Aprender en red y en la red

           Hace un par de meses, escribí un breve texto sobre el aprendizaje en red y en la red para el equipo del Centro de Aprendizaje en Red del ITESO (que por cierto me doy cuenta que no tenemos aún nuestro sitio web). El texto lo coloqué en un documento compartido y durante este tiempo lo hemos ido modificando, los del equipo del CAR y otros buenos amigos que nos han ayudado con sus colaboraciones. Sabemos que el documento que ha quedado aún está en proceso; sin embargo vimos conveniente comenzar a trabajar con la perspectiva que en él se muestra. Lo reproduzco a continuación:

Aprender en red y en la red

           Aprendizaje en red es un significado emergente. Alude a la reflexión generada cuando caemos en la cuenta de la interacción que tenemos con otras personas mediante el uso material y simbólico de las posibilidades creadas por la existencia de una conjunción, articulada de manera peculiar, de datos, relaciones, intercambios, señales y los elementos materiales que los sirven de vehículo. El presente documento se propone describir y definir algunos de los conceptos que el grupo de académicos del Centro de Aprendizaje en Red (CAR) del ITESO utiliza para pensar, aplicar y dialogar acerca de la dimensión educativa que está en la entraña de ese significado emergente. El propósito de escribir es exponernos para dialogar, profundizar, enriquecer y modificar los supuestos y desarrollos iniciales aquí comunicados. No es un documento académico a la manera ortodoxa sino un escrito inacabado y en construcción colectiva cuyo carácter, por lo mismo, pide completarse y superarse con la ayuda sustantiva de los lectores.

Habitar

           La vida humana se entiende en la convivencia. La vida de cada uno de nosotros, nuestro mapa del mundo personal, se va haciendo en la interacción con lo otro: personas y cosas; cada encuentro (interacción, relación, distinción, etcétera) va rehaciendo este mapa; por eso, cada uno de nosotros somos en y con los otros, en y con lo otro.

           En estos encuentros vamos descubriendo aquello que creemos “más nuestro”: nuestros gustos, aquello que nos interesa, que nos mueve, a lo que nos dedicamos, lo que profesamos. Esta dedicación nos hace uno con el objeto y nos distingue; es decir, en esta dedicación vamos siendo nosotros mismos: somos lo que cuidamos, lo que cultivamos. Eso que se produce en el cuidado es aquello propio de nosotros mismos, lo que nos distingue. En el cuidado de las cosas del mundo y de nosotros mismos vamos construyendo ese entramado del mundo personal, a lo largo de la vida vamos “tejiendo” ese mapa, ese entramado; y de esta manera creamos un hábitat, una morada, un hogar, un mundo que nos resulta familiar.

           Habitar, dice Heidegger (1951), es cuidar. Por habitar, pues nos referimos al conjunto de actividades, relaciones, conexiones y procesos a través de los cuales las cosas adquieren un significado familiar, y son reconocibles en las actuaciones cotidianas como algo familiar; son también ese conjunto de actuaciones cotidianas a través de las cuales somos reconocidos. Habitar consiste en la permanente construcción de la prestancia que nos hace ser, a la vez, un yo y un nosotros.

Habitar la red

           El habitar humano se realiza entre dos habitáculos: El espacio o dimensión de lugar, el dónde se habita o se intenta construir la prestancia; y el tiempo o dimensión del cuándo habitar. Ambas dimensiones están relacionadas pues el dónde siempre se comprende desde el cuándo: ¿En cuál(es) momento(s) estoy habitando ese dónde? Y viceversa, pues el cuándo siempre requiere una ubicación. ¿Dónde estoy en este momento o momentos, habitando?  Esta relación de ambas dimensiones está afectada por lo, hasta hoy, irrepetible o irreversible del tiempo. El tiempo en esencia pasa y no vuelve a pasar.

           Son las configuraciones de espacio y tiempo que construimos o creamos al habitar y (al interactuar, interrelacionarnos, intercambiar) al ir decidiendo ser lo que vamos siendo, eso  que hace habitable el habitar. Son configuraciones cambiantes por la edad, la época, la cultura, la acción y la organización social. También y de manera impactante esas configuraciones cambian por los inventos de la creación humana, por el lenguaje, herramientas y artefactos creados para la comunicación. Es el caso, para nuestro tema, de la invención de la red internet, que implanta nuevas configuraciones sobre nuestra, acostumbrada hasta entonces, noción de espacio y, en consecuencia, de tiempo. Los cambios son muchos. Por ejemplo: El modo de  buscar información, la creación de la propia identidad en la red, la amplificación de lo dicho por cada quien, la copresencia,  la producción y difusión de lo propio en diversos formatos, la configuración mediática de la agenda, la movilidad y la ubicuidad.

           Frente a estos cambios, es impresionante la actualidad de lo dicho por Heidegger hace 60 años:

“La auténtica penuria del habitar reside en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar; de que tienen que aprender primero a habitar. Pero, ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mismos, llevar el hábitat a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar[1].”

Aprender

            La verdad con la que actuamos y organizamos nuestro hacer es una construcción colectiva. El conocimiento requiere de una comunidad que lo valide y se pueda replicar por cualquier persona. El conocimiento es un fenómeno emergente de la red de humanos y no humanos habitantes del mundo. El conocimiento no está en la mente de las personas ni en lugares estancos del mundo, sino en los flujos, las conexiones y, en general, en el conjunto de relaciones que constituyen las diversas redes del mundo.

            Aprender, como el proceso de generación de la capacidad humana para comprender e incidir en nuestra realidad siempre ha ocurrido en red, con otros. No hay aprendizaje que no sea en red. Aprender implica una capacidad humana con la cual nos enfrentamos a la realidad. Los eventos que componen el aprendizaje o acto resultado de aprender aun es un misterio. No obstante, el conocimiento del aprendizaje ha logrado establecer algunas notas constitutivas, sin todavía ser capaz de dar cuenta de todos los matices del proceso implicado en la constitución de tales notas.

Las personas aprendemos cuando experimentamos. Reconocemos sensaciones, les damos nombre, las distinguimos, reconocemos lo que producen, etc.  Por ejemplo, tenemos la sensación interna a la cual nombramos hambre. Comemos, bebemos, nos sentimos satisfechos pues la sensación interna de hambre desaparece, y reconocemos que comer y beber nos produce una sensación que llamamos placidez; al fin, reconocemos que ciertos alimentos y bebidas nos satisfacen mejor el hambre o nos producen mayor placer. Así, aprendemos cuáles alimentos y bebidas vamos a preferir y por qué. Aprendemos a comer.

También aprendemos, y quizá con mayor profundidad, en la interacción con otras personas, pues las experiencias de otros y lo aprendido por esos otros, nos puede suscitar lo mismo que las experiencias propias.

El aprendizaje más complejo sucede cuando conocemos, cuando hacemos acto la intención de acceder al conocimiento, ese que se ha producido y validado por el conjunto de relaciones de los humanos entre sí y con su hábitat. El aprendizaje resulta en la capacidad de aplicar el conocimiento, traducirlo en un saber hacer reflexivo  y transferible a las diferentes situaciones de la vida.

Aprender en la red Internet

Entre otras estructuras de red, hay una llamada “sin escala” que se caracteriza por un pequeño número de entidades o nodos con numerosas conexiones y un gran número de entidades o nodos con un número mucho menor de conexiones. Son redes donde hay unos pocos nodos altamente conectados y una mayoría de nodos apenas conectados. Esto genera un desbalance en cuanto a la influencia que estos nodos altamente conectados pueden ejercer en la construcción de la verdad. La sociedad red es de esta índole; es decir, que existen unas pocas entidades corporativas de comunicación con una enorme capacidad para hacer llegar a la mayoría ciertos contenidos que pueden definir, para todo un grupo social, una verdad o saber construido.

           Manuel Castells, en una presentación[2] de su libro Comunicación y Poder, dice:


“La comunicación y la información han sido los ejes del poder… la forma en que pensamos determina lo que hacemos… así es como se ejerce el poder… por eso el poder de la coerción es débil… más eficaz es controlar y manipular las mentes… nosotros somos el objeto del poder… La Internet construye redes de hipertexto multimodal… afecta lo global como lo local… El espacio público (Habermas) se ha constituido en los medios de comunicación… es un nuevo espacio donde se constituye una nueva sociedad civil… donde están las luchas por derechos concretos… ese es nuestro mundo de poder y de cambio… se trata de los que programan los medios de comunicación y aquellos que reprograman las redes sociales de comunicación…

En el libro citado asegura “Así pues, el auge de la autocomunicación de masas, como llamo a las nuevas formas de comunicación en red, aumenta las oportunidades de cambio social sin definir por ello el contenido y el objeto de dicho cambio social[3].”

            Frente a este escenario, sin duda nuevo por la magnitud e influencia de los “nodos superconectados” el aprendizaje de cualquier cosa, el aprendizaje en red, requiere de procesos que inicien con la incorporación, de manera intencionada, de la diversidad de opiniones y fuentes de información, con el ánimo de facilitar “el empoderamiento de las entidades individuales y la reducción de la influencia de las entidades [superconectadas][4]”. A través de la inclusión intencionada de la diversidad será posible la construcción de la autonomía de cada una de las personas-nodo que participan en la red; siempre y cuando estas personas actúen en libertad.

            El empoderamiento individual aunado con la libertad hacen posible pensar en red; es decir, hacen posible dejarse interpelar por todo aquello que se nos presenta en nuestras experiencias de vida y que de alguna manera cuestionan nuestras creencias o conclusiones. Es una búsqueda que implica querer averiguar lo que oculta aquello que creemos cierto y nos es interpelado o cuestionado o simplemente puesto en duda. Con la información existente en la red, estas formas de encontrarnos con lo otro y lo opuesto crecen de manera inconmensurable. Nuestra capacidad para pensar y aprender en red se incrementa según el tamaño y calidad de nuestra red-nodos: interacción, apertura. No basta ese aparentemente pasivo “dejarse interpelar”, es necesario también un movimiento intencionado hacia otras personas o fuentes de información que nos ayuden a ampliar nuestro horizonte desde el cual vemos y pensamos ese algo específico. Esta búsqueda intencionada es otra de las dimensiones del pensar y aprender en red, y es en esta dimensión en la que el tamaño y calidad de la red con la que contamos se correlaciona con la calidad del saber del que somos capaces. Hay cosas que no sabemos porque nuestras conexiones no tienen acceso a ese saber. Así pues, pensar y aprender en red de manera intencionada consiste en la construcción permanente del sujeto en red, es decir, de su verdad

            Esta construcción permanente del sujeto en red contiene el aprendizaje a lo largo de la vida según sus intereses y gustos. Un aprendizaje que se asocia con la red Internet donde la abundancia parece ser su característica principal: abundancia de información, de personas, de herramientas, de artefactos, etcétera. Una abundancia que modifica la velocidad de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La abundancia y la velocidad pueden abrumarnos de tal manera que ya no sea posible percibir lo que sucede ya sea porque sucede con una rapidez mayor a nuestra capacidad de percepción (como los trucos del mago) o por no poderlos distinguir entre las muchas otras cosas de las que nos hacemos. Creemos, pues, que conviene tener asideros para navegar en medio de esa abundancia que se mueve y nos mueve a enorme velocidad. El artilugio conceptual que nos sirve de asidero en esta inmensidad creciente es el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA)[5], artilugio  que contiene:

    • Los temas que son de mi interés, que me han movido o me mueven.
    • Los problemas que en este momento tengo frente a mí y que me tienen ocupado.
    • Las tecnologías que empleo para aprender o trabajar con esos temas o problemas. Tecnologías en su sentido amplio: mecánicas, eléctricas, electrónicas, conceptuales, procedimentales, etcétera.
    • Las personas con las que mantengo alguna conversación sobre uno de esos temas, aunque sea “de vez en cuando”.
    • Las personas a las que “sigo”, es decir, a las que leo aunque no tengo contacto con ellas.
    • Los textos y otras fuentes de información que son relevantes para mí.
    • Los lugares (geoespaciales e informáticos) en los que me encuentro con esas personas (ambos tipos, que leo y con las que converso).

El APA así definido (con cierto grado de abstracción en tanto que sería un trabajo enorme detallar sus características), nos da una idea del modo en que aprendemos y, sobre todo, nos da la posibilidad de navegar en la red según nuestros propios intereses, en cada momento; implica además, una identidad clara respecto de nuestros propios gustos e intereses, y conforma de algún modo la representación de nuestra identidad en red.

Aprender en red en la red

            Para aprender a aprender en red en la red es necesario comenzar por conocer la misma red Internet: conocer sus  operaciones, herramientas, mediaciones, conexiones posibilidades y ataduras para llegar a habitarla, es decir, para hacerla nuestra y dejar que nos reconfigure.  Para habitar la red es necesario participar en ella de manera cotidiana, reconocernos en los cambios que ha formulado para el mundo de hoy y en ella aprender.

           Cuatro criterios nos permiten asegurar que este aprender en red sea lo más adecuado: autonomía, diversidad, interacción y apertura (Downes, 2005). Estos cuatro criterios pueden operarse sólo si la participación en la red se hace con familiaridad; es decir, si se habita la red en un continuo. Para ello, creemos que hay algunas operaciones básicas (que en cada momento podrán estar relacionada con ciertas herramientas): construir la identidad propia, conectarse y dialogar, gestionar la información, comunicar lo propio y hacerlo público, crear diversas narrativas y por diversos medios, producir con otros, producir a partir de lo de otros, cuidar la privacidad propia y la de otros, y actuar de manera reflexiva.

           Habitar la red es ahora una práctica cotidiana que influye en el crecimiento personal. Requiere una experiencia de participación con los criterios ya mencionados de autonomía, diversidad, interacción y apertura.

  

Documento elaborado en el Centro de Aprendizaje en Red del ITESO

Enero de 2013


[1] Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar.  Conferencia. Disponible en línea en http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

[2] Castells, Manuel (2010). Presentación de su libro Comunicación y Poder, en https://www.youtube.com/watch?v=Z2PmCEPE5iI

[3] Castells, Manuel (2009, p. 29). Comunicación y poder. Alianza Editorial. España.

[4] Downes, Stephen (2005). Introducción al conocimiento conectivo. http://es.scribd.com/doc/80792249/Stephen-Downes-Una-Introduccion-Al-Conocimiento-Conectivo

[5] También se le llama Entorno Personal de Aprendizaje (EPA) o PLE, por sus siglas en inglés. Probablemente una mejor denominación es la de Red de Aprendizaje Personal, aunque RAP ya es muy conocido y escuchado.