Pensar en red

El día de ayer, a través de la página de ExplorArTIC, Edgar Altamirano preguntaba ¿Qué es pensar en red? Pregunta que me parece ha estado rondándonos a varios durante nuestra participación y conversación en el segundo bloque de estudio, correspondiente al conectivismo.

Esto me lo he preguntado con frecuencia y no acabo de tener una respuesta que me parezca completa; sin embargo, la pregunta me parece clave y veo que un recorrido inicial  a lo largo de mi experiencia personal me da una primera clave, y un camino por andar.  En ese recorrido me encuentro con una gran cantidad de conversaciones en las que tengo un asunto o tema que no acaba de redondearse. Es entonces cuando una conversación en la que me topo con alguien que me devuelve lo que estoy pensando, y me doy cuenta de que esa devolución ya contienen otra carga diferente a la que tenía cuando yo lo exponía. Es, me parece, la carga de la historia personal de cada quien pero especificada en un momento preciso de nuestras historias. Esta devolución me mueve hacia otras formulaciones y hace posible un primer redondeo de la idea; mismo que después se vuelve a descuadrar, porque es la historia misma de las ideas. Algo similar me han platicado que les sucede a otras personas. Yo asumo que es una forma común de pensar con otros, es decir, de pensar en red. En estos casos, la carga de las historias de cada quien añade algo diferente a lo pensado y, con la voluntad de hacerlo (y a veces con cierto método), pensamos diferente o añadimos elementos no vistos (y en ocasiones que no podríamos ni siquiera ver) a nuestro objeto pensado.

Así pues, es probable que pensar en red consista en dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones; que sea querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda (es al menos una dimensión de la acción pensar en red). Con la información que encontrarnos en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto se incrementan de manera inconmensurable; quizás este sea el punto central de la transformación que logra la participación en la red: nuestra capacidad para pensar es incrementada según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos.

apprehendĕre

Esta semana comenzamos, en ExplorArTIC, la conversación sobre el conectivismo. George Siemens escribió en 2005 “Conectivismo: Una teoría de aprendizaje para la era digital” que Diego Leal tradujo al español.

En este texto, Siemens define el aprendizaje de la siguiente manera:

“El aprendizaje es un proceso que ocurre al interior de ambientes difusos de elementos centrales cambiantes -que no están por completo bajo control del individuo. El aprendizaje (definido como conocimiento aplicable) puede residir fuera de nosotros (al interior de una organización o base de datos), está enfocado en conectar conjuntos de información especializada, y las conexiones que nos permiten aprender más tienen mayor importancia que nuestro estado actual de conocimiento.”

Y en la definición aparecen coas interesantes. Lo primero es que lo define como un proceso, no como un producto. Luego que ocurre en ambientes, es decir, que no es algo que resida en necesariamente en el individuo. Es decir, que de alguna manera es una definición de aprendizaje adecuada para un estado necesitado de dar respuesta a un entorno; más aún, de un individuo en ese estado. Me resulta interesante en tanto que eso sucede, pero no acabo de saber si eso es aprender en su sentido original, ese de aprehender. Pongo un ejemplo:

El día de ayer, Diego nos envió una representación de la participación del grupo en Twitter, una gráfica muy interesante y atractiva. Inmediatamente seleccioné (cuántos no lo hicieron) el botón “make your own” para trabajarlo con un grupo de profesores que estamos en un curso cuyo propósito es aprender a aprender en la red y por ese camino “habitar la red”.

Al seleccionar el botón “llegué” a una página escrita por el autor, Martin Hawksey, de todo el mecanismo “mashup” para hacer este gráfico. Lo hice y se lo mandé a las personas con quienes hago equipo en el ITESO, todos estamos a cargo de estos procesos de formación llamados enREDarse para Aprender. Rápidamente, Liliana me contestó que les enseñara a hacer esto, ella también había visto el gráfico que envió Diego. Mi respuesta fue la siguiente:

Lo primero es afirmar que no sé cómo se hace; es decir, tengo una idea (podría decir que buena y amplia) sobre lo que este señor, Martin Hawksey, hace para lograr esta representación; de hecho, en una de las partes del procedimiento que describe está el código del programa que hizo. Lo interesante es que sabiendo Java y sabiendo algo de programación, no lo podría hacer en este momento. Ahora bien, si sigo al pie de la letra sus pasos el resultado es el grafo publicado. Me parece que a esto se refiere Siemens cuando habla del aprendizaje en los artefactos tecnológicos (a este aprendizaje que cito más arriba); y me pregunto si hay allí un aprendizaje o si es un saber al que accedo. No me acabo de convencer de que por poder hacer la gráfica y enviarla a los demás, yo sepa ya algo, me refiero a algo más allá de seguir con precisión un procedimiento que, además está bien descrito. ¿Qué es entonces, el aprendizaje de la conexión, el aprendizaje en la conexión? ¿Realmente existe? Mhh, no lo sé, es una pregunta que cargo desde el año pasado. En lo que dice Siemens hay muchas cosas que me resuenan pero no puedo decir que ya aprendí a hacer los gráficos; aunque sí puedo decir que los puedo hacer porque está ya toda la tecnología para hacerlos. No es que lo haya aprendido, sino que lo puedo hacer gracias a que es un saber de la humanidad, además, a que ha sido ya sistematizado en un aplicación específica por una persona y, por último, porque la ha dispuesto para el uso de cualquier persona. A esto es a lo que Levy llama la Inteligencia Colectiva. Lo que puedo hacer gracias a la inteligencia colectiva me da un tipo de aprendizaje, es el aprendizaje necesario para acceder a un modo de hacer. Este aprendizaje es el que se incrementa con las conexiones (gracias Diego y ExplorArTC). Además, hay otro aprendizaje que requiere de un esfuerzo individual o colectivo, según sea el caso, para poder yo crear otra forma que pondré a disposición de todos. Sin la construcción conjunta podríamos llegar, ahora me parece verlo mejor, a esa Sociedad de la Ignorancia sobre la que conversábamos hace días.

Aproximaciones a la idea de aprender en red

La semana pasada fue intensa. Iniciamos de manera intensiva el curso de enREDarse para aprender con algunos profesores del Departamento de Educacion. La experiencia, además de agotadora, me ha resultado muy interesante y provocadora respecto de la idea de aprender en red.

Lo primero que se me aparece, y que es algo que he vivido y que de alguna manera da origen a esta propuesta formativa, es la transformación que sucede al incorporar (para algunos basta con integrar, pero no estoy seguro de ello) algún artefacto a nuestras prácticas cotidianas. Con el grupo anterior iniciamos utilizando Diigo como organizadora de nuestra información en línea! Para ese grupo, esta herramienta fue fundamental, causó gran sensación y algunos declaran seguir en ella y sin avanzar en con el resto de la propuesta formativa. Con este grupo, Diigo se mencionó como algo importante; sin embargo, nos parecía más importante experimentar con algunas actividades que consideramos típicas de la vida en la red; por ejemplo, la publicación en el blog o la familiariza ion con búsquedas más allá de textos en Google o la producción de narrativas diferentes a las que acostumbramos con la pluma y el papel.

Los productos son diferentes en ambos grupos. No se trata de calificarlos; sino de notar y hacer notar que son realmente diferentes. No solo en cuanto al contenido, sino a la narrativa misma y el estado de ánimo manifiesto frente al producto logrado. En algún momento haremos un repositorio con vínculos a estos productos, para mí es importante en este momento darme cuenta de cómo hay un primer nivel de aprendizaje en red que tiene que ver con lo que Solomon llamó la Inteligencia Distribuida, es decir, aquello que logramos hacer y producir cuando lo hacemos con los artefactos construidos por los humanos. Este nivel es uno de los modos que trata Latour, me parece, en su teoría Actor-Red, cuando dice que ni el artefacto hace de determinada forma al humano ni el humano al artefacto; sino que en el uso, en la práctica, artefacto y humano devienen una sola entidad, una red y, al mismo tiempo, parte de una red que no parece tener fino que se extiende a lo largo del espacio y en el tiempo.

En este extraño “ir siendo… red” hay un primer encuentro con el saber de todos, se trata de ese saber ya sistematizado que hace posible la existencia del artefacto. En este sentido, la inteligencia colectiva de la que habla Levy, ya está actuando y en operación, y no se detiene en tanto que las prácticas se van modificando a medida que uno se familiariza con las herramientas de la red Internet, a medida que ésta va modificándose y a medida que cambian nuestros intereses e intenciones. Es, pues, un primer modo de aprender en red o de ser red-aprender que, siendo algo que ya sucedía antes de la era de la red, los dispositivos digitales y en red hacen crecer; tanto que probablemente no podremos imaginar ya ciertos aprendizajes sin estas articulaciones enREDadas.

El saber en los objetos

En la parte final de texto sobre “La sociedad de la ignorancia” que seguimos revisando en ExplorArTIC hay un apartado escrito por Mayos sobre La sociedad del desconocimiento donde afirma que, derivado del uso intensivo de las tecnologías de la IC, habrá un momento en que “el saber exista por los nodos de Internet con independencia de cualquiera de nosotros”. Es un momento, me parece, posible y que por una parte es una manifestación de las posibilidades de la conjunción de las inteligencias colectiva y distribuida que presenta el riesgo declarado por Mayos: llegar a ser una sociedad del desconocimiento en tanto que los artefactos serán los depositarios del saber.

Saber Lion 2
Saber Lion 2 (Photo credit: Wikipedia)

La afirmación me evoca elementos de la historia de la tecnología en la que vemos cómo el desarrollo de una nos lleva a sustituir una habilidad por otra; en relación a una tecnología intelectual, y de ellas hemos estado hablando, es posible que al depositar el saber en un artefacto podamos pensar más o diferente acerca de las cosas que afectan al objeto de ese saber. Un ejemplo ya viejo son, me parece, las tablas de multiplicar. Entendámoslas como un artefacto que en su memorización contienen ya un saber que no es necesario reconstruir cada vez que tenemos que multiplicar números de un dígito (Aclaro que con esto no estoy diciendo que el mejor modo de aprender la multiplicación es la repetición de las tablas hasta memorizarlas; simplemente que independientemente del proceso de comprender las estructuras de la operación de multiplicar, la memorización es un artefacto que a mí me ha resultado útil). al manejar con facilidad este “artefacto” podemos llevar a cabo operaciones más complejas. Algo similar puede suceder si en lugar de las tablas de multiplicar contamos con las modernas calculadoras; aunque, con la condición de que comprendamos lo que esa calculadora está haciendo por nosotros.

Comprender lo que hacemos y lo que los artefactos hacen es una clave importante para no dotar a los “nodos de Internet” de la agencia suficiente como para determinar los criterios de verdad y de valor que rigen las prácticas humanas. Es decir, cuando ese saber del que habla Mayos actúa según la agencia del “nodo” frente a un humano que no comprende lo que hace, es posible que el criterio de verdad en la actuación de ese humano sea el “nodo” en cuestión.

Seguimos de viaje

El proyecto “La segunda edad contemporánea” editó hace unos tres años el texto La sociedad de la ignorancia, escrito por Antoni Brey, Daniel Innerarity y Gonçal Mayos; un documento interesante, provocador y bien escrito donde se cuestiona si la red Internet nos lleva realmente a la sociedad del conocimiento o, como  ellos propone, a la sociedad de la ignorancia. le agradezco a Diego Leal compartirlo a través de #ExploARTIC.

En la introducción, Eudald Carbonell nos explica que se trata de discutir sobre la complejidad que implica el advenimiento de la red de redes; una complejidad que “no se puede gestionar” sino “… trabajar para poder manejar la incertidumbre planteando escenarios hipotéticos y aplicando modelos que, en cualquier caso, deberán contrastarse empíricamente”.

En la primera parte del texto, la escrita por Brey y titulada La sociedad de la ignorancia” se asume que vivimos una sociedad solipsista en donde la “elección de los jóvenes no es más que el reflejo de las prioridades de la sociedad”, una primera afirmación que cuestiono dados los movimientos recientes, como el #yosoy132 mexicano. Es cierto, se podría decir que los movimientos, al menos esa es nuestra experiencia, son efímeros y pasionales; sin embargo, eso sólo muestra lo reciente de dichos movimientos; que poco a poco tomarán forma, cauce y sedimento en propuestas más organizadas. Lo cierto es que nacen confrontando las convenciones establecidas. No sé si esto sea suficiente para hablar de manera diferente acerca de las elecciones de los jóvenes; lo cierto es que el planteamiento del texto sigue siendo provocador e interesante; sobre todo cuando, independientemente de lo dicho, la “Sociedad del Conocimiento, dice, no es más que una nueva etapa de un sistema capitalista de libre mercado que aspira a poder seguir creciendo gracias a la incorporación del cuarto factor de producción, el conocimiento…” Esto lo constatamos en la insistencia para que cada uno de nosotros esté presente en la red (y todas las nuevas plataformas para analizar la “posición de influencia” que se tiene en la red) y la justificación al aprendizaje a lo largo de la vida en función del aspecto laboral como el único que organiza la vida. Por esto Brey propone hablar de la “Sociedad de los Saberes Productivos”.

La red Internet, en su dinámica exponencial de acceso al conocimiento produce lo que se ha denominado “infoxicación” que se traduce, dice Brey, en “una dificultad creciente para discriminar lo importante de lo superfluo…” que nos puede llevar a a una renuncia al conocimiento.. una creciente ignorancia pues. En cuanto a sus características de “comunicación permanente en red… un excelente potenciador de todo tipo de actividades relacionales”,  va creando un entorno artificial en el que, como dice Zizek, los contenidos comunicados confunden la participación con lo prosaico. Así pues, la experiencia en la red se vuelve cada vez más atractiva y dedicamos más tiempo a ella.

Estos dos elementos, dice Brey, la acumulación exponencial de información y las propiedades específicas relacionales de acceso a la información va alentando la creación de campos de saber particulares y desconectados cuyas referencias convencionales crean sociedades cerradas con verdades acotadas con pretensión de universalidad.

Las ideas presentadas en el texto de Brey nos invitan a pensar en las maneras más adecuadas para habitar la red, para que la velocidad que la misma le imprime a las cosas que suceden no nos lleve irremediablemente por el camino diseñado por el azar de la información. Creo, pero a la vez me pregunto, que el Entorno Personal de Aprendizaje es el artefacto que nos permite darle un ritmo a nuestro modo de habitar la red, distinguiendo las conexiones que nos interesan y permitiéndonos administrar la información que recibimos en función de un propósito específico al que estamos dispuestos a dedicarle tiempo y reflexión. Me pregunto cuáles otros artefactos y estrategias ayudan a hacer de esta “habitación” una verdadera sociedad del conocimiento y no un elogio de la ignorancia.

La época red

Hace unos meses iniciamos un curso taller que llamamos enREDarse para aprender. La propuesta es el producto de un buen tiempo de estudio y reflexión sobre Internet, el futuro de la educación universitaria y otros temas. En este curso les pedimos a los profesores participantes que aplicaran una encuesta a sus alumnos para imaginar, desde la respuesta de ellos, las posibilidades de trabajar con ellos a través de la red.

Un profesor, al ver los resultados creó la imagen de la red como “la más sabia y la más soez”; otra maestra decía que se alegraba de ver que tenían búsquedas similares; otra de ellas se sentía compelida a entrar a la ciudad-red. Entre los datos que arrojó la encuesta hay dos que me parecen determinantes: el primero es que prácticamente todos los alumnos que respondieron dicen aprender cosas que valen la pena en internet, sea de manera formal o informal, el segundo afirma que Google es la puerta de entrada a la ciudad red, que por cierto, parece ciudad amurallada pero se anuncia de acceso libre. A mí me pareció una invitación de los alumnos para habitar la red; es decir, una invitación para conocer los artefactos de la red y emplearlos de manera cotidiana para intentar comprender el modo en que cambian las cosas en las conexiones que hacen posible la red de redes. Este video de Ana Tiyoux es un ejemplo de las narrativas que se experimentan con los medios de la red y otros artefactos digitales de producción audiovisual.

En el 2005, Mark Federman, investigador de la Instituto Ontario para Estudios de Educación de la Universidad de Toronto, escribió un interesante artículo donde ve una época en la tradición oral del poeta cantante y otra en la de la alfabetización y su consecuente práctica de la lectura.

La alfabetización separó a quién conocía (el conocedor) de aquello que iba a ser conocido, introdujo una representación intermedia en forma de palabras y un autor que afirmaba su autoridad con respecto a esa representación, entre el conocedor y lo conocido.

Federman recuerda que otros que lo han estudiado, dicen que el cambio de época se lleva unos 300 años, y pone en el telégrafo de Morse la marca de inicio temporal de una nueva época relacionada con la electricidad; época que deja atrás la alfabetización (la obsolescencia de la alfabetización, le llama), la Galaxia Gutemberg dice McLuhan.

Como ejemplo que describe en qué consiste este cambio, Federman menciona a alguien que va a comprar una lavadora de Sears.com (el mismo ejemplo lo viví respecto de la compra de un carro Stepway de la Renault y mis consultas a los comentarios de argentinos que habían comprado uno). Ahora, en la red, buscamos qué dice la gente sobre el producto que vamos a comprar; y lo que dice esa gente, a la que no conocemos, es más confiable que la información que nos proporciona el productor o el comercializador, en caso de que sean diferentes. Con este ejemplo asegura que “la autoridad del autor experto está disminuyendo junto con el valor de ese conocimiento de esa autoridad y sus intermediarios; es “la sabiduría de las multitudes” de James Surowiecki.

Decía que en la encuesta, los alumnos nos hacían ver que la puerta de entrada a al red es el buscador de Google, que hace 17 años no era otra cosa que un proyecto de  investigación en Stanford. Google, con sus más de 500 criterios de búsqueda asociados a su algoritmos sugiere que “el significado y el valor surgen de los comportamientos y las reacciones colectivas de una cultura a las cosas que los individuos hallan significativas, útiles y dignas de confianza a medida que cada miembro de esa cultura aplica su propio juicio”.

En su artículo, cita a Allen Foster quien desarrolló un modelo emergente de búsqueda interdisciplinaria de información, tarea “concurrente, continua, acumulativa y cíclica” que surgen de tres marcos conceptuales: 1) apertura (amplitud del campo: palabras clave, encadenamiento de ideas que llevan a lo desconocido), 2) orientación (definición y límites del problema), y 3) consolidación (asimilación e integración de información).

Se trata pues, de modelos no lineales de adquisición de información y de construcción de conjeturas en contextos multidimensionales y polisémicos que hacen determinante que el investigador se ubique “dentro del contexto y como contexto de la investigación”; asumiendo que hay ya una conectividad ubicua (todos, instantáneamente y en múltiples los sentidos); así como una proximidad omnipresente (sentirse inmediatamente próximo a otros y a la información).

En este mundo, donde los alumnos aprenden cosas que valen la pena, sean formales o informales, y donde la puerta de entrada en Google, “es un mundo de relaciones y conexiones.. de procesos enredados y complejos… en el que la mayor habilidad consiste en crear sentido y descubrir significado emergente entre contextos que están continuamente en procesos de cambio”. Y sigue Federman “es un mundo en el que la verdad, y por lo tanto la autoridad, nunca es estática, nunca absoluta, y no siempre es verdadera”. Este es el mundo al que los alumnos nos invitan a habitar.