Conociendo las conexiones (2)

Sin título

En esta dirección está la primera parte de este texto; aunque se puede leer de manera independiente.

Seguimos en la lectura del texto de Downes, escrito en 2006 y titulado Introducción al conocimiento conectivo, los numerales k y siguientes, donde habla ya del conocimiento social y público. Es interesante ver cómo la lectura de este documento nos va llevando a la conclusión (en ningún lado lo afirma así) de que todo lo que sabemos lo sabemos porque está en las conexiones; vamos, lo sabemos porque se sabe ya; así pues, todo lo que sabemos es un saber público, es un saber de todos.

En páginas anteriores hablaba del saber que se presenta como un fenómeno emergente en la conexión. Después de la lectura de estos numerales, voy concluyendo que ese saber tiene diversas formas, y que son formas que nos ayudan a imaginar lo que significa pensar en red, y, probablemente, lo que significa aprender en red (ver numerales “o” y siguientes):

Una de ellas es aquella en la que reconocemos un ingrediente nuevo en nuestro modo de mirar o comprender el mundo o una de sus partes y que surge de la conversación con otra personas (también puede surgir por el mero hecho de estarla escuchando con cierta atención). Este nuevo modo de mirar las cosas no es necesariamente un modo hecho explícito por la otra personas, sino que es el producto del encuentro; es un saber que fue “suscitado” en el encuentro; ese es el saber de la conexión, que se manifiesta como un fenómeno emergente. en la red, estos encuentros, que pueden ser con personas o con fuentes de información, ambas antes inaccesibles, posibilita un a ampliación a lo que podemos pensar y saber junto con los otros. Quizás, es algo ya inevitable.

Otra forma de conexión de esta índole es aquella que se refiere, ya lo dijo con mucha claridad Downes, a los saberes que no pueden ya residir en un sólo individuo; por ejemplo, el saber propio del desarrollo y operación de los sistemas tecnológicos actuales, que a su vez requieren de otros sistemas tecnológicos previos para funcionar. Son sistemas tecnológicos que pueden desarrollarse gracias al concurso de muchas personas y otro montón de cosas alrededor de ellas. El saber que está en estos desarrollos no está en ninguna persona sino en el enorme entramado de conexiones que hacen posible la operación de ese sistema tecnológico.

A estos saberes es a lo que Pierre Levy llama, me parece, la Inteligencia colectiva. No es sólo el saber de todos entendido como la acumulación de los saberes individuales de todas las personas del mundo; sino al saber que existe en ese entramado de conexiones y que no es un saber que se pueda objetivar en ninguno de nosotros; sino en desarrollos tecnológicos cada vez más complejos, sistemas a los que Serres se refiere como objetos-mundo, en su libro Hominiscience, en tanto que son del tamaño del mundo.

Hay otro fenómeno emergente, creo que más conocido por nosotros, que consiste en el saber que surge del trabajo sobre unos datos pero con el apoyo de alguna herramienta; por ejemplo, la geoubicación de datos sobre enfermedades que, al hacerlo de esta manera, podemos descubrir con facilidad los orígenes de la enfermedad o las tendencias de propagación de la misma. en ocasiones, el mero y simple ordenamiento de datos o la elaboración de categorías de varios discursos son una excelente ayuda para comprender algún fenómeno. Hay herramientas sin las cuales no se podría lograr dicha comprensión, ejemplos de esto encontramos en las simulaciones. Donde ese saber, producto de la conexión con la herramienta es un saber emergente, al que Gavriel Solomon llamó la Inteligencia Distribuida.

Estos son, pues, los modos en que se nos aparece el “conocimiento conectivo” del que habla Downes y que nos ayuda a comprender el tamaño y alcance de la red Internet en nuestras vidas, en tanto que son conocimientos que sólo se aprenden y aprehenden de esta manera, en donde l red es un dispositivo fundamental en tanto que mediadora de conexiones.

Aprender en la abundancia

Martin Weller presentó en #Change11 parte de su propuesta planteada en su libro “The Digital Scholar: How Technology is Transforming Scholarly Practice. Bloomsbury Academic. En algunos de sus capítulos revisa las transformaciones a la práctica del maestro que ha generado la convergencia de los tres elementos clave de las TIC: digital, enredado y abierto.

En el octavo capítulo trata el tema relacionado con la abundancia de contenidos, como una de las consecuencias que ha significado el uso intensivo, global y móvil de las tecnologías de información y comunicación. Una abundancia que se observa en las prácticas de los alumnos y una buena cantidad de profesores.  El acceso a un documento se logra de una manera mucho más sencilla y fácil que en décadas anteriores. Aunque no toda la información el libre, parece haber caminos que hacen posible licencias de propiedad intelectual que abren la puerta al acceso gratuito de la información, aunque aún nos falta mucho por recorrer en este ámbito.

En este contexto, es necesario plantearnos, Weller lo hace, la conveniencia de una “pedagogía de la abundancia”, es decir, imaginar una propuesta formativa que parte del hecho de la abundancia y variedad de contenidos, así como las multiplicidad de medios en que se representa.

En los planteamientos sobre comunidades de práctica (Wrenger, 1991), aprendizaje basado en problemas (Barrows y Tamblyn, 1980), constructivismo (Ionasen, 1991) y conectivismo (Siemens, 2005) podemos encontrar fundamentos para imaginar modos para trabajar con la abundancia de contenidos en un proceso formativo.

En todas esta formas que imaginemos, me parece que veremos que una de las competencias más importantes a desarrollar, para aprender en un contexto de abundancia, es la capacidad de distinguir y discernir sobre la información con la que nos vamos topando para decidir cuál es la adecuada para lo que estamos buscando; así como la capacidad para buscar y localizar la información que requerimos, determinada nuestras propias limitaciones: no podemos ni siquiera “ver” todo lo que se nos presenta.

Por otra parte, y creo que es lo más importante, consiste en imaginar los caminos para que dentro de esa abundancia podamos detenernos para rumiar de manera parsimoniosa y gozosa las cosas con las que al hacerlo, nos enriquecemos y vamos creciendo. Vale la pena recordar a San Ignacio: “ no el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente ”. En las propuestas educativas que he tenido oportunidad de conocer, y que he imaginado, veo que aunado a la participación en los medios sociales activos en la red, es imprescindible el lugar desde el que cada uno de los estudiantes y profesores se expresa: el blog; en tanto que implica un esfuerzo de organización de las ideas, de lo aprendido; y de reflexión sobre ello.