Aprender en red y en la red

           Hace un par de meses, escribí un breve texto sobre el aprendizaje en red y en la red para el equipo del Centro de Aprendizaje en Red del ITESO (que por cierto me doy cuenta que no tenemos aún nuestro sitio web). El texto lo coloqué en un documento compartido y durante este tiempo lo hemos ido modificando, los del equipo del CAR y otros buenos amigos que nos han ayudado con sus colaboraciones. Sabemos que el documento que ha quedado aún está en proceso; sin embargo vimos conveniente comenzar a trabajar con la perspectiva que en él se muestra. Lo reproduzco a continuación:

Aprender en red y en la red

           Aprendizaje en red es un significado emergente. Alude a la reflexión generada cuando caemos en la cuenta de la interacción que tenemos con otras personas mediante el uso material y simbólico de las posibilidades creadas por la existencia de una conjunción, articulada de manera peculiar, de datos, relaciones, intercambios, señales y los elementos materiales que los sirven de vehículo. El presente documento se propone describir y definir algunos de los conceptos que el grupo de académicos del Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO utiliza para pensar, aplicar y dialogar acerca de la dimensión educativa que está en la entraña de ese significado emergente. El propósito de escribir es exponernos para dialogar, profundizar, enriquecer y modificar los supuestos y desarrollos iniciales aquí comunicados. No es un documento académico a la manera ortodoxa sino un escrito inacabado y en construcción colectiva cuyo carácter, por lo mismo, pide completarse y superarse con la ayuda sustantiva de los lectores.

Habitar

           La vida humana se entiende en la convivencia. La vida de cada uno de nosotros, nuestro mapa del mundo personal, se va haciendo en la interacción con lo otro: personas y cosas; cada encuentro (interacción, relación, distinción, etcétera) va rehaciendo este mapa; por eso, cada uno de nosotros somos en y con los otros, en y con lo otro.

           En estos encuentros vamos descubriendo aquello que creemos “más nuestro”: nuestros gustos, aquello que nos interesa, que nos mueve, a lo que nos dedicamos, lo que profesamos. Esta dedicación nos hace uno con el objeto y nos distingue; es decir, en esta dedicación vamos siendo nosotros mismos: somos lo que cuidamos, lo que cultivamos. Eso que se produce en el cuidado es aquello propio de nosotros mismos, lo que nos distingue. En el cuidado de las cosas del mundo y de nosotros mismos vamos construyendo ese entramado del mundo personal, a lo largo de la vida vamos “tejiendo” ese mapa, ese entramado; y de esta manera creamos un hábitat, una morada, un hogar, un mundo que nos resulta familiar.

           Habitar, dice Heidegger (1951), es cuidar. Por habitar, pues nos referimos al conjunto de actividades, relaciones, conexiones y procesos a través de los cuales las cosas adquieren un significado familiar, y son reconocibles en las actuaciones cotidianas como algo familiar; son también ese conjunto de actuaciones cotidianas a través de las cuales somos reconocidos. Habitar consiste en la permanente construcción de la prestancia que nos hace ser, a la vez, un yo y un nosotros.

Habitar la red

           El habitar humano se realiza entre dos habitáculos: El espacio o dimensión de lugar, el dónde se habita o se intenta construir la prestancia; y el tiempo o dimensión del cuándo habitar. Ambas dimensiones están relacionadas pues el dónde siempre se comprende desde el cuándo: ¿En cuál(es) momento(s) estoy habitando ese dónde? Y viceversa, pues el cuándo siempre requiere una ubicación. ¿Dónde estoy en este momento o momentos, habitando?  Esta relación de ambas dimensiones está afectada por lo, hasta hoy, irrepetible o irreversible del tiempo. El tiempo en esencia pasa y no vuelve a pasar.

           Son las configuraciones de espacio y tiempo que construimos o creamos al habitar y (al interactuar, interrelacionarnos, intercambiar) al ir decidiendo ser lo que vamos siendo, eso  que hace habitable el habitar. Son configuraciones cambiantes por la edad, la época, la cultura, la acción y la organización social. También y de manera impactante esas configuraciones cambian por los inventos de la creación humana, por el lenguaje, herramientas y artefactos creados para la comunicación. Es el caso, para nuestro tema, de la invención de la red internet, que implanta nuevas configuraciones sobre nuestra, acostumbrada hasta entonces, noción de espacio y, en consecuencia, de tiempo. Los cambios son muchos. Por ejemplo: El modo de  buscar información, la creación de la propia identidad en la red, la amplificación de lo dicho por cada quien, la copresencia,  la producción y difusión de lo propio en diversos formatos, la configuración mediática de la agenda, la movilidad y la ubicuidad.

           Frente a estos cambios, es impresionante la actualidad de lo dicho por Heidegger hace 60 años:

“La auténtica penuria del habitar reside en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar; de que tienen que aprender primero a habitar. Pero, ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mismos, llevar el hábitat a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar[1].”

Aprender

            La verdad con la que actuamos y organizamos nuestro hacer es una construcción colectiva. El conocimiento requiere de una comunidad que lo valide y se pueda replicar por cualquier persona. El conocimiento es un fenómeno emergente de la red de humanos y no humanos habitantes del mundo. El conocimiento no está en la mente de las personas ni en lugares estancos del mundo, sino en los flujos, las conexiones y, en general, en el conjunto de relaciones que constituyen las diversas redes del mundo.

            Aprender, como el proceso de generación de la capacidad humana para comprender e incidir en nuestra realidad siempre ha ocurrido en red, con otros. No hay aprendizaje que no sea en red. Aprender implica una capacidad humana con la cual nos enfrentamos a la realidad. Los eventos que componen el aprendizaje o acto resultado de aprender aun es un misterio. No obstante, el conocimiento del aprendizaje ha logrado establecer algunas notas constitutivas, sin todavía ser capaz de dar cuenta de todos los matices del proceso implicado en la constitución de tales notas.

Las personas aprendemos cuando experimentamos. Reconocemos sensaciones, les damos nombre, las distinguimos, reconocemos lo que producen, etc.  Por ejemplo, tenemos la sensación interna a la cual nombramos hambre. Comemos, bebemos, nos sentimos satisfechos pues la sensación interna de hambre desaparece, y reconocemos que comer y beber nos produce una sensación que llamamos placidez; al fin, reconocemos que ciertos alimentos y bebidas nos satisfacen mejor el hambre o nos producen mayor placer. Así, aprendemos cuáles alimentos y bebidas vamos a preferir y por qué. Aprendemos a comer.

También aprendemos, y quizá con mayor profundidad, en la interacción con otras personas, pues las experiencias de otros y lo aprendido por esos otros, nos puede suscitar lo mismo que las experiencias propias.

El aprendizaje más complejo sucede cuando conocemos, cuando hacemos acto la intención de acceder al conocimiento, ese que se ha producido y validado por el conjunto de relaciones de los humanos entre sí y con su hábitat. El aprendizaje resulta en la capacidad de aplicar el conocimiento, traducirlo en un saber hacer reflexivo  y transferible a las diferentes situaciones de la vida.

Aprender en la red Internet

Entre otras estructuras de red, hay una llamada “sin escala” que se caracteriza por un pequeño número de entidades o nodos con numerosas conexiones y un gran número de entidades o nodos con un número mucho menor de conexiones. Son redes donde hay unos pocos nodos altamente conectados y una mayoría de nodos apenas conectados. Esto genera un desbalance en cuanto a la influencia que estos nodos altamente conectados pueden ejercer en la construcción de la verdad. La sociedad red es de esta índole; es decir, que existen unas pocas entidades corporativas de comunicación con una enorme capacidad para hacer llegar a la mayoría ciertos contenidos que pueden definir, para todo un grupo social, una verdad o saber construido.

           Manuel Castells, en una presentación[2] de su libro Comunicación y Poder, dice:


“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación…

En el libro citado asegura “Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social[3].”

            Frente a este escenario, sin duda nuevo por la magnitud e influencia de los “nodos superconectados” el aprendizaje de cualquier cosa, el aprendizaje en red, requiere de procesos que inicien con la incorporación, de manera intencionada, de la diversidad de opiniones y fuentes de información, con el ánimo de facilitar “el empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades [superconectadas][4]”. A través de la inclusión intencionada de la diversidad será posible la construcción de la autonomía de cada una de las personas-nodo que participan en la red; siempre y cuando estas personas actúen en libertad.

            El empoderamiento individual aunado con la libertad hacen posible pensar en red; es decir, hacen posible dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones. Es una búsqueda que implica querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda. Con la información existente en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto crecen de manera inconmensurable. Nuestra capacidad para pensar y aprender en red se incrementa según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos: interacción, apertura. No basta ese aparentemente pasivo “dejarse interpelar”, es necesario también un movimiento intencionado hacia otras personas o fuentes de información que nos ayuden a ampliar nuestro horizonte desde el cual vemos y pensamos ese algo específico. Esta búsqueda intencionada es otra de las dimensiones del pensar y aprender en red, y es en esta dimensión en la que el tamaño y calidad de la red con la que contamos se correlaciona con la calidad del saber del que somos capaces. Hay cosas que no sabemos porque nuestras conexiones no tienen acceso a ese saber. Así pues, pensar y aprender en red de manera intencionada consiste en la construcción permanente del sujeto en red, es decir, de su verdad

            Esta construcción permanente del sujeto en red contiene el aprendizaje a lo largo de la vida según sus intereses y gustos. Un aprendizaje que se asocia con la red Internet donde la abundancia parece ser su característica principal: abundancia de información, de personas, de herramientas, de artefactos, etcétera. Una abundancia que modifica la velocidad de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La abundancia y la velocidad pueden abrumarnos de tal manera que ya no sea posible percibir lo que sucede ya sea porque sucede con una rapidez mayor a nuestra capacidad de percepción (como los trucos del mago) o por no poderlos distinguir entre las muchas otras cosas de las que nos hacemos. Creemos, pues, que conviene tener asideros para navegar en medio de esa abundancia que se mueve y nos mueve a enorme velocidad. El artilugio conceptual que nos sirve de asidero en esta inmensidad creciente es el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA)[5], artilugio  que contiene:

    • Los temas que son de mi interés, que me han movido o me mueven.
    • Los problemas que en este momento tengo frente a mí y que me tienen ocupado.
    • Las tecnologías que empleo para aprender o trabajar con esos temas o problemas. Tecnologías en su sentido amplio: mecánicas, eléctricas, electrónicas, conceptuales, procedimentales, etcétera.
    • Las personas con las que mantengo alguna conversación sobre uno de esos temas, aunque sea “de vez en cuando”.
    • Las personas a las que “sigo”, es decir, a las que leo aunque no tengo contacto con ellas.
    • Los textos y otras fuentes de información que son relevantes para mí.
    • Los lugares (geoespaciales e informáticos) en los que me encuentro con esas personas (ambos tipos, que leo y con las que converso).

El APA así definido (con cierto grado de abstracción en tanto que sería un trabajo enorme detallar sus características), nos da una idea del modo en que aprendemos y, sobre todo, nos da la posibilidad de navegar en la red según nuestros propios intereses, en cada momento; implica además, una identidad clara respecto de nuestros propios gustos e intereses, y conforma de algún modo la representación de nuestra identidad en red.

Aprender en red en la red

            Para aprender a aprender en red en la red es necesario comenzar por conocer la misma red Internet: conocer sus  operaciones, herramientas, mediaciones, conexiones posibilidades y ataduras para llegar a habitarla, es decir, para hacerla nuestra y dejar que nos reconfigure.  Para habitar la red es necesario participar en ella de manera cotidiana, reconocernos en los cambios que ha formulado para el mundo de hoy y en ella aprender.

           Cuatro criterios nos permiten asegurar que este aprender en red sea lo más adecuado: autonomía, diversidad, interacción y apertura (Downes, 2005). Estos cuatro criterios pueden operarse sólo si la participación en la red se hace con familiaridad; es decir, si se habita la red en un continuo. Para ello, creemos que hay algunas operaciones básicas (que en cada momento podrán estar relacionada con ciertas herramientas): construir la identidad propia, conectarse y dialogar, gestionar la información, comunicar lo propio y hacerlo público, crear diversas narrativas y por diversos medios, producir con otros, producir a partir de lo de otros, cuidar la privacidad propia y la de otros, y actuar de manera reflexiva.

           Habitar la red es ahora una práctica cotidiana que influye en el crecimiento personal. Requiere una experiencia de participación con los criterios ya mencionados de autonomía, diversidad, interacción y apertura.

  

Documento elaborado en el Centro de Aprendizaje en Red del ITESO

Enero de 2013


[1] Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar.  Conferencia. Disponible en línea en http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

[2] Castells, Manuel (2010). Presentación de su libro Comunicación y Poder, en https://www.youtube.com/watch?v=Z2PmCEPE5iI

[3] Castells, Manuel (2009, p. 29). Comunicación y poder. Alianza Editorial. España.

[4] Downes, Stephen (2005). Introducción al conocimiento conectivo. http://es.scribd.com/doc/80792249/Stephen-Downes-Una-Introduccion-Al-Conocimiento-Conectivo

[5] También se le llama Entorno Personal de Aprendizaje (EPA) o PLE, por sus siglas en inglés. Probablemente una mejor denominación es la de Red de Aprendizaje Personal, aunque RAP ya es muy conocido y escuchado.

Seguimos de viaje

El proyecto “La segunda edad contemporánea” editó hace unos tres años el texto La sociedad de la ignorancia, escrito por Antoni Brey, Daniel Innerarity y Gonçal Mayos; un documento interesante, provocador y bien escrito donde se cuestiona si la red Internet nos lleva realmente a la sociedad del conocimiento o, como  ellos propone, a la sociedad de la ignorancia. le agradezco a Diego Leal compartirlo a través de #ExploARTIC.

En la introducción, Eudald Carbonell nos explica que se trata de discutir sobre la complejidad que implica el advenimiento de la red de redes; una complejidad que “no se puede gestionar” sino “… trabajar para poder manejar la incertidumbre planteando escenarios hipotéticos y aplicando modelos que, en cualquier caso, deberán contrastarse empíricamente”.

En la primera parte del texto, la escrita por Brey y titulada La sociedad de la ignorancia” se asume que vivimos una sociedad solipsista en donde la “elección de los jóvenes no es más que el reflejo de las prioridades de la sociedad”, una primera afirmación que cuestiono dados los movimientos recientes, como el #yosoy132 mexicano. Es cierto, se podría decir que los movimientos, al menos esa es nuestra experiencia, son efímeros y pasionales; sin embargo, eso sólo muestra lo reciente de dichos movimientos; que poco a poco tomarán forma, cauce y sedimento en propuestas más organizadas. Lo cierto es que nacen confrontando las convenciones establecidas. No sé si esto sea suficiente para hablar de manera diferente acerca de las elecciones de los jóvenes; lo cierto es que el planteamiento del texto sigue siendo provocador e interesante; sobre todo cuando, independientemente de lo dicho, la “Sociedad del Conocimiento, dice, no es más que una nueva etapa de un sistema capitalista de libre mercado que aspira a poder seguir creciendo gracias a la incorporación del cuarto factor de producción, el conocimiento…” Esto lo constatamos en la insistencia para que cada uno de nosotros esté presente en la red (y todas las nuevas plataformas para analizar la “posición de influencia” que se tiene en la red) y la justificación al aprendizaje a lo largo de la vida en función del aspecto laboral como el único que organiza la vida. Por esto Brey propone hablar de la “Sociedad de los Saberes Productivos”.

La red Internet, en su dinámica exponencial de acceso al conocimiento produce lo que se ha denominado “infoxicación” que se traduce, dice Brey, en “una dificultad creciente para discriminar lo importante de lo superfluo…” que nos puede llevar a a una renuncia al conocimiento.. una creciente ignorancia pues. En cuanto a sus características de “comunicación permanente en red… un excelente potenciador de todo tipo de actividades relacionales”,  va creando un entorno artificial en el que, como dice Zizek, los contenidos comunicados confunden la participación con lo prosaico. Así pues, la experiencia en la red se vuelve cada vez más atractiva y dedicamos más tiempo a ella.

Estos dos elementos, dice Brey, la acumulación exponencial de información y las propiedades específicas relacionales de acceso a la información va alentando la creación de campos de saber particulares y desconectados cuyas referencias convencionales crean sociedades cerradas con verdades acotadas con pretensión de universalidad.

Las ideas presentadas en el texto de Brey nos invitan a pensar en las maneras más adecuadas para habitar la red, para que la velocidad que la misma le imprime a las cosas que suceden no nos lleve irremediablemente por el camino diseñado por el azar de la información. Creo, pero a la vez me pregunto, que el Entorno Personal de Aprendizaje es el artefacto que nos permite darle un ritmo a nuestro modo de habitar la red, distinguiendo las conexiones que nos interesan y permitiéndonos administrar la información que recibimos en función de un propósito específico al que estamos dispuestos a dedicarle tiempo y reflexión. Me pregunto cuáles otros artefactos y estrategias ayudan a hacer de esta “habitación” una verdadera sociedad del conocimiento y no un elogio de la ignorancia.

Murmullos en la red

Durante las últimas semanas me he topado con la pregunta acerca de la conveniencia de crear un blog propio y el sentido de hacerlo. Las conversaciones y discusiones al respecto me recuerdan aquel anciano que quería cruzar la Avenida Tlalpan en la Ciudad de México, cosa prácticamente imposible. Cuando un reportero le pregunta que por qué no utiliza el puente peatonal, el anciano responde “cada quien su idea de cada quien”. Lo mismo aplica con respecto del blog en tanto que es personal.

Si una persona escribe o encuentra gozo al escribir o descubre cosas al hacerlo o es una necesidad, entonces sí, que abra su blog y que escriba. Para mí, escribir es un camino para comenzar a comprender las cosas; también esquematizar, dibujar o diagramar. No importa si no lo hago bien, es un ejercicio necesario para comprender. Escribir en el blog le añade la posibilidad de contactar con otro interesado en lo mismo y con quien puedo conversar y construir esa u otra comprensión de la cosa objeto de la escritura; en este sentido, escribir en el blog es una manera de pedir ayuda sobre lo que en este momento intento comprender. En este caso, por ejemplo, es si el blog de verdad tiene sentido para todos o no.

En mis clases, aquellas que son a distancia, les pido a los alumnos que creen su blog. Al hacerlo me parece que (lo afirmo con prudencia en tanto que no lo he conversado con ellos) se instalan durante el curso varias conversaciones; la de los blog son las conversaciones que organizan los propios alumnos según sus intereses. Yo tengo la mía propia en mi blog (y no tiene que ver con el curso), y otra más en la página del curso (en el foro instalado para eso). Pero también están las otras conversaciones dentro de los foros que se van creando ya sea en la página del curso, ya en alguna red social; donde Twitter es la reina para estas cosas, según mi parecer.

Las conversaciones en los blog, aunque muchos de ellos nacen de la propuesta de un curso, modifican, casi de inmediato su relación con ese origen y crean su propia conversación/entorno. Así, cada blog va generando un murmullo más en la red, si aguzamos el oído podríamos escuchar parte de ese murmullo en su codificación en el teclado; la otra parte del murmullo no se oye, está inscrito, de manera codificada, en la red, permanece y se acumula a un intento humano por comprender las cosas en las que andamos; cada vez más complejas, cada vez más difíciles de entender.

Martin Wheeler escribe en “Blogging with Freire” una interesante reflexión sobre el modo en que el cree que Freire hablaría de los murmullos en el mundo de los blog. La traducción se puede extender a toda conversación en la red.

¿Y ahora, qué hacemos?

Esta semana hemos tenido varios encuentros interesantes en el Simposio de Educación y Semana de Psicología en el ITESO. De manera paralela, en #Change11, Stephen Downs trabaja el tema del conocimiento como red y de la red como un constitutivo de la persona.

En el Simposio participé en un “coloquio” sobre las redes sociales, la educación y el aprendizaje a lo largo de la vida. Pensando en el tema, me pareció conveniente imaginar algunas cosas que los profesores podríamos hacer para por una parte entrar a este mundo que por virtual no deja de ser mu real. Vamos, me encontré con que (y aquí mi presentación), una incertidumbre ronda nuestras aulas, es una legítima y real; una que creo urgente y conveniente atender, que se traduce en una problemática cotidiana, compartida y retadora: sabemos que el mundo ha cambiado y que eso significa comenzar a pensar y actuar de manera diferente nuestro papel como formadores; un problema que se quiere resolver desde diversas instancias y con múltiples estrategias: el Programa Nacional de Educación Básica de 2009, en México, apunta la necesidad de formar en los alumnos las competencias para la participación en los medios sociales electrónicos. Los gobiernos (nacional y local) llevan a cabo grandes esfuersos y desarrollos cada sexenio en este sentido (entre lo que podemos mencionar la Biblioteca digital, Enciclomedia, Habilidades digitales Para Todos); de la misma manera, se invierten enormes energías y recursos económicos para capacitar a los profesores en el uso de estas herramientas y entornos de aprendizaje; por otra parte están los desarrollos del Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa en el campo de los Objetos de Aprendizaje. Todos estos proyectos atienden el problema; sin embargo, la incertidumbre cotidiana (que en ocasiones llega a ser angustia real y declarada) de los profesores sigue incólume. podríamos pensar en actuaciones que ayuden a resolver esto en la vida cotidiana, no a nivel de sistema educativo. Es probable que podamos encontrar las estrategias, situaciones, mecanismos y andamiajes adecuados para ayudar a nuestros alumnos del siglo XXI a crecer como personas y aprender a vivir la vida en un siglo con características no imaginadas con anterioridad.

Nos encontramos (quizás de repente) con un mundo que se vive en buena medida de manera digital, no es ocioso hablar del “Internet de las cosas”, es decir, de ese conjunto de objetos que cargamos y con los que actuamos, conectados de alguna manera a la gran red, y que nos conectan con otras personas, nos acercan a infinidad de documentos, en diversos medios, y donde conversamos y aprendemos.

En este enorme escenario de actuaciones en conexión nos damos cuenta de que en la diversidad de opiniones y experiencias surgen el conocimiento y el aprendizaje, de manera que resulta conveniente establecer relaciones a través de la red porque ahora es más importante que nunca el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.

Desde hace ya mucho tiempo sabemos que nadie se educa solo y que nadie educa a otro; sino que nos educamos unos a otros a través de la convivencia, las conversaciones y el hacer juntos. Las redes sociales expanden las opciones relacionales y, por eso mismo, las alternativas para aprender; así pues, el profesor, al dejar de ser la persona que sabe, pasa a ser la persona que puede coordinar un proceso de aprendizaje. Por esto, también, la competencia de aprender a aprender es la básica para la vida.

Frente a este escenario es normal que nos hagamos la pregunta del inicio ¿y ahora, qué hacemos? es decir, ¿cómo podemos ayudar mejor a nuestros alumnos a aprender y a aprender a aprender?

Se me ocurren dos cosas que me parece que abren el abanico de posibilidades tanto para los profesores como para los alumnos. La primera de ellas es pensar en formas para proponer el aprendizaje “enactuado”. Un ejemplo que me ha ayudado para comprender el concepto es aquel cuando aprendemos a andar en bicicleta (creo que Francisco Varela habla de él). La persona que nos “enseñó”  no nos dijo cómo se hace para lograr el equilibrio entre el balanceo del cuerpo y cada pedaleada; más bien, nos subió a la bicicleta y nos ayudó a observar lo que iba sucediendo a medida que avanzábamos hasta que sin darnos cuenta habíamos aprendido a andar en bicicleta.

Otro que me gusta consiste en el ejercicio de pedirle a los alumnos que tomen fotografías de algo sobre lo que se va a trabajar: un viaje, el barrio, la casa, la escuela, algún tema en particular y que construyan y narren la historia con esas fotografías; que las cuenten entre sí para, a través de compartir, reconstruyan otras narraciones, para que al poner juntos sus observaciones puedan imaginar otro escenario. el “Internet de las cosas” lo podemos utilizar como apoyo para un montón de procesos de construcción colectiva como este.

Para hablar de la segunda cosa que se me ocurre ( a mí y a otros muchos), tengo que dar una rodeo preguntándome ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿en qué mundo nos encontramos? ¿Qué y cómo conviene enseñar… o conviene que aprendan? Las respuestas tendrían que ser muy amplias; mejor hago aquí un recorte y abreviación.

Peter Wheller habla de una parte del escenario: nos encontramos en un mundo saturado de medios y de información: el fenómeno del acceso ha cambiado… de un mundo en donde el acceso al saber de las personas se dificultaba ya sea por la distancia o por los costos editoriales, a un mundo donde se puede acceder a la información de manera instantánea y sin moverse, a costos relativamente bajos y de manera gratuita… el impacto  en (y reto para) la educación está en que ahora podemos (y tendremos que) pensar e imaginar procesos de aprendizaje en la abundancia; es decir, de un estado donde buscábamos ofrecer al alumno la mayor cantidad posible de información (a sabiendas de que siempre era poca), a un mundo donde es imprescindible saber clasificar y calificar la información que nos llega y a la que accedemos.

Pero no sólo es el acceso a la información (por cierto, información variada y expresada en diferentes medios), sino que la producción se ha simplificado en el mundo digital y su difusión es automática.

Un estudio financiado por la Fundación McArthur, y coordinado por Henry Jenkins, en aquel entonces director del Programa de Estudios Comparativos de Medios del MIT, identificó once competencias para vivir en una Cultura Participativa atravesada por medios digitales:

  • Jugar
  • Desempeñarse
  • Simulación
  • Apropiación
  • Multitarea
  • Conocimiento distribuido
  • Inteligencia colectiva
  • Juicio
  • Navegación transmedia
  • Enredarse
  • Negociación

Estas competencias no sólo hablan de una persona que es capaz de vivir en una cultura participativa atravesada y saturada por medios; sino que habla sobre todo, de una persona que es capaz de aprender a aprender en ese mundo mediático y mediatizado; y por consecuencia, también de un profesor que es aprendiz en la red y en red.

Así pues, estoy convencido de que para poder imaginar situaciones o escenarios de acción concretos que ayuden a nuestros alumnos a aprender a aprender , es necesario descubrirnos a nosotros mismos como participantes y aprendices en estos medios.

Entonces, la segunda (de las dos cosas que se me ocurren para empezar a hacer en este mundo saturado de medios) consiste en favorecer que los alumnos construyan su propio Ambiente Personal de Aprendizaje (APA o PLE, por sus siglas en inglés) de manera que poco a poco vayan logrando una independencia razonable respecto de las propuestas formativas institucionalizadas y rígidas. Esto cuestiona, sin duda, a las instituciones educativas en general; pero, por ahora, lo más importante es que cada profesor construya las estrategias para aprender en red y animar a sus alumnos a hacerlo.

Muestro aquí un PLE que hice en función del proceso que normalmente seguimos para aprender algo.

Aprender en la abundancia

Martin Weller presentó en #Change11 parte de su propuesta planteada en su libro “The Digital Scholar: How Technology is Transforming Scholarly Practice. Bloomsbury Academic. En algunos de sus capítulos revisa las transformaciones a la práctica del maestro que ha generado la convergencia de los tres elementos clave de las TIC: digital, enredado y abierto.

En el octavo capítulo trata el tema relacionado con la abundancia de contenidos, como una de las consecuencias que ha significado el uso intensivo, global y móvil de las tecnologías de información y comunicación. Una abundancia que se observa en las prácticas de los alumnos y una buena cantidad de profesores.  El acceso a un documento se logra de una manera mucho más sencilla y fácil que en décadas anteriores. Aunque no toda la información el libre, parece haber caminos que hacen posible licencias de propiedad intelectual que abren la puerta al acceso gratuito de la información, aunque aún nos falta mucho por recorrer en este ámbito.

En este contexto, es necesario plantearnos, Weller lo hace, la conveniencia de una “pedagogía de la abundancia”, es decir, imaginar una propuesta formativa que parte del hecho de la abundancia y variedad de contenidos, así como las multiplicidad de medios en que se representa.

En los planteamientos sobre comunidades de práctica (Wrenger, 1991), aprendizaje basado en problemas (Barrows y Tamblyn, 1980), constructivismo (Ionasen, 1991) y conectivismo (Siemens, 2005) podemos encontrar fundamentos para imaginar modos para trabajar con la abundancia de contenidos en un proceso formativo.

En todas esta formas que imaginemos, me parece que veremos que una de las competencias más importantes a desarrollar, para aprender en un contexto de abundancia, es la capacidad de distinguir y discernir sobre la información con la que nos vamos topando para decidir cuál es la adecuada para lo que estamos buscando; así como la capacidad para buscar y localizar la información que requerimos, determinada nuestras propias limitaciones: no podemos ni siquiera “ver” todo lo que se nos presenta.

Por otra parte, y creo que es lo más importante, consiste en imaginar los caminos para que dentro de esa abundancia podamos detenernos para rumiar de manera parsimoniosa y gozosa las cosas con las que al hacerlo, nos enriquecemos y vamos creciendo. Vale la pena recordar a San Ignacio: “ no el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente ”. En las propuestas educativas que he tenido oportunidad de conocer, y que he imaginado, veo que aunado a la participación en los medios sociales activos en la red, es imprescindible el lugar desde el que cada uno de los estudiantes y profesores se expresa: el blog; en tanto que implica un esfuerzo de organización de las ideas, de lo aprendido; y de reflexión sobre ello.

Aprendizaje Invisible

Aprendizaje invisible

Cristóbal Cobo y John Moravec acaban de escribir un libro titulado Aprendizaje Invisible que contiene una propuesta interesante que es producto de un diálogo previo entre varias personas y que se plantea como una conversación a seguir: http://www.aprendizajeinvisible.com. En esta primera parte hago una síntesis comentada de la propuesta en general, explicada en los primeros capítulos del libro.

Empiezan por mostrar la necesidad de una mejora en la educación “que resulte a su vez inclusiva”, y este es un asunto determinante no sólo a lo largo de la obra, sino como condición para la calidad educativa. Es interesante ver como desde dentro de las instituciones universitarias vamos constatando que con las tecnologías actuales es posible imaginar otra universidad (probablemente otra educación) que combine los procesos de formación de un profesionista con los aprendizajes derivados de otro montón de experiencias. Todo esto, en un contexto de comunicación abierto, horizontal y deseablemente gratuito, y con formas de certificación novedosas. Por esto, se proponen explorar algunos ciclos de transformación relevantes en la ecología educativa.

El aprendizaje invisible lo definen como una propuesta conceptual que surge del análisis de los procesos de aprendizaje experimentados en los usos de las TIC, las transformaciones de los diversos tipos de educación y lo que ellos llaman metaespacios intermedios. El aprendizaje invisible es, pues, un arquetipo conceptual sociotécnico que da cuenta de que hay un continuum en lo que se aprende a lo largo de la vida y en las diversas esferas geográficas y de la experiencia; en donde es preciso combinar estas formas de aprender en un contexto de horizontalidad que promocione la autogestión del aprendiz. Las competencias requeridas se centran en la capacidad de creación, invención e innovación para “habitar el mundo”.

El aprendizaje invisible es ese que no observamos, ese que se aprende por estar en una situación determinada, es un aprendizaje exigido por la situación o encontrado por exploración, que se aprende por estar haciendo; en ambos casos es un aprendizaje que podríamos llamar, “enactuado” (Francisco Varela); es decir, ese aprendizaje “que es persona… complejo… de exportar, sistematizar … verbalizar”; así pues, no se trata de una teoría novedosa, sino un intento por comprender el mundo que vivimos y la educación propicia para mejor estado.

Explican los cinco ejes básicos para entender los principios del aprendizaje invisible. El primero es que “las competencias no evidentes resultan invisibles en los entornos formales”, donde el riesgo es no poder observar, y por lo tanto ignorar, las competencias que una persona adquiere “en los contextos digitales”, dicen los autores; me parece que esto sucede con todas las competencias adquiridas en contextos fuera de los sistemas formales de educación; sin embargo, estoy de acuerdo en que el trabajo en los contextos digitales requieren de un conjunto de competencias necesarias para la vida en un mundo saturado de medios. El segundo eje es que “las TIC se hacen invisibles”, es decir, que una persona que desde su nacimiento se encuentra rodeado de medios digitales, las asume como parte de su entorno natural. Lo que me parece más interesante de este eje es que la mayoría de los que estamos laborando en instituciones educativas no tuvimos esa experiencia, por lo que es preciso imaginar el paso de un mundo a otro sin querer imponer la mirada del pasado, pero al mismo tiempo aprender a considerar la necesidad de valorar la historia para proyectar el futuro. La propuesta de los autores consiste en “invisibilizar” las TIC, nada fácil en tanto que a esta, nuestra, generación, nos será imposible hacerlas invisibles en tanto que arribaron al mundo después que nosotros (en mi caso, utilicé la primera calculadora, en lugar de la regla de cálculo, el segundo año de mis estudios de ingeniería; desde entonces mi vida ha sido, entre otras cosas, con TIC).

El tercer eje tiene que ver con que “las competencias adquiridas en entornos informales son invisibles”. Se trata de imaginar formas y procesos para reconocer aquellas competencias que adquiridas de manera informal pueden incorporarse a los procesos formales como un valor para la transferencia de conocimiento; de la misma manera, imaginar cómo proponer situaciones informales o generar conexiones con ellas para el aprendizaje de esas competencias. Por otra parte, el cuarto eje consiste en que “las competencias digitales resultan invisibles”, simplemente porque ocurre cuando “estamos haciendo otras cosas”. Una posible salida a este asunto es la propuesta hecha ya por muchos otros de ayudar al alumno a crear su propio Ambiente Personal de Aprendizaje, de manera que él mismo vaya haciendo las conexiones con los procesos informales de aprendizaje. El quinto eje da cuenta de que “hay ciertas prácticas empleadas en la escuela/universidad que podrían invisibilizarse”. En concreto se refieren a ese conjunto de prácticas que no llevan a la construcción de un saber relevante para la vida del alumno y, por lo tanto, no son significativos; es decir, a aquellas prácticas que no proponen una mirada particular del mundo y una construcción del futuro del mismo.

PLE y E-portfolio

Tanto el “portafolio electrónico” como el “Entorno personal de aprendizaje” son dos conceptos que remiten al modo en que cada uno de nosotros aprendemos algo. Se trata de artefactos que ya utilizamos; sin embargo, dada la cantidad de información a la que podemos acceder y recibir, conviene tener definido y bien identificado. Por otra parte, hay muchas herramientas que ayudan a organizar esta información. Quizás la gran diferencia entre ambos es su relación con las normas establecidas en las instituciones educativas, ya sea privadas o públicas.

El portafolio electrónico nace con un problema o pregunta que se desea indagar; por esta razón, el portafolio se plantea como un proyecto a realizar en donde el producto consiste en los aprendizajes obtenidos y la solución al problema planteado, independientemente del problema.

El Entorno Personal de Aprendizaje es una respuesta a la necesidad actual de aprender a lo largo de la vida; por esto, nace con los temas de interés de cada persona en un momento dado y se van moviendo según los retos con los que se va uno enfrentando.

Así pues, un entorno Personal de Aprendizaje puede contener un conjunto de Portafolios Electrónicos. El primero en movimiento permanente, el segundo moviéndose según los retos e intereses que en cada momento va teniendo la persona propietaria de su entorno; algunos portafolios seguirán moviéndose a la par del EPA en tanto que el problema enfrentado siga creciendo.

La organización de un portafolio electrónico es sencilla: medios para acceder a la información, para procesarla, para producirla, para comunicarla y para contactar a otras personas. Estos últimos medios organizan los contactos para la consulta, la opinión o la creación conjunta.

El Entorno Personal de Aprendizaje consiste de herramientas similares que van movilizando a la persona a través de las conexiones que va adquiriendo y, sobre todo, consolidando. A través del EPA uno se va adhiriendo a conversaciones que pueden derivar en actuaciones de diversa índole. El EPA, pues, no se define por el problema a resolver, sino por sujeto construyéndose a través de lo que va aprendiendo.

El Eportafolio nace en el contexto escolar como una manera de hacer que el alumno vaya viendo su avance y reflexionando sobre su propio aprendizaje; culmina con la presentación (y comunicación pública) de lo que el alumno sabe. El EPA nace de la necesidad de aprendizaje en función de lo que cada uno va enfrentando o de sus intereses personales. El primero, por su definición, se ajusta a los esquemas de seguimiento de las instituciones educativas, el segundo rompe con estos esquemas en tanto que coloca a la persona en el centro de la actividad.

Aprender en la red

A mediados de la década de los Setenta las universidades comenzaron a adquirir computadoras para incluirlas en los procesos de aprendizaje de los alumnos. Entonces, los estudiantes de Ingeniería y Ciencias Exactas aprendían a programar, y lo hacían de una manera que hoy llamaríamos superficial en tanto que la programación implicaba, en el mejor de los casos, un plan apenas esbozado y la escritura del programa en directo y frente al teletipo. Los programas resultantes eran difíciles de comprender y al final veíamos que lo podía utilizar el mismo programador y algunos pocos más. En los Ochenta, los sistemas operativos que presentaban una interfaz gráfica al usuario, motivaron la adquisición masiva de computadoras por parte de las universidades, lo que implicó un gran esfuerzo para ayudar a los usuarios, profesores y alumnos, a aprender a utilizar estas herramientas. Estos esfuerzos se encaminaron al aprendizaje del uso de la computadora y sus programas, particularmente la novedad que representaba el correo electrónico; con ello, nace el concepto de alfabeto informático que posteriormente se llamó digital.
Los Noventa estuvieron marcados por la World Wide Web, programas que hacían posible la navegación por la red en una interfaz gráfica, y el inicio del siglo XXI por la web2.0. La primera amplió y facilitó el acceso a la información, la segunda incrementó las posibilidades de acceso a la información a través del sistema de difusión de información actualizada (Really Simple Syndication o RSS), la comunicación entre personas a través de las redes y facilitó la producción y difusión de contenidos por cualquier usuario. Hacia finales de la primera década de este siglo se añadió la conexión móvil a través de la telefonía móvil y las redes inalámbricas.
Este movimiento nos llevó a un mundo saturado de medios, con flujos de información nunca antes imaginado y que nos hacen creer que por su mera existencia nosotros estamos conectados, de tal manera que a los artefactos le añadimos el término “social” por el simple hecho de hacer posible una comunicación de ida y vuelta: medios sociales, redes sociales, aprendizaje social; como si lo social fuera algo ya dado y que basta el artefacto para explicar y dar por sentada la conexión. Pero lo social se construye en la acción.
Bruno Latour realizó algunos estudios sociales de las Ciencia y de la Tecnología, y es desde ellos que propone retornar a los orígenes de los debates de la sociología para rescatar el proyecto científico original. La tradición desde la que habla implica pensadores críticos que han postulado la comprensión de las cosas a partir de su historia y de las interacciones o prácticas con ellas: Serres, Derridá, Foucault, Tarde, Garfinkel, Nietzsche, entre otros.
Latour asegura que social no es algo ya dado. Si asumimos que la sociedad existe como entidad que explica lo demás, nos perdemos la posibilidad de encontrar los matices. Lo social se da en las asociaciones, mismas que generan movimiento que nos liga a otros y a lo otro, humanos y no humanos. Reclama el hecho de que hemos creído que los objetos no actúan; sin embargo, da cuenta a través de sus estudios de la manera en que al interactuar con ellos hacemos cosas y nos hacen hacer cosas; y en la interiorización de ese hacer constituimos nuestra identidad, así como nuestras grupalidades: siempre en movimiento, siempre en constante reensamblaje, siempre en relación.
La “red de redes” no es sólo el conjunto de artefactos electrónicos conectados, sino una cantidad innumerable de asociaciones que actúa y nos hacen hacer cosas puesto que cada artefacto en uso hoy en día está inmerso en un sistema tecnológico que a su vez se sustenta en otros sistemas tecnológicos; pero aún así no podemos afirmar que estamos conectados, para ello hace falta ese hacer que nos devuelve de manera reflexiva lo que hacemos, lo que queremos, lo que somos, y desde donde construimos un conjunto de relaciones que dan cuenta de eso que vamos siendo.
La red ofrece cada vez más cosas. Como tecnología intelectual ofrece más de todo: información y fuentes de información, rapidez, a más distancia y con más personas; sin embargo, este más no es forzosamente mejor aunque todo indica que sí es diferente, y esto es importante porque nos hace volver a preguntarnos por las conexiones que queremos. En tanto que ambiente abierto, responde a necesidades diferentes, se adapta según las conexiones que se van creando y manteniendo; en fin, la red es un agente singular del sistema cognitivo. Por ello tiene sentido preguntarnos por los caminos posibles para participar en la red y aprender en ella. Caminos que nos ayuden a identificar las conexiones que creemos conveniente favorecer según nuestras necesidades y gustos. Por otra parte, como formadores universitarios, al emplear la red para la formación, nosotros junto con este gran artefacto (Macrobio le llamó Serres) hacemos hacer cosas a la vez que los alumnos junto con el macrobio nos hacen hacer cosas.
Tiene sentido, pues, preguntarnos por lo modos en que podemos ayudarnos y acompañar al alumno en la red para construir significado, la manera en que mejor podemos mostrar un camino o y ayudar a que vaya haciendo el suyo propio. Para esto, me parece, es de buena ayuda el Entorno Personal de Aprendizaje (PLE).

El Ambiente Personal de Aprendizaje (APA o PLE por sus siglas en inglés)

Cuando nos topamos con algún reto o problema que implica aprender algo para poder enfrentarlo, nos organizamos para identificar la información y experiencias adecuadas para ayudarnos a aprender mejor que le atañen y que nos pueden servir para manejarlo. Para ello recurrimos a diversas fuentes de información y a otras personas que saben de eso, ya sea porque lo han vivido o porque es parte de su campo profesional. En el proceso de búsqueda recopilamos información, dialogamos, preguntamos, sistematizamos, reflexionamos hasta que el objeto de estudio se hace parte de nuestro saber profesional o hasta que nos sentimos satisfechos con lo aprendido.
En un entorno saturado de medios como en que ahora vivimos cotidianamente, esta tarea puede convertirse en una inmensa ola de información en proceso caótico de desorganización que nos impedirá aprender mejor lo que estamos buscando. Para organizar la adquisición de información, ya sea a través de documentos o de las personas que consultamos y con las que dialogamos en un mundo que ha evanecido las distancias a través de esos medios, conviene construir un Ambiente Personal de Aprendizaje (PLE); Artefacto que también nos será útil para procesar esta información según nuestras necesidades.
El PLE incluye al portafolio electrónico, el artefacto diseñando para, entre otras cosas, organizar y planear el aprendizaje de algo específico en un tiempo dado. Para algunos, estos dos artefactos se van confundiendo uno en otro; sin embargo, la práctica común ha colocado al portafolio dentro del marco de las instituciones educativas y el PLE en el contexto del aprendizaje a lo largo de la vida, necesidad cotidiana en nuestros tiempos en tanto que lo que sabemos ahora o se vuelve obsoleto, incompleto o ya no es requerido frente a los nuevos problemas con que nos topamos. El PLE es un artefacto ideado para acompañarnos todo el tiempo.
El PLE es un organizador que manipula artefactos digitales para aprender, trabajar y colaborar. Es un instrumento que hace más sencillo el acceso a la red. Algunos estudiosos del tema distinguen PLE de “Personal Learning Network” en donde se incluyen explícitamente las personas con las que cada uno interactúa. Para efectos prácticos podemos hablar de un PLEN o simplemente del PLE.
A través del PLE podemos dirigir nuestros esfuerzos hacia las interacciones que nos interesan, ya sea con artefactos o con personas; también podemos dar intención a la construcción de o adscripción a agrupaciones adecuadas para nuestros intereses. Es en este sentido que el PLE resulta en un artefacto importante en la construcción de nuestra propia identidad a través del acceso a la red, la creación de conexiones, la representación de la información que expresamos, de nuestra participación y aprendizaje en la red. El PLE es, pues, un medio que posibilita nuestra participación organizada en la red según nuestras propias expectativas para aprender a lo largo de la vida.

Organización del PLE

Quizás la manera más sencilla de iniciar el PLE es pensar su organización en función de algún objetivo de aprendizaje, como si fuéramos a construir un portafolio electrónico. Para ello, claro, es importante poder decir qué me interesa aprender.
Para imaginar nuestro PLE pensemos, para empezar en el conjunto de herramientas que utilizamos (después habrá que imaginar las que queremos utilizar) de manera cotidiana para producir lo nuestro: procesador de texto, hoja de cálculo, presentaciones, fotos, videos, música, notas, calendario, correo, etcétera. Este conjunto es una parte importante de nuestro PLE y es probable que encontremos herramientas similares en la web.
El siguiente paso sería comenzar una búsqueda en la red para identificar las fuentes de información adecuadas para lo que quiero aprender: libros (GoogleDocs, Stanza, Kindle, Leqtor, Scribd,…), revistas, periódicos, blogs, buscadores (los tradicionales como Google o especializados como SCIRUS, Goshme u otros), personas, comunidades, bibliotecas, etcétera; y suscribirse a ellas a través de algún sistema de agregación que me permita recibir la información al momento que aparece sin tener que estar yendo a los diferentes sitios donde se produce. Se trata de hacer que la información que me interesa me llegue.
Algunas de las comunidades que nos encontramos mantienen su conversación a través de redes propias creadas para tal efecto, otras se construyen a través de los grandes servicios de comunicación, como twitter, FaceBook o Google+. Conviene suscribirse a alguna de estas redes para iniciar cierto tipo de contacto con algunas personas.
Todas estas herramientas se pueden agrupar en cuatro categorías: obtener información, conexiones con otras personas, herramientas de productividad o para crear, medios para compartir.
Lo que sigue es comenzar a participar en la red según las preferencias, posibilidades y gusto de cada quien. Entre las operaciones que uno lleva a cabo están la de gestionar información, con todo lo que ello implica, compartir, dialogar, colaborar, expresar ideas, apropiarse de ideas y agregar.
El PLE en la educación institucionalizada
Como hemos visto, el PLE está orientado a la participación y aprendizaje en red a lo largo de la vida. En este sentido, su organización sale de los límites, y en algunos casos se opone, del ámbito institucional. Sin embargo, estoy convencido de que para que un profesor pueda imaginar las posibilidades educativas de la red en sus procesos de formación es necesario que éste sea una persona que aprende en la red, condición que hace más fácil imaginar los diferentes modos de usar la red para proponer procesos de aprendizaje; pero, y sobre todo, me parece que esta condición hace posible que el profesor imagine modos para ayudar a sus alumnos a hacer su propio PLE y logren la autonomía suficiente para auto-gestionar su aprendizaje; así como imaginar la construcción de comunidades de aprendizaje que con el tiempo llegarán a ser comunidades de práctica. Se trata de imaginar modos de mostrar a los alumnos un camino para aprender lo que les interesa, modos diferentes de expresar lo que van aprendiendo, formas alternativas para que aprendan a verificar su aprendizaje, modos de incluir a otros implicados en el tratamiento de algunos problemas, modos de ir abriendo las fronteras del aula y de la institución.
Son todos estos, modos que nos obligan a imaginar otra configuración futura para la universidad, una universidad cuyo propósito se centra en la construcción de comunidades de aprendizaje para la convivencia aprovechando las redes para la colaboración, la construcción de significados y de prácticas saludables y productivas en la red.