Producción de contenidos y acceso libre

Mineral de Pozos
De lunes a miércoles de ésta semana (24-26 de junio) estuvimos en un interesante seminario que coordinó Miquel de Moragas sobre políticas Culturales y políticas de Comunicación y organizado por el Programa de Investigación del Departamento de Estudios Socio Culturales del ITESO. El propósito fue analizar la evolución de estas políticas frente a la convergencia digital y la mundialización. El seminario tuvo tres partes, una por día.

Con el presupuesto de que toda política de comunicación debiera ser también una política cultural y viceversa, la primera parte se centró en las características de estas políticas y de su evolución. En la década de los 70-80 nacen las políticas nacionales de comunicación. Este dato es importante en tanto que, a pesar de que la televisión ya tenía poco más de 20 años de haberse desarrollado, estas décadas, 70 y 80, marcan el primer avance en el uso de Internet, y su expansión empieza en la década de los 90 con el uso de los “navegadores WWW” y los buscadores, de entre los cuales sabemos que se consolidó Google.

En esta misma década, la UNESCO lleva a cabo la Convención sobre la diversidad de las experiencias culturales y en la Agenda Digital Europea se inscribe la Estrategia europea para el desarrollo e implantación de las tecnologías de información y la comunicación. El cambio durante estos años en las políticas estriba en trasladar el énfasis de la emisión de contenidos a la producción de estos. La lógica que sustenta este cambio es que con la red Internet suceden varias cosas antes inéditas.

La primera es que la red, a diferencia de los medios anteriores, hace posible hacer circular un contenido desde prácticamente cualquier lugar del mundo. La segunda es que esto hace que las instituciones culturales se conviertan, ellas mismas por el mero hecho de ser productoras de contenidos, en medios de comunicación, y esto transforma de manera radical el escenario mundial de la comunicación y, por lo tanto, de las políticas culturales y de comunicación.

La segunda parte del seminario incluyó un recorrido por las corrientes teóricas que han incidido en las políticas de comunicación y cultura: un recorte interesante y claro que inicia en Webster y Matelart, pasa por Benjamin oponiéndose a Adorno y la Escuela de Franckfurt; siguiendo a Ricoeur, De Certeau y Gramsci, al igual que a Bordieu y Freire, aceptando cierta influencia de Toffler con su Tercera Ola. Con Negroponte como el representante más descarado del nuevo neoliberalismo digital y Castells retomando en los estudios sociológicos de la red la tradición del análisis de lo urbano, con lo que nos tuvo atentos durante las décadas de los 60-70, y Martín Barbero como la mirada latinoamericana sobre estos temas.

La tercera parte fue una especie de diálogo entre Castells y Martín Barbero y relectura de sus textos a la luz de esta perspectiva, donde a Castells lo muestra como “MacLuhaniano”, sin citarlo una sola vez y recalca, sin abundar, en los cambios que Castells ve a raíz de la Internet: los espacios de flujos y los tiempos simultáneos que dotan a los nodos altamente conectado de un gran poder para transformar las mentes de las personas; y aquí, la novedad en Castells parece ser la inclusión del ámbito neurocientífico y psicológico en la configuración de la sociedad. De Martín Barbero, con quien se siente más afín, muestra tres cosas: 1) que cambia los puntos de vista de las teorías dominantes al des-hacerse de la fascinación científica del funcionalismo, de la inercia dogmática de la escolástica marxista y del estructuralismo semiótico francés; 2) que establece nuevas y creativas relaciones entre comunicación y cultura, y 3) que aporta a estos estudios la experiencia cultural, política y vital de los pueblos latinoamericanos.

Cierra el seminario afirmando que la globalización pone en juego la circulación de productos en un contexto de descentralización que concentra poder económico y una desterritorialización que “parece” hibridar las culturas.

Al final de estos tres momentos, y agradecido con Miguel de Moragas por lo que compartió, pero también extrañando la problematización de otro conjunto de problemas en boga relacionados con la red, la producción de contenidos y el acceso a la información, como los movimientos surgidos recientemente en Turquía y Brasil, el caso de Wikileaks y la reciente esfumada de Snowden o el temible PRISMA. Difícil tratar todo esto en tan poco tiempo.

Me quedo con la pregunta, quizás ya la propuesta sobre el modo de plantear políticas sobre las diversas infraestructuras de acceso a la información. Se habla de las carreteras de la información (o se hablaba) pero se asumen como carreteras privadas y de peaje; ¿cómo formular una política para que las carreteras y los nodos que conectan se pongan a disposición de todos? Por otra parte, están los grandes conductores de los flujos que transitan por la red: Google, Facebook, Twitter y otros más; y me pregunto ¿cómo podríamos formular una política que los hiciera bienes públicos? Unos donde cada quien puede decidir las claves con las que accede o busca información. Se trataría de una propuesta que va más allá del ámbito de la nación-estado en tanto que estos gigantes son de orden mundial, ¿vale la pena? Si sí,  ¿cómo hacerlo?

el Ágora del ITESO

El miércoles pasado, 22 de mayo, iniciamos el Ágora con una excelente conferencia de Diego Leal donde reflexionó sobre la posibilidad de incorporar en los procesos de formación esquemas y escenarios de acción dispuestos para fomentar la equidad, la democracia y así, promover la autonomía de cada persona en su propio proceso de aprender. El primer paso para ello sería imaginar procesos educativos en redes distribuidas y no en redes centralizadas, como es común proceder en educación. Aquella idea de Wheller sobre la pedagogía de la abundancia cobra sentido en el discurso de Diego Leal, porque no es simplemente un asunto de acceso a la información, sino de la construcción de otra ciudadanía; y esto es así, porque Internet nos confronta con otras formas de comprender y actuar la organización y modifica radicalmente nuestra noción del tiempo, Castells habla de tiempos simultáneos. No se trata de que de ahora en adelante no exista ninguna práctica centralizada, sino de que éstas tengan un sentido claro y específico orientado a construir estados deseados.

Hay ya muchas experiencias en la red que intentan abrir la información a todo mundo en la lógica de redes distribuidas; Entre las que menciona están Open Course, del MIT, la Open Learning Iniciative, de Carnegie Mellon University, la University of People,  la Peer 2 Peer University o los famosos MOOC (Masive Online Open Courses) de iniciativas como Udacity, Coursea o Edx; iniciativas que aún están en plataformas que pueden cerrarse y por eso aún vulnerables. Otra experiencia de ésta índole es Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea (#TRAL). Algunos participantes de TRAL estuvieron presentes en la conferencia a través de la emisión en línea de la misma y Twitter, entre ellos Natacha, Daniell, Edgar, Abril y Sergio, muchas gracias por acompañarnos.

La conferencia de Diego me fue evocando muchas reflexiones y preguntas. Una de ellas tiene que ver con el modo de estar o ser “enredados” con las cosas y con los otros, un enredamiento que va más allá de todo lo que parezca orden; quizás un enmarañamiento. Vamos, somos las cosas de las que hablamos, y las personas y colectivos con las que conversamos y convivimos; pero también con las cosas que traemos “colgando” o “enmarañadas” sin darnos cuenta, como la borona de hilo que se queda o “enmaraña” en el pantalón. Cada persona y cada cosa con su propia historia. Cada persona y cada cosa que no puede ser sin esa historia. Nuestra historia con cada artefacto tecnológico que hemos usado con sentido o con otra persona. La cosa que no puede ser sin la existencia de otras cosas… en fin, la vida en un mundo en donde cada uno y cada cosa dependemos unas de otras, donde ya no nos podemos imaginar más que enmarañados, e “intencionalmente” enredados; y quizás este sea el mensaje más contundente con el que me quedo: es preciso que cada uno de nosotros decidamos estar de una manera específica e intencionada en la red, porque de otra forma, las cosas y las personas, al enmarañárnos, pueden llegar a decidir nuestra vida por nosotros mismos. De aquí mi énfasis al final de la charla posterior a la conferencia: decidámonos a habitar la red, sólo entonces hablaremos de ella, sólo entonces imaginaremos posibilidades y diseñaremos escenarios para la acción, ya sea la educativa o de cualquier otra índole.

Después de la conferencia pasamos a las mesas para compartir las experiencias educativas experimentales que llevamos a cabo durante el semestre. La primera mesa rondó sobre la idea de habitar la red, el formato fue de presentación de las experiencias (10 minutos por persona) y conversación sobre las experiencias compartidas. Presentaron Alberto Minakata, Lorena Verde, Marisol Mota, Sandra Alvarado, Alfonso López y Salvador Ayala. Liliana, en su blog, hace una muy buena síntesis de lo conversado estas dos horas. Entre otras cosas se habló de las muchas maneras de habitar la red, que habitar la red implica un cercano y familiar hacer con las cosas de ese mundo, un hacer que poco a poco se vuelve cotidiano o, por lo menos, de un uso con regular frecuencia y con sentido. Que habitar la red tiene que ver con la construcción de conversaciones con nuevas conexiones, a través de los medios que ésta ofrece; así como, la ampliación de los contextos de actividad en la lógica de la ampliación (o extensión) de la persona que cada uno quiere ser y va siendo. Que las prácticas de formación abiertas son una oportunidad para el que aprende, por eso se convierten en una responsabilidad de índole ético: toda clausura cierra oportunidades y por eso es contrario al espíritu del crecimiento personal que implica toda formación. La apertura implica la posibilidad de comprender las cosas desde diversas perspectivas, con múltiples significados, lo que puede, en un momento dado, poner en cuestión las creencias más hondas de la persona… y eso, puede ayudar a crecer.

El jueves por la mañana, Gabriela Solano, nos platicó sobre lo que se ha encontrado desde el curso “Manejo de Información y Datos Numéricos”, curso que se ofrece en el ITESO para todos los alumnos. En su plática, Gabriela nos dijo que es importante que la relación con la información y el conocimiento sea trascendente. Analiza el desempeño de los alumnos desde la perspectiva del consumo y afirma que éste es una relación que no conocemos y que modifica nuestro acercamiento como sujetos. Es entonces cuando anota, me parece que con pertinencia, que coexistimos con las lógica del mercado, y por eso, es relevante pensar desde lo que el alumno quiere ser y no sólo desde los meros resultados. Así pues, y es aquí donde se me vienen reflexiones y preguntas… una de las tareas fundamentales consiste en un permanente “reinventar al sujeto”, reinventar al alumno para visibilizar sus conexiones y poder imaginar los posibles acercamientos a su contexto.

También descubrimos que esta mirada nos obliga a pensar en flujos en donde aparecen en los alumnos y profesores consumos similares, donde el fenómeno red multiplica su experiencia; así pues, una de las condiciones de la formación estriba en la oferta de accesos para ampliar miradas y posibilidades; a esto le llama pensar en red y es el ethos del profesor red.

Es pues, preciso un empeño serio, quizás desde los desarrollos de los estudios de las redes, un empeño por conocer sus tejidos y redes y evitar prescribir relaciones o conexiones para poder convocar por la vía de la creación de textos, contextos y pretextos. es decir, no sólo mirar losescenarioso desde la perspectiva del consumo, sino desde la creación, lo que nos lleva  al diseño de escenarios para la acción y el encuentro.

Después de la conferencia de Gabriela nos reunimos en una nueva mesa para trabajar el tema de la docencia en red. Presentaron sus experiencias Lourdes Centeno, Ana Isabel Gónzález, José Miguel Tomasena, Bernardo Cotero, Asela Burgos y Andrés Ruiz. Es interesante observar como las presentaciones dan cuenta de un espectro que va del uso de herramientas, ciertamente con un sentido explícito y diferenciado a los escenarios para la creación de conocimiento. De esto hablamos cuando experimentamos en la red; por eso podemos afirmar que nada está dicho al respecto y vale la pena experimentar. Durante las presentaciones nos damos cuenta de que el estatuto del saber en el mundo está definido como “en proceso”, y por eso se vuelve más importante que nunca preguntarnos qué aprender y cómo hacerlo.

Por la tarde, la tercera y última mesa la dedicamos al tema de la gestión en red con las presentaciones de las experiencias de Alejandra garcía bado, Carlos Aguirre y Cristina González junto con Marisia Sanjuán. Aparece la necesidad, no sólo conveniencia, de la creación de recursos y escenarios para el aprendizaje en red de manera colectiva. la red ofrece por sí misma una estructura de colaboración que es preciso operar para imaginar las posibilidades de la educación en el futuro.

En algunos momentos hubo microtalleres y exposiciones. Esas no las refiero aquí por la dificultad de su registro debido a la simultaneidad de los mismos.

El cierre del ágora la hicimos expresando cada  uno de los presentes su “audiotuit”, se puede escuchar aquí: http://twitcam.livestream.com/en6hr.

 

Sábado de TRAL

El viernes pasado, el 17 de mayo, fue cerrando el día, en el país de #TRAL, en el mundo de Twitter, con una discusión acerca de las redes digitales. Edgar Altamirano nos traía a colación un buen artículo de El País, escrito por Sandra González, rememorando el 15M, donde se manifiesta en contra de dos creencias que hay sobre las redes, postura que es retomada por Pascual Serrano en su publicación del 9 de mayo en publico.es.  La primera afirmación es que las redes sociales son altamente centralizada, que no hay jerarquías; y esto es así , simplemente porque los productores de contenido son pocos; al menos, el contenido que llega  a la mayoría de las personas. La segunda es que no parece cierto que las “redes sociales” (FB, Twitter, G+) contengan en sí mismas las estructuras de difusión viral de los contenidos, y esto ,  porque no somos personas dispuestas a “pasar la información”, porque la información que emite una persona se queda “en su vecindario más próximo”. Conversación que me hizo pensar sobre las posibilidades reales de la red y su aparente ¿o real? estructura de colaboración innata. Frente a esto, veo que entre el viernes y el sábado estuvimos participando 17 personas, que no fue una sola conversación, aunque sí un mismo vecindario. Que, efectivamente hubo poca repetición de que se dijo, pero pues tampoco se dijeron cosas para ser repetidas. Que las conversaciones que mantuvimos fueron intensas y enriquecedoras.

Hacia medianoche, después de que Alejandra nos recordó al maestro Daniel Reyes “nadie sabe tanto como para no tener algo que aprender, ni tan poco como para no tener algo que enseñar”, Natacha, una vez que agradeció a todos los que la visitaron en su casablog durante la semana, recordó la ausencia de sesión sabatina al día siguiente e inició la convocatoria: #tral solidario era el grito, y entre promesas vagas nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, Lulú madrugó, a las 6:30 nos daba testimonio ya de revueltas y revoltosos, y fuimos a la sala de lectura donde los poetas nos mostraron caminos ya recorridos pero aún por andar.

El cierre  simbólico-poético comenzó con Pedro Salinas, de quien supimos que aún era posible seguir soñando (que no durmiendo), porque en cualquier momento “los párpados se cierran, y encantados del juego me devuelven, despacio, muy despacio, mi sueño”. León Felipe nos habló de un modo específico de ir por el mundo, el real y el de los sueños cuidando, para que se fundan en uno sólo “Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo. Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero”. Huidobro, a tambor batiente, invocó al verso: “que el verso sea como una llave, que abra mil puertas…” Y, Octavio Paz, habló de la experiencia vivida en #TRAL como esa que vivimos todos los días cuando lo otro y los otros nos renuevan “las cosas, imperceptiblemente, se desprenden de sí mismas y se fugan hacia otras formas”.

¿Qué hacemos con esto? Sincrónicas de nivel 6

El viernes 10 de mayo tuvimos la primera edición de la sesión sincrónica que retoma el nivel 5 y lanza el 6, desde la ampliación de nuestras redes hacia un qué sigue lleno de posibilidades. La coordinó Diego Leal. El sábado 11 tuvimos la segunda edición de esta reunión, misma que coordinamos Daniel Jiménez, Luz Pearson y yo.

La primera parte de la reunión consistió en declarar los hallazgos más importantes de cada quien y conversar sobre ellos. entre estos estuvieron descubrir que es posible dar dirección y sentido a nuestra red, así como identificar la enorme importancia de los vínculos creados a lo largo de la experiencia de TRAL. Nos fuimos dando cuenta de que en TRAL tenemos múltiples tejidos entre los que se encuentran las conexiones con los artefactos que median nuestras comunicaciones, las interacciones con las personas, el entrelazamiento afectivo, el descubrimiento de lo que el otro me muestra sobre el mundo con su mirada, a veces, independientemente del contexto.

Ha sido determinante el modo en que los afectos entrelazan un montón de cosas; como si no fuera posible el aprendizaje sin los afectos, y esto aún a sabiendas de que no bastan ni lo agotan, pero que son imprescindibles, nos dice Marlen Estela. Vemos que en TRAL hay muchas miradas, mismas que nos hacen descubrirnos a nosotros mismos, TRAL como ese espejo que nos rodea, dice Esther; que nos hace vernos en la mirada de los otros porque no hay otra forma de vernos a nosotros mismos: miradas que construyen relaciones, palabras que estructuran la relación, relaciones que dan identidad: mirada y palabra. Diversidad e integración, dice Natacha. Y, en medio de todo esto, sabiendo que la abundancia y la velocidad son determinantes, recordar el valor de la contemplación para descubrir lo profundo de las cosas y poder gozarlas, nos lo enseñço San Ignacio ¿no?. Una contemplación que nos hace reconocer, junto con Serres, que esta es ya otra humanidad y que es preciso imaginar los nuevos caminos de humanización.


Imagen de ambas sesiones

El siguiente paso consistió en experimentar con una idea de Diego, una más. Analizar TRAL desde la perspectiva propuesta por Wenger, Smith y White en su libro “Digital Habitats”. Una perspectiva que da cuenta del tipo de comunidad que se es, pero también del que se queire ser. Y, en ese análisis, descubrir cuáles son los elementos propios de esa comunidad. el análisis, además de divertido, fue potente y profundo. Fueron apareciendo muchas preguntas sobre aquello en lo que se ha constituido TRAL y sobre aquello en lo que nos ha transformado.

Descubrimos que hay un caminar juntos, sin duda, aunque el paso y el modo sea diferente en cada quien, porque cada quien tiene su paso y no se puede acelerar, incluso, no conviene, porque en ese caminar lo que está en juego no es la acumulación, sino la transformación, el cambio de mirada, es un asunto de cultivo y sedimentación.

Por otra parte, nos preguntábamos si el análisis que habíamos hecho era realmente de TRAL, si podríamos constituirnos en representantes de todo TRAL, y lo que descubrimos fue que cada uno de nosotros es importante para la construcción de TRAL, incluso en nuestras ausencias, que cada historia de cada persona tendrá que ser contada para reconocer a toda la humanidad. Que, entonces, cada uno es un representante de todo TRAL, y ninguno reproduce el arquetipo, porque este no existe. Entonces ¿Qué es TRAL? ¿es verdad que es una comunidad y que no tiene proyectos? ¿Cómo puede ser eso posible? Y, al cabo de varias vueltas sobre el tema descubrimos que TRAL es un ejercicio conversacional. Y es así, porque sabemos que desde las conversaciones surge siempre la reinvención de la personas, las identidades reconfiguradas, los acuerdos y los compromisos de acción que dan pie a las posibilidades de futuro, a esto se anotó Lorelí. Jorge nos hizo ver el modo en que este tipo de tejidos puede cambiarnos la mirada del mundo y Verónica se sumó al gusto de hacer juntos y la necesidad de construir confianza para poder llevarlo a cabo.

Excelentes sesiones que abren el camino para imaginar lo que podemos hacer con esto, lo que sigue…


Esta es la foto del viernes. La del sábado está aquí.

 

Un buen regalo

La tercera actividad del nivel 5 de TRAL propone “ir a buscar”… ir a tejer, como si fuéramos “de compras”. Desde hace ya algunos años salgo a caminar por los jardines de mi universidad (son jardines bellísimos), algunas de esas veces lo hago en busca de una idea, sé que se esconden en cualquier lado y no es fácil encontrarlas, es necesario estar atentos. Así pues, ahora voy al jardín botánico de #TRAL, reseñaré algo de lo que me ha gustado.

Una primera cosa que noto en este recorrido es que aún cuando cada quien va a su paso, en general hay un gusto declarado por la participación en TRAL, así como un empeño interesante en tejer redes de aprendizaje.

Juana Lovera nos recuerda que “todos nos conectamos y somos extensiones de otras personas, formamos redes de manera consciente o  de manera involuntaria, donde  las nuevas redes sociales forman parte de una realidad en los ambientes virtuales”. Me alegro de encontrar esto y añado una creencia  que he ido construyendo desde hace tiempo, y es que todo lo que sabemos y decimos lo hacemos porque hay cosas y personas; sin ellas no tendríamos de qué hablar ni algo en qué imaginar. Somos, pues, extensiones de lo demás, construcciones con lo demás e identidades relacionadas con lo demás que logran cierta distinción y por eso nos reconocemos diferentes.

Claudia Guerrrero lo afirma pero con un propósito más específico… habiendo una producción de índole personal, vale la pena intentar la creación de comunidades de práctica, consolidar esa producción que somos nosotros. Es entonces cuando Luis Rafael Armario (@lramario, a quien tenía perdido y me alegró volver a encontrar), borda sobre la idea ”de proponer una estrategia de trabajo que pudiera  complementar la que nos hace Claudia para constituir una suerte de “Coro de Intereses en TRAL”, una vez apreciados, y hecha la selección en los foros, los intereses particulares (temas/líneas de reflexión/de investigación…) de los compañeros con quienes nos gustaría “descentralizar” la red TRAL para lo cual podríamos igualmente hacer  uso de la  herramienta voice thread, o de cualquier otra con alcances parecidos”.

Como contraparte a este abordaje, y como un complemento desde la realidad vivida, Verónica Perrone (@verodog) afirma que “Vivir en una burbuja es muy cómodo pero a la larga limitante. Sobretodo cuando se quieren instalar cambios, más o menos contundentes, es muy bueno saber si se cuenta con el apoyo de quienes lo tienen que llevar a cabo…”, y más adelante afirma con fuerza (misma que después amortigua en un comentario), que “el sistema no piensa en red…”, cosa que me hizo recordar un contundente poema de Octavio Paz:

“No lo que pudo ser es lo que fue

y lo que fue ya no existe”

Y me resonó la expresión “el sistema no piensa en red”… y se me vienen muchas otras preguntas y afirmaciones que tendré que encontrar la manera de organizarlas. No sé si piense en red, sé que piensa en poder, como si fuera lo propio de un sistema: poder ser, poder hacer… ¿en qué se diferencia un sistema de una red? ¿en el propósito, en los límites? Quizás sea mejor pensar en las formas posibles para mover los sistemas y no intentar apalancarse en ellos como el único modo de iniciar el movimiento. Realmente, no lo sé, pero es probable que en una propuesta educativa que anime hacia el ejercicio de la libertad sea un camino. Quizás por eso, Gustavo García Lutz:  (@ggarcialutz) decidio platicarnos de otra persona que “cuando le preguntaban… que papel atribuía a los docentes hoy, él decía “deben ser artesanos del diálogo. ¿Artesanos? Si, como buenos artesanos conocemos, o si no es así sería bueno que lo hiciéramos, la materia prima con la que trabajamos”, y recordé que un buen amigo decía que cuando platicamos repetimos las mismas cosas para que no se nos olviden, porque si se nos olvidan perdemos una buena parte de nosotros mismos. Y estoy de acuerdo, en tanto que de lo que hablamos es de nuestra historia, una y otra vez. Por eso, me parece pertinente eso de ser artesanos del diálogo. Es algo fundamental. A esto añado que los profesores diseñamos (y, sí, sigue siendo un asunto de diseño) escenarios para la acción sobre la que conversamos, dialogamos.

Juana, Claudia, Luis Rafael, Verónica y Gustavo, les agradezco mucho esta extraña conversación que me invita a repensar mis propias prácticas educativas en aras de la construcción de un mundo conectado para mayor bien de todos.

Sincrónica de TRAL: articulación de realidades

El viernes pasado, 26 de abril, tuvimos una sesión sincrónica más de la experiencia Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea, #TRAL. Esta ocasión el experimento fue más arriesgado, ya que la sesión coincidió con la visita de Diego Leal a aquellos rumbos y se organizaron para que hubiera en un sólo paquete una reunión presencial en el Colegio Las Cumbres. a la sesión asistimos unas treinta personas a distancia y otras 20 o 25 presentes en el Colegio.

Como ya se ha hecho costumbre, estas sesiones las dedicamos a conversar sobre lo vivido durante la semana mientras TRALeamos. Los pequeños grupos de conversación y el chat nos permite enlazarnos de diversas maneras. La pizarra de cada grupo acaba por ser el lugar donde se coloca el guión de lo que queremos comunicar a los demás. Descubro que al compartir la conversación del grupo con los demás, más que una puesta en común, lo que se logra se ampliar la conversación a todo el grupo y comprender de manera formal lo compartido en el grupo. esto segundo sucede al escuchar a uno de los compañeros elaborar una especie de síntesis de lo conversado.

Este viernes convivimos en realidades híbridas: un grupo de los reunidos presencialmente, a través de una computadora común se reunía con un grupo a distancia donde cada uno de estos últimos se conectaba desde su lugar y con sus medios. Algunos sin cámara, otros sin esta ni micrófono. Todos con la posibilidad de escucharnos y escribir en el chat y la pizarra.

En esta experiencia de conversación en realidades articuladas estuvimos, en nuestro grupo, a distancia Claudia, Jesús y Alejandra Cipitelli, los tres sin cámara ni micrófono; en el Buenos Aires, y reunidos en un aula en el Colegio, estaban Luz Pearson, Lenny Ambrosini, Mariana Massigoge, Sandra Rodríguez y Carolina. La pregunta que organizaría nuestra conversación esos 20 o 30 minutos sería ¿a quién me encontré en TRAl esta semana? Pregunta que por razones obvias, fue rebasada por las múltiples realidades en las que el encuentro era el dato fundamental. Así pues, lo que siguió fue preguntarnos por nosotros mismos y nuestros proyectos, interesarnos en compartir formas específicas de hacer tal o cual cosa e imaginar posibles acciones y modos para hacer juntos y experimentar en torno de lo que nos llevó a esta experiencia de Tejer redes de Aprendizaje en Línea.

En esta conversación, al igual que en las lecturas de las muchas historias que se narran en TRAL llegamos a varias cosas a manera de coclusión: que no es difícil encontrar la propia voz en la voz de los otros, descubrir preguntas similares que en ocasiones son formuladas de manera más clara. Que el encuentro mutuamente interesado nos hace imaginar posibilidades de colaboración que se concretan en la medida en que se despliegan los proyectos propios. Que las diferencias entre un contacto a distancia y las conversaciones presenciales se diluyen en cierto grado al emplear tecnologías que permiten la convergencia de varios medios de comunicación.

Agradecido con esta experiencia de la que he aprendido mucho y que gocé enormemente, mando un abrazo al equipo del Colegio Las Cumbres y a los presentes en esta conversación, aunque sin micrófono: Claudia, Jesús y Alejandra.

Para tejer

Estos días, después de un tiempo en que me pregunté lo mismo, vuelvo a cuestionarme sobre el significado de tejer; sobre todo ahora en el contexto de TRAL, donde queremos tejer redes de y para el aprendizaje. Estos cuestionamientos me han recordado a mi abuela, simplemente porque fue una gran tejedora, lo hacía por gusto. entre mis recuerdos la veo tejiendo o leyendo; como si en eso se le hubiera ido la vida. Aún conservo un par de cobijas y este jorongo que me regaló.



Nunca me habló sobre qué es tejer y en qué consiste. La observé haciéndolo, intentó enseñarme. No fue vano el intento, pero sí efímero. Nunca llegué a hacer una sola pieza, simplemente porque nunca ejercité lo suficiente. Ahora puedo afirmar que para tejer se requiere de mucha ejercitación, y que este mucho hacer y hacer con los hilos y la aguja nos va perfilando un modo preciso de ser cada uno de nosotros. Aunque tejamos lo mismo nunca tejemos igual; cada quien tiene su propio estilo de tejer. Por eso, podemos llegar a decir de alguna pieza “este es el tejido de fulana o fulano”. En la ejercitación vamos delineando nuestra propia prestancia, nuestro modo propio de hacer. Esto se lo aprendí a mi abuela y lo ví reflejado en las reflexiones de Ortega y Gasset, Ingold, Marías y Heidegger. Tejer redes de y para el aprendizaje también requiere de ejercitación, una en donde el arte de la conversación es fundamental; y aunque conversemos sobre lo mismo, no lo hacemos igual.

 

Pero la ejercitación al tejer, aunque empieza con aprender ciertas puntadas, cobra su sentido más amplio cuando se hace para crear algo. Podemos decir que estamos tejiendo cuando tenemos en mente para qué tejemos y qué es lo que resultará de esto. en ocasiones, sabemos también para quién estamos tejiendo. Sabemos que lo que imaginamos como producto final del tejido nunca es lo que resulta, pero aún así, “la cosa proyectada”, es decir, la pieza que imaginamos, sus formas, texturas y relaciones, organiza todas nuestras acciones de tejido. Sin un algo específico como producto el tejer se vuelve un mero hacer que termina en la acción misma; es decir, que no tiene trascendencia más allá de lo hecho: hacer y deshacer son acciones complementarias. Cuando hay un propósito o producto, el hacer se vuelve tejer, cobra sentido y significación; entonces podemos enunciar esa frase que dice mucho más de lo que creemos: “vale la pena hacerlo”. Tejer redes de y para el aprendizaje tiene sentido cuando sabemos el rumbo y el producto de lo que estamos conversando y tejiendo. Las personas con las que me encuentro en un tejido de esta índole tienen una voz y “vale la pena” pronunciarse frente a la voz del otro para reconocer el mundo y reconocernos a nosotros mismos.

 

Un buen día, mi abuela comenzó a practicar nuevas formas de tejer. Formas que incluyen el modo de sentarse, de tomar las agujas, de pasar el hilo por pora parte de la mano y no por la otra, y otro montón de cosas que no pude registrar y por eso se me escaparon, pero que exceden a lo que creemos el mero acto de tejer. Formas que dan cuenta de que cada acción se da en un ambiente enriquecido por un conjunto inimaginable de relaciones. Hoy en día dicen que eso es innovar, es decir “mejorar el proceso”. A mi me parece que hay algo de razón en esto que se dice; sin embargo, me gusta más pensar que es el camino en que cada uno descubre su modo propio de hacer con las cosas; es lo que cada quien da a los demás. En el tejido de las redes de y para el aprendizaje, esto se refiere al modo propio de construir un objeto en la conversación con otros; también una forma específica de mirar las cosas, cada quien tiene la suya, y la recibimos como regalo. Por eso, por ser regalo, parafraseando a Strathern, lo único que se espera es un intercambio. Este es el valor de compartir lo propio.

 

Con el tiempo y de alguna manera en un momento en que podemos decir que mi abuela ya era una gran tejedora, creó cosas nuevas. Ya venía inventando desde hacía tiempo. Al igual que en lo s inicios del tejido, supongo, se trataba de ensayar, ejercitar, hacer y volver a hacer hasta lograr primero, crear-imaginar la forma nueva y después el objeto con una forma parecida. Y con esta nueva forma, creó un nuevo mundo, sí, de ese tamaño, estoy seguro, porque el mundo lo viví de manera diferente con alguna de sus piezas. Así también, al tejer redes de y para el aprendizaje, aprenderemos nuevas conversaciones y formas de conversar y, con ello, podemos crear nuevos mundos. En este sentido, TRAL es una creación donde el mundo se ve diferente para los que participamos en ella; un mundo donde los medios para conversar son variados, diversos y, muchos de ellos, nuevos para nosotros. Podremos crear nuevas miradas sobre el mundo y sus objetos, unas que nos ayuden a promover más humanidad, más libertad, más gusto por la vida; al menos eso espero.


Así pues, ejercitar, proyectar, mejorar e inventar son rasgos propios del tejido de la redes de y para el aprendizaje. Son rasgos que, cuando los hemos incorporado, hecho nuestros y practicados de manera cotidiana, podemos convocar a otros y modelar el modo de hacerlo; sabiendo siempre que cad quien hace su camino.

Revisión de APA’s y otra representación

Durante esta semana nos dedicamos, el TRAL, a hacer explícito nuestro APA o parte de él. La sugerencia de trabajarlo desde los ejes de la percepción, la interacción, la producción y la publicación nos ayuda a quitarle el énfasis a los instrumentos que empleamos como mediadores de esa red. Aunque estos instrumentos o herramientas sean parte de la red; y en algunos momentos, parte sustantiva de mi red, es conveniente quitarle la centralidad para poder dar cuenta de la agencia humana, es decir, de aquello que nos ha movido a crear esa red y que nos mantiene en movimiento para imprimirle mayor dinamismo. el esfuerzo de representación del APA hace surgir el conjunto de redes en las que estamos inmersos; así como el aprendizaje en el que uno está implicado.

Leí una buena cantidad de publicaciones en blog de TRAL. Me gustó y sorprendió la diversidad de representaciones y modo s de hacer. Al fin de la semana me parece encontrar tres cosas sencillas e iniciales que me parecen importantes, quedará pendiente una nueva visita a las publicaciones:

La primera tiene que ver con que el modo de hacer el Ambiente Personal de Aprendizaje, ya sea en función de la herramienta con la que se hace, ya con el énfasis inicial con que se construye. Si se hace directamente en un papel o en algún programa para representar esquemas mentales o en otro para diseñar cuadros completos, nos vamos topando con diferentes nociones y caminos sobre nuestro propio aprendizaje y la constitución de nuestras redes. Por alguna razón que aún no puedo explicar, me parece que la representación hecha con papel y “lápiz” (o pluma o marcadores o crayones) hace más fácil la aparición de personas.

La segunda conclusión es que en una gran cantidad de las publicaciones que estuve leyendo observé que el autor, al reflexionar sobre su APA, descubre que la representación que logró habla de sí mismo: habla de sus intereses, de su modo de aprender, de sus prácticas cotidianas, del conjunto de sus interacciones y de lo que las mediaciones tecnológicas han modificado a sus modos propios de “enredarse”, aprender y tejer con otros.

La tercera cosa es que en todas las publicaciones de los blog que revisé me encontré con que la representación del Ambiente Personal de Aprendizaje hace que la persona se descubra en camino: todas hablan de “lo que me falta por hacer”. En ningún caso, ninguna persona da cuenta de un APA terminado y estático, sino algo que por sí mismo muestra un camino por recorrer. Esto me pareció de particular importancia en tanto que da cuenta del dinamismo que es, en sí mismo, el APA. Es claro que no se trata de un compendio de herramientas; de hecho, tampoco de personas o grupos, sino de una representación del camino que estamos recorriendo cada uno de nosotros.

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Por otra parte, con estas tres cosas en mente, estuve imaginando a lo largo de la semana, distintas maneras de representar un APA con la idea de encontrar algunas formas que ayuden a plasmar el recorrido hecho y por hacer. Un modo, que me pareció muy valioso fue elaborar el APA a partir de las preguntas con las que voy viviendo la vida. Algunas de estas preguntas tienen ya muchos años, son las que me han acompañado todo el tiempo, son las que de alguna manera me definen. Otras de estas preguntas son las que me he formulado recientemente y que definen los años por venir en mi vida académica. Otras más son preguntas específicas que se resuelven en corto tiempo y que ayudan a construir un marco para la pregunta más grande.

Representación de APA según pregunta
Representación de APA según pregunta

Al describir mi APA a partir de estas preguntas, suceden cosas que me parecen interesantes. Lo primero es que, constato lo visto en las publicaciones de esta semana, al hacer la pregunta hay un yo que ya se modificó, algo así como un yo-pregunta. Juntos ese yo-pregunta son diferentes de los dos antes de reunirse; algo así como que no es lo mismo quien hace la pregunta. Además de esto, surgen como por arte de magia, el conjunto de grupos y personas con las que trabajo esas preguntas; son grupos muy diversos y las preguntas las trato de manera diferente con cada grupo. Algunos grupos se muestran como redes clave para lo que estoy aprendiendo. Además de, y posterior a esto, aparece la distinción de aquellos grupos con los que la interacción es sólo mediada tecnológicamente y aquellos con los que hay interacción presencial. Y después me llegó la necesidad de colocar el conjunto de herramientas que están mediando la interacción con cada grupo, ya no lo puse. El ejercicio me gustó y me pareció conveniente compartirlo.

TRAL Escenario para conversar

Tejer consiste en la creación de un entramado a partir del entrelazamiento de aquello con lo que tejemos. Para tejer se requieren siempre, al menos dos cosas: el “hilo”, metáfora de aquello que hace observable el tejido y la “aguja” representación del artefacto que nos ayuda al entrelazamiento. Cada quien sabe cuáles son los tejidos que sabe hacer y que le gusta hacer. En ocasiones el hilo es invisible, dice Exupery, otras veces el artefacto es la propia mano. Podría, en ocasiones, confundirse “hilo y aguja”, por ejemplo cuando ambos son la palabra, o el mismo cuerpo. Todos tejemos, es nuestro modo propio de vivir la vida, sin tejido no hay aprendizaje, tampoco búsqueda. Ahora en TRAL estamos tejiendo redes de aprendizaje, redes de búsqueda.

Si volvemos la mirada un poco hacia atrás veremos los tejidos que hemos hecho. Y veremos que el producto de nuestro tejido está siempre en relación a una red, es decir, a una conjunto de “cosas” (materiales o no) en conexión en torno a algo que podría parecerse al atractor de los sistemas complejos. Esto es así, porque la red siempre es una red de redes y no termina.

Como un fractal, TRAL es una red de redes; pero también es una estrategia para aprender a (o consolidar la práctica de) precisamente, tejer redes para el aprendizaje en línea. Un escenario para la acción comunicativa. Por eso empezamos por hablar de nosotros: Francisco, ingeniero con algunos retazos de educación, dinámica de sistemas, sociología y filosofía. Con un enorme gusto por la cocina, la caminata en el cerro y el mar. Rebeca ya creció, ahora tiene 29 y a punto de terminar su maestría que gozó y sufrió como siempre sucede cuando algo vale la pena, Diego siempre ha tenido cuatro años menos, y ahora termina esa ingeniería de sonido que ha sido su pasión desde que nos acordamos. Porque al hablar de nosotros nos disponemos a la acción comunicativa, nos disponemos a escuchar a los otros.

En esa red de redes que hemos ido tejiendo a lo largo de nuestras vidas nos encontramos a muchas personas que no hemos conocido y que son significativas porque nos han movido lo suficiente para ser otros después de ellos. para mí, sin duda, Exupery, Maalouf y la Lispector, aunque también Baricco, Serna y Sada. Como dejar fuera a León Felipe, y le siguen Gabriel Vázquez, Mendoza, Ammaniti, Arreola, Mendoza, Rulfo, Paz… uff!! mejor no sigo. Pero no sólo novelistas, hay otros muchos más que desde sus reflexiones y hallazgos me han movido. A algunos sí lo he conocido y son colegas cercanos.

Pero hay otros muchos que nos han movido, no por su arte o su ciencia, sino simplemente porque tenemos intereses similares, porque son personas a quienes reconozco como compañeros y compañeras de ruta, que su hacer y su proceder son suficientes para que los considere importantes. Pensando en estas personas es que pienso en TRAL como la gran oportunidad para tejer redes de búsqueda común, de conversación, de encuentro; en fin, de aprendizaje en línea. El hilo parece ser, pues, nuestros propios intereses y el modo en que los expresamos, la aguja quizás sea los diversos caminos que recorremos para estar y ser con el otro.