aprendizaje de otros. Los blog son un medio para hacer esto. El blog, el APA y la tarea permanente de tejer redes nos ayuda a encontrar nuestra propia voz y hacerla viva: sacar la voz. Al descubrir la propia voz nos encontramos en el camino de la autonomía, dispuestos a confrontarnos con lo opuesto, a vivir y buscar la diversidad.

Ah! Pero cuidado, la corriente que trae el rio de información en #TRAL es grande y fuerte, por eso la sugerencia es ir poco  poco, crear una red pequeña de personas a quienes leo y que me leen y, para ello, es preciso seleccionar pacientemente la información con la que nos vamos encontrando.

Aquí hago un paréntesis, porque esto que sigue no es del flujo de tuits, sino de la mesa de ayuda de hoy, viernes 22, por la mañana. Alex Rodríguez pregunta cómo valoramos la calidad de un blog. Y los presentes descubrimos que no es una pregunt fácil. Intentamos una posible respuesta. Nos quedamos con que la calidad, en el sentido en que se  hace la pregunta, tiene una clara referencia personal, por eso lo primero es darnos cuenta de si nos gusta o no. Entonces ya podemos imaginar otros indicadores: ¿me mueve? es practicante del tema del que habla o no, ¿remite a otras fuentes? ¿a fuentes opuestas con quien dialoga? ¿hay una buena práctica de la expresión? (fin del paréntesis).

En fin, tejer redes implica dotar de sentido las señales que transitan por las conexiones, por eso, volviendo al inicio, #TRAL se trata de trascender barreras y límites (neuronales, conceptuales, sociales) a través del tejido de redes humanas.

Aprender en red y en la red

           Hace un par de meses, escribí un breve texto sobre el aprendizaje en red y en la red para el equipo del Centro de Aprendizaje en Red del ITESO (que por cierto me doy cuenta que no tenemos aún nuestro sitio web). El texto lo coloqué en un documento compartido y durante este tiempo lo hemos ido modificando, los del equipo del CAR y otros buenos amigos que nos han ayudado con sus colaboraciones. Sabemos que el documento que ha quedado aún está en proceso; sin embargo vimos conveniente comenzar a trabajar con la perspectiva que en él se muestra. Lo reproduzco a continuación:

Aprender en red y en la red

           Aprendizaje en red es un significado emergente. Alude a la reflexión generada cuando caemos en la cuenta de la interacción que tenemos con otras personas mediante el uso material y simbólico de las posibilidades creadas por la existencia de una conjunción, articulada de manera peculiar, de datos, relaciones, intercambios, señales y los elementos materiales que los sirven de vehículo. El presente documento se propone describir y definir algunos de los conceptos que el grupo de académicos del Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO utiliza para pensar, aplicar y dialogar acerca de la dimensión educativa que está en la entraña de ese significado emergente. El propósito de escribir es exponernos para dialogar, profundizar, enriquecer y modificar los supuestos y desarrollos iniciales aquí comunicados. No es un documento académico a la manera ortodoxa sino un escrito inacabado y en construcción colectiva cuyo carácter, por lo mismo, pide completarse y superarse con la ayuda sustantiva de los lectores.

Habitar

           La vida humana se entiende en la convivencia. La vida de cada uno de nosotros, nuestro mapa del mundo personal, se va haciendo en la interacción con lo otro: personas y cosas; cada encuentro (interacción, relación, distinción, etcétera) va rehaciendo este mapa; por eso, cada uno de nosotros somos en y con los otros, en y con lo otro.

           En estos encuentros vamos descubriendo aquello que creemos “más nuestro”: nuestros gustos, aquello que nos interesa, que nos mueve, a lo que nos dedicamos, lo que profesamos. Esta dedicación nos hace uno con el objeto y nos distingue; es decir, en esta dedicación vamos siendo nosotros mismos: somos lo que cuidamos, lo que cultivamos. Eso que se produce en el cuidado es aquello propio de nosotros mismos, lo que nos distingue. En el cuidado de las cosas del mundo y de nosotros mismos vamos construyendo ese entramado del mundo personal, a lo largo de la vida vamos “tejiendo” ese mapa, ese entramado; y de esta manera creamos un hábitat, una morada, un hogar, un mundo que nos resulta familiar.

           Habitar, dice Heidegger (1951), es cuidar. Por habitar, pues nos referimos al conjunto de actividades, relaciones, conexiones y procesos a través de los cuales las cosas adquieren un significado familiar, y son reconocibles en las actuaciones cotidianas como algo familiar; son también ese conjunto de actuaciones cotidianas a través de las cuales somos reconocidos. Habitar consiste en la permanente construcción de la prestancia que nos hace ser, a la vez, un yo y un nosotros.

Habitar la red

           El habitar humano se realiza entre dos habitáculos: El espacio o dimensión de lugar, el dónde se habita o se intenta construir la prestancia; y el tiempo o dimensión del cuándo habitar. Ambas dimensiones están relacionadas pues el dónde siempre se comprende desde el cuándo: ¿En cuál(es) momento(s) estoy habitando ese dónde? Y viceversa, pues el cuándo siempre requiere una ubicación. ¿Dónde estoy en este momento o momentos, habitando?  Esta relación de ambas dimensiones está afectada por lo, hasta hoy, irrepetible o irreversible del tiempo. El tiempo en esencia pasa y no vuelve a pasar.

           Son las configuraciones de espacio y tiempo que construimos o creamos al habitar y (al interactuar, interrelacionarnos, intercambiar) al ir decidiendo ser lo que vamos siendo, eso  que hace habitable el habitar. Son configuraciones cambiantes por la edad, la época, la cultura, la acción y la organización social. También y de manera impactante esas configuraciones cambian por los inventos de la creación humana, por el lenguaje, herramientas y artefactos creados para la comunicación. Es el caso, para nuestro tema, de la invención de la red internet, que implanta nuevas configuraciones sobre nuestra, acostumbrada hasta entonces, noción de espacio y, en consecuencia, de tiempo. Los cambios son muchos. Por ejemplo: El modo de  buscar información, la creación de la propia identidad en la red, la amplificación de lo dicho por cada quien, la copresencia,  la producción y difusión de lo propio en diversos formatos, la configuración mediática de la agenda, la movilidad y la ubicuidad.

           Frente a estos cambios, es impresionante la actualidad de lo dicho por Heidegger hace 60 años:

“La auténtica penuria del habitar reside en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar; de que tienen que aprender primero a habitar. Pero, ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mismos, llevar el hábitat a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar[1].”

Aprender

            La verdad con la que actuamos y organizamos nuestro hacer es una construcción colectiva. El conocimiento requiere de una comunidad que lo valide y se pueda replicar por cualquier persona. El conocimiento es un fenómeno emergente de la red de humanos y no humanos habitantes del mundo. El conocimiento no está en la mente de las personas ni en lugares estancos del mundo, sino en los flujos, las conexiones y, en general, en el conjunto de relaciones que constituyen las diversas redes del mundo.

            Aprender, como el proceso de generación de la capacidad humana para comprender e incidir en nuestra realidad siempre ha ocurrido en red, con otros. No hay aprendizaje que no sea en red. Aprender implica una capacidad humana con la cual nos enfrentamos a la realidad. Los eventos que componen el aprendizaje o acto resultado de aprender aun es un misterio. No obstante, el conocimiento del aprendizaje ha logrado establecer algunas notas constitutivas, sin todavía ser capaz de dar cuenta de todos los matices del proceso implicado en la constitución de tales notas.

Las personas aprendemos cuando experimentamos. Reconocemos sensaciones, les damos nombre, las distinguimos, reconocemos lo que producen, etc.  Por ejemplo, tenemos la sensación interna a la cual nombramos hambre. Comemos, bebemos, nos sentimos satisfechos pues la sensación interna de hambre desaparece, y reconocemos que comer y beber nos produce una sensación que llamamos placidez; al fin, reconocemos que ciertos alimentos y bebidas nos satisfacen mejor el hambre o nos producen mayor placer. Así, aprendemos cuáles alimentos y bebidas vamos a preferir y por qué. Aprendemos a comer.

También aprendemos, y quizá con mayor profundidad, en la interacción con otras personas, pues las experiencias de otros y lo aprendido por esos otros, nos puede suscitar lo mismo que las experiencias propias.

El aprendizaje más complejo sucede cuando conocemos, cuando hacemos acto la intención de acceder al conocimiento, ese que se ha producido y validado por el conjunto de relaciones de los humanos entre sí y con su hábitat. El aprendizaje resulta en la capacidad de aplicar el conocimiento, traducirlo en un saber hacer reflexivo  y transferible a las diferentes situaciones de la vida.

Aprender en la red Internet

Entre otras estructuras de red, hay una llamada “sin escala” que se caracteriza por un pequeño número de entidades o nodos con numerosas conexiones y un gran número de entidades o nodos con un número mucho menor de conexiones. Son redes donde hay unos pocos nodos altamente conectados y una mayoría de nodos apenas conectados. Esto genera un desbalance en cuanto a la influencia que estos nodos altamente conectados pueden ejercer en la construcción de la verdad. La sociedad red es de esta índole; es decir, que existen unas pocas entidades corporativas de comunicación con una enorme capacidad para hacer llegar a la mayoría ciertos contenidos que pueden definir, para todo un grupo social, una verdad o saber construido.

           Manuel Castells, en una presentación[2] de su libro Comunicación y Poder, dice:


“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación…

En el libro citado asegura “Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social[3].”

            Frente a este escenario, sin duda nuevo por la magnitud e influencia de los “nodos superconectados” el aprendizaje de cualquier cosa, el aprendizaje en red, requiere de procesos que inicien con la incorporación, de manera intencionada, de la diversidad de opiniones y fuentes de información, con el ánimo de facilitar “el empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades [superconectadas][4]”. A través de la inclusión intencionada de la diversidad será posible la construcción de la autonomía de cada una de las personas-nodo que participan en la red; siempre y cuando estas personas actúen en libertad.

            El empoderamiento individual aunado con la libertad hacen posible pensar en red; es decir, hacen posible dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones. Es una búsqueda que implica querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda. Con la información existente en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto crecen de manera inconmensurable. Nuestra capacidad para pensar y aprender en red se incrementa según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos: interacción, apertura. No basta ese aparentemente pasivo “dejarse interpelar”, es necesario también un movimiento intencionado hacia otras personas o fuentes de información que nos ayuden a ampliar nuestro horizonte desde el cual vemos y pensamos ese algo específico. Esta búsqueda intencionada es otra de las dimensiones del pensar y aprender en red, y es en esta dimensión en la que el tamaño y calidad de la red con la que contamos se correlaciona con la calidad del saber del que somos capaces. Hay cosas que no sabemos porque nuestras conexiones no tienen acceso a ese saber. Así pues, pensar y aprender en red de manera intencionada consiste en la construcción permanente del sujeto en red, es decir, de su verdad

            Esta construcción permanente del sujeto en red contiene el aprendizaje a lo largo de la vida según sus intereses y gustos. Un aprendizaje que se asocia con la red Internet donde la abundancia parece ser su característica principal: abundancia de información, de personas, de herramientas, de artefactos, etcétera. Una abundancia que modifica la velocidad de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La abundancia y la velocidad pueden abrumarnos de tal manera que ya no sea posible percibir lo que sucede ya sea porque sucede con una rapidez mayor a nuestra capacidad de percepción (como los trucos del mago) o por no poderlos distinguir entre las muchas otras cosas de las que nos hacemos. Creemos, pues, que conviene tener asideros para navegar en medio de esa abundancia que se mueve y nos mueve a enorme velocidad. El artilugio conceptual que nos sirve de asidero en esta inmensidad creciente es el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA)[5], artilugio  que contiene:

    • Los temas que son de mi interés, que me han movido o me mueven.
    • Los problemas que en este momento tengo frente a mí y que me tienen ocupado.
    • Las tecnologías que empleo para aprender o trabajar con esos temas o problemas. Tecnologías en su sentido amplio: mecánicas, eléctricas, electrónicas, conceptuales, procedimentales, etcétera.
    • Las personas con las que mantengo alguna conversación sobre uno de esos temas, aunque sea “de vez en cuando”.
    • Las personas a las que “sigo”, es decir, a las que leo aunque no tengo contacto con ellas.
    • Los textos y otras fuentes de información que son relevantes para mí.
    • Los lugares (geoespaciales e informáticos) en los que me encuentro con esas personas (ambos tipos, que leo y con las que converso).

El APA así definido (con cierto grado de abstracción en tanto que sería un trabajo enorme detallar sus características), nos da una idea del modo en que aprendemos y, sobre todo, nos da la posibilidad de navegar en la red según nuestros propios intereses, en cada momento; implica además, una identidad clara respecto de nuestros propios gustos e intereses, y conforma de algún modo la representación de nuestra identidad en red.

Aprender en red en la red

            Para aprender a aprender en red en la red es necesario comenzar por conocer la misma red Internet: conocer sus  operaciones, herramientas, mediaciones, conexiones posibilidades y ataduras para llegar a habitarla, es decir, para hacerla nuestra y dejar que nos reconfigure.  Para habitar la red es necesario participar en ella de manera cotidiana, reconocernos en los cambios que ha formulado para el mundo de hoy y en ella aprender.

           Cuatro criterios nos permiten asegurar que este aprender en red sea lo más adecuado: autonomía, diversidad, interacción y apertura (Downes, 2005). Estos cuatro criterios pueden operarse sólo si la participación en la red se hace con familiaridad; es decir, si se habita la red en un continuo. Para ello, creemos que hay algunas operaciones básicas (que en cada momento podrán estar relacionada con ciertas herramientas): construir la identidad propia, conectarse y dialogar, gestionar la información, comunicar lo propio y hacerlo público, crear diversas narrativas y por diversos medios, producir con otros, producir a partir de lo de otros, cuidar la privacidad propia y la de otros, y actuar de manera reflexiva.

           Habitar la red es ahora una práctica cotidiana que influye en el crecimiento personal. Requiere una experiencia de participación con los criterios ya mencionados de autonomía, diversidad, interacción y apertura.

  

Documento elaborado en el Centro de Aprendizaje en Red del ITESO

Enero de 2013


[1] Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar.  Conferencia. Disponible en línea en http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

[2] Castells, Manuel (2010). Presentación de su libro Comunicación y Poder, en https://www.youtube.com/watch?v=Z2PmCEPE5iI

[3] Castells, Manuel (2009, p. 29). Comunicación y poder. Alianza Editorial. España.

[4] Downes, Stephen (2005). Introducción al conocimiento conectivo. http://es.scribd.com/doc/80792249/Stephen-Downes-Una-Introduccion-Al-Conocimiento-Conectivo

[5] También se le llama Entorno Personal de Aprendizaje (EPA) o PLE, por sus siglas en inglés. Probablemente una mejor denominación es la de Red de Aprendizaje Personal, aunque RAP ya es muy conocido y escuchado.

Conexiones y conocer (4/4)

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Esta es la cuarta y última parte de la revisión en ExplorArtic, grupo 3, del trabajo de Downes titulado Conocimiento conectivo, traducido por Diego Leal. A lo largo de esta lectura hemos ido viendo cómo es que todo conocimiento es un fenómeno de red, es decir que el saber de una persona muestra un patrón de conexiones. La adquisición de nuevos patrones implica aprender. En una red sin escala (aquella en donde no hay una determinación en las conexiones y que por lo tanto hace posible, y así sucede, que existan pocos nodos altamente conectados y una gran número de nodos con conexiones básicas, muchas de ellas en relación con los nodos “dominantes”), la influencia que llega a definir la verdad puede surgir de uno de esos nodos altamente conectado; es decir, estas redes son propensas a definir la verdad en términos de poder, y la verdad es siempre un asunto de interpretación. La verdad, por ser un asunto de interpretación, siempre estará sujeta un momento, un lugar y un grupo de personas con algo en común; es decir, que han aceptado eso como verdad. Es verdad que durante la comida del sábado, la carne se está asando porque está puesta al fuego y éste provoca una reacción de esta índole en la carne, pero también es verdad que la carne se está asando porque nos reunimos los amigos a comer carne asada, y es verdad que s está asando porque puse la carne en el asador. Son tres verdades sobre el mismo suceso, los tres demostrables y repetibles; El propósito de la pregunta ¿por qué se está asando la carne? le da sentido a la respuesta, hace coherente la interpretación. Downes dice que la verdad pasa a depender:

“no tanto de los hechos del asunto sino, más bien, de un examen del proceso a través del cual los distintos tipos de conocimiento son acumulados e interpretados. Así como la fiabilidad de una observación depende de cómo es hecha, así lo harán las proclamas de las comunidades conectadas de conocedores”

Entonces, en una red, se pregunta Downes, ¿cuáles son los criterios que pueden hacer una diferencia entre una red influenciada por sus nodos altamente conectados y una red que conoce. Propone cuatro principios, los que Diego Leal nos ha platicado ya con mucha amplitud en varias de sus conferencias. Son cuatro criterios que describen un proceso que ayuda a aprender, un proceso para aprender en red, un proceso para lograr una red que conozca:

La diversidad, se refiere a la inclusión, en el proceso de intelección, de la mayor cantidad de opiniones diversas y encontradas que sea posible. La interactividad, que da cuenta del modo en que el proceso implica tejer la diversidad de perspectivas y no sólo elaborar un agregado de las mismas; se trata de empeñarse en la construcción de conocimiento nuevo derivado de las diferentes perspectivas que ya se conocen. La autonomía de los actores que intervienen en la interacción, es decir, el modo en que cada uno de los actores actúa con independencia de intereses externos o mayoritarios. Por último, la apertura, que se refiere a la capacidad que tiene la red para hacer que cualquier punto de vista que ingresa a la red sea escuchado y atendido por ella. El saber del que hablamos no se restringe al conocimiento científico, sino a todo el saber de la red que conoce. Puesto en palabras de Lyotard:

 “… con el término saber no se comprende solamente, ni mucho menos, un conjunto de enunciados denotativos, se mezclan en él las ideas de saber-hacer, de saber-vivir, de saber-oír, etc. Se trata… de unas competencias que exceden la determinación y la aplicación del único criterio de verdad, y que comprenden a los criterios de eficiencia (cualificación técnica), de justicia y/o de dicha (sabiduría ética), de belleza sonora, cromática (sensibilidad auditiva, visual), etc.” (en La condición posmoderna).

Cuando hablamos de la red social que conoce en el contexto de la red internet, nos topamos con un híbrido difícil de separar (si no imposible) que me hace pensar en los caminos adecuados para que una persona se incorpore a las dinámicas de este objeto-mundo. Me aparece un supuesto básico: que para participar en esta red libremente (y una red que conoce se logra con seres libres) es preciso aprender a ser en la red, es decir, habitar la red, hacerla parte de nuestra cotidianidad en contextos de acción que nos resultan familiares. Por esto es que afirmo que todo profesor red requiere ser habitante de la red híbrido que hoy hacemos los humanos y las tecnologías digitales y móviles.

 

Seguimos conociendo las conexiones (3)

La primera parte

La segunda parte

La confianza, dice Luhman, es un mecanismo de reducción de la complejidad de las cosas que nos rodean; Luis Villoro unos años antes, decía que “si bien, la creencia  cierta basta para orientar nuestras acciones en el mundo, sólo si tenemos una garantía segura de que nuestra acción corresponde a la realidad podemos confiar que la creencia no fallará; sólo entonces tenemos conocimiento”, y más adelante, “Conocer es pues poder orientar en forma acertada y segura la acción”. Las razones por las que creemos en algo es básicamente, porque otros, en quienes confiamos, también creen en ello; porque hay una creencia que se asume como verdad histórica porque ha sido aceptada por una comunidad; y esta es la razón por la cual también cabe siempre el escepticismo. Downes se pregunta en qué basamos el conocimiento público, y en un intento de respuesta, hace ver dos cosas, la primera es que recurrimos a lo que Villoro llamaría la creencia en el sujeto epistémico para considerar algo como válido; probablemente verdadero; es decir, si “los que saben” dicen que esto es así, entonces los demás aceptamos que eso es así, y eso será así hasta que se demuestre lo contrario y sea aceptado por esa comunidad. Aquí aparece la segunda clave de la respuesta: para algunos conocimientos no basta con que los aprueben “los que saben”, sino que cualquier persona sea capaz de observar que eso es así, ya sea por observación directa o réplica de experimentos. Para Villoro, el primer tipo del que habla Downes es creencia; el segundo es propiamente hablando conocimiento: “Para conocer algo es preciso tener o haber tenido una experiencia personal y directa, haber estado en contacto, estar “familiarizado” con ello… Porque conocer no consiste en un sólo acto, sino en muchas experiencias variadas, capaces de ser integradas en una unidad; por ello el conocimiento puede ser más o menos complejo, más o menos rico.” En ambos casos, el conocimiento, cualquiera que este sea, es un fenómeno de red, y siempre lo ha sido, en tanto que surge del acuerdo con el otro y orienta la acción.

Esta misma estructura de generación del conocimiento hace que “nada garantice la verdad” (Downes). Holton tiene muchos ejemplos de grupos de investigación aferrados a sus verdades, surgidas de sus creencias, que se mueven en otra dirección cuando, después de mucho tiempo, otros grupos “confiables” encuentran otras explicaciones a lo mismo que ellos han investigado y descubierto. Aceptamos como la verdad del momento aquello en lo que los conocedores confiables, la comunidad epistémica, están de acuerdo.   Pero en una sociedad red, tecnológicamente conectada, cada un de nosotros somos parte de la red. Downes afirma que “así como una red sin conexiones no tiene capacidad de generar conocimiento, una red completamente conectada no tiene defensa contra el precipitarse a conclusiones”; es decir, que en una sociedad red requerimos de mecanismos para, por una parte, poder identificar los flujos de creencias que corren en sentidos contrarios para lograr perspectivas incluyentes y amplias, la diversidad es pues una condición del proceso de pensar y aprender en red; además, la instalación de mecanismos que no hagan de las red otras “instituciones de secuestro” (Foucault) al filtrar las informaciones que el análisis numérico de nuestros comportamientos en la red hacen suponer que nos conviene; es entonces cuando la autonomía se hace parte también del proceso de pensar y aprender en red.

Al hablar de la estructura de red, Downes menciona la red libre de escala, y la define: “una red libre de escala se caracteriza por un pequeño número de entidades con numerosas conexiones y un gran número de entidades con un número mucho menor de conexiones. Vale la pena señalar que este tipo de redes están muy bien conectadas – en una red libre de escala una pieza de información puede llegar a toda una red muy rápidamente”; en una red donde hay pocos nodos altamente conectados, se da un desbalance en las posibilidades para enfrentar a los contrarios. Manuel Castells, en 2001 decía de la red que “Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social”, y ocho (o nueve) años después, en la presentación de su libro Comunicación y Poder  afirmaba:

“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… el Estado es el “Default System”… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación… es la batalla por liberar nuestras mentes…” Castells, 2009.

Esta Internet, es pues, una red libre de escala, donde unas cuantas entidades contienen las conexiones de todas las personas en la red y una mayoría tenemos unas cuantas conexiones. Un ejemplo sencillo es la encuesta que aplicamos en el ITESO a los alumnos de los profesores que participan en el curso “EnREDarse para Aprender” en la que todos manifiestan ingresar a internet ya sea a través del buscador de Google o de Facebook. Frente a esto, Downes termina su numeral “r”, sobre !estructuras de red” diciendo que “la promoción de la diversidad, a través del empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades muy bien conectadas, es esencialmente una forma de crear conjuntos de ojos adicionales dentro de la red”. Es, pues, una forma más de hacer el énfasis en cuidar la diversidad y la autonomía de las personas como condición para pensar y aprender en red; es decir, que en este proceso de aprender en red es importante saber distinguir la distancia entre cada uno de nosotros y la red misma. Una distancia que nos permitirá cuestionar aquello que se ha instalado como cierto, acordado por todos o casi todos, en un camino personal que implica hacerse uno mismo de lo suyo para poder estar con los otros; para, a través del pensar y aprender en red caminar hacia la sabiduría. El sabio, dice Villoro, “no es el que aplica teorías, sino enseñanzas sacadas de experiencias vividas… sabios son los que han buscado la verdad o la felicidad por sí mismos, al través de un largo camino personal… sabio es el que distingue en cada caso los signos de la perfección”.

Conociendo las conexiones (2)

Sin título

En esta dirección está la primera parte de este texto; aunque se puede leer de manera independiente.

Seguimos en la lectura del texto de Downes, escrito en 2006 y titulado Introducción al conocimiento conectivo, los numerales k y siguientes, donde habla ya del conocimiento social y público. Es interesante ver cómo la lectura de este documento nos va llevando a la conclusión (en ningún lado lo afirma así) de que todo lo que sabemos lo sabemos porque está en las conexiones; vamos, lo sabemos porque se sabe ya; así pues, todo lo que sabemos es un saber público, es un saber de todos.

En páginas anteriores hablaba del saber que se presenta como un fenómeno emergente en la conexión. Después de la lectura de estos numerales, voy concluyendo que ese saber tiene diversas formas, y que son formas que nos ayudan a imaginar lo que significa pensar en red, y, probablemente, lo que significa aprender en red (ver numerales “o” y siguientes):

Una de ellas es aquella en la que reconocemos un ingrediente nuevo en nuestro modo de mirar o comprender el mundo o una de sus partes y que surge de la conversación con otra personas (también puede surgir por el mero hecho de estarla escuchando con cierta atención). Este nuevo modo de mirar las cosas no es necesariamente un modo hecho explícito por la otra personas, sino que es el producto del encuentro; es un saber que fue “suscitado” en el encuentro; ese es el saber de la conexión, que se manifiesta como un fenómeno emergente. en la red, estos encuentros, que pueden ser con personas o con fuentes de información, ambas antes inaccesibles, posibilita un a ampliación a lo que podemos pensar y saber junto con los otros. Quizás, es algo ya inevitable.

Otra forma de conexión de esta índole es aquella que se refiere, ya lo dijo con mucha claridad Downes, a los saberes que no pueden ya residir en un sólo individuo; por ejemplo, el saber propio del desarrollo y operación de los sistemas tecnológicos actuales, que a su vez requieren de otros sistemas tecnológicos previos para funcionar. Son sistemas tecnológicos que pueden desarrollarse gracias al concurso de muchas personas y otro montón de cosas alrededor de ellas. El saber que está en estos desarrollos no está en ninguna persona sino en el enorme entramado de conexiones que hacen posible la operación de ese sistema tecnológico.

A estos saberes es a lo que Pierre Levy llama, me parece, la Inteligencia colectiva. No es sólo el saber de todos entendido como la acumulación de los saberes individuales de todas las personas del mundo; sino al saber que existe en ese entramado de conexiones y que no es un saber que se pueda objetivar en ninguno de nosotros; sino en desarrollos tecnológicos cada vez más complejos, sistemas a los que Serres se refiere como objetos-mundo, en su libro Hominiscience, en tanto que son del tamaño del mundo.

Hay otro fenómeno emergente, creo que más conocido por nosotros, que consiste en el saber que surge del trabajo sobre unos datos pero con el apoyo de alguna herramienta; por ejemplo, la geoubicación de datos sobre enfermedades que, al hacerlo de esta manera, podemos descubrir con facilidad los orígenes de la enfermedad o las tendencias de propagación de la misma. en ocasiones, el mero y simple ordenamiento de datos o la elaboración de categorías de varios discursos son una excelente ayuda para comprender algún fenómeno. Hay herramientas sin las cuales no se podría lograr dicha comprensión, ejemplos de esto encontramos en las simulaciones. Donde ese saber, producto de la conexión con la herramienta es un saber emergente, al que Gavriel Solomon llamó la Inteligencia Distribuida.

Estos son, pues, los modos en que se nos aparece el “conocimiento conectivo” del que habla Downes y que nos ayuda a comprender el tamaño y alcance de la red Internet en nuestras vidas, en tanto que son conocimientos que sólo se aprenden y aprehenden de esta manera, en donde l red es un dispositivo fundamental en tanto que mediadora de conexiones.

Conociendo las conexiones

En el grupo de ExplorArTiC, coordinado por Diego Leal, hemos estado revisando un documento que Stephen Downs escribió en 2006, titulado Introducción al conocimiento conectivo, donde expone su idea sobre este tema. El texto está escrito en numerales; y me hubiera gustado que estuviera escrito según la propuesta de George Landow, quien en sus estudios sobre la narrativa en el “hipertexto” o la “hipermedialidad” afirma que una escritura propia de la red sería escribir en pequeños trozos que fungirían como lemas, y en donde sus conexiones construyen un conjunto de unidades relacionadas, superpuestas, encadenadas, agrupadas;  en fin, me hubiera gustado este esfuerzo porque me parece que es precisamente de lo que habla Downes al hablar del conocimiento conectivo.

Downs busca afirmar que el conocimiento conectivo es un conocimiento diferente al  conocimiento cualitativo y al cuantitativo. Asumo que habla de conocimiento científico. Si eso es cierto, entonces habría que imaginar el método de indagación de este conocimiento que se fundaría en el estudio de las redes.

El conocimiento conectivo, dice, es un fenómeno emergente que resulta de la conexión; y ofrece el ejemplo del efecto dominó, donde el fenómeno emergente depende de las conexiones entre las fichas de dominó; pero también del punto de vista del observador; es decir, que la emergencia es una mera interpretación, como todo lo que sabemos acerca del mundo.

A partir del numeral “k”, titulado “conocimiento social” explica más a qué se refiere cuando habla de conocimiento conectivo. Habla del conocimiento social como un compuesto de historias vividas que dan cuenta del modo de ser de las cosas; es decir, que dan cuenta, si es posible, de los invariantes del mundo: si se siembra en temporal, al cabo de un tiempo habrá cosecha; junto con convenciones sociales del momento, el dinamismo temporal y local (o glocal) de las cosas: y en ese entonces, la cosecha tendrá este costo. Su lectura me evocó los estudios sobre la ingeniería concurrente desarrollada en Alemania, y que habla de proyectos de desarrollo de innovaciones e invenciones que requieren del concurso de un sinnúmero de actores, países, saberes, procesos y maquinarias (hoy en día, prácticamente todos los desarrollos de esta índole implican este tipo de esfuerzos); son proyectos cuyos productos sólo son posibles por la articulación de varios sistemas tecnológicos y saberes ya sea que estén colocados en una persona o en un artefacto previamente desarrollado.

Cuando una persona es capaz de asimilar y enmarcar en una nueva visión del mundo este conocimiento público que se requiere y fluye para la producción de estos desarrollos, es cuando reconocemos al experto. De la misma manera lo es el erudito, dice Downs, cuando ha incorporado el saber cultural de su tiempo. el texto aun no termina…